Tectónicas de proximidad. Reflexiones acerca de la obra de Stanton Williams

Por Oscar Brito y Lara Rettondini, En Blanco nº 24- Stanton Williams arquitectura  2010- 2018

Existe una estrecha relación entre las cualidades tectónicas y hápticas de la arquitectura, el contexto específico en el que se concibe y desarrolla y la forma en que se experimenta. Esto ciertamente se aplica a la arquitectura de hormigón visto, la cual ha pasado por complejas vicisitudes históricas, habiendo sido acogida con entusiasmo pero también evitada, deliberadamente, a lo largo del tiempo en Europa.

En el contexto del Reino Unido, el hormigón visto ha sido objeto de una considerable controversia

En el contexto del Reino Unido, el hormigón visto ha sido objeto de una considerable controversia; una especie de relación amor-odio, amor por parte de los arquitecto y odio por parte de los medios de comunicación y, en consecuencia, de la mayoría de la población. Desde sus inicios en los años de entreguerras hasta su uso extensivo en la materialización de ideales sociales y arquitectónicos de la posguerra, el hormigón visto ha sido percibido con desconfianza y frecuentemente asociado a cuestiones ideológicas y problemas técnicos por parte del público británico.

Entre 1950 y 1970, la industria de la construcción, por razones pragmáticas, hizo un uso extensivo de hormigón visto, empleando, en gran medida, sistemas prefabricados para responder a la gran demanda en el ámbito de la arquitectura residencial.

Tras una aceptación tardía, principalmente debido a su asociación con el movimiento moderno, el hormigón visto se convirtió en la opción utilizada en los proyectos públicos de reconstrucción de la posguerra, promovidos por las autoridades locales de los gobiernos de izquierda. En el período comprendido entre 1950 y 1970, la industria de la construcción, por razones pragmáticas, hizo un uso extensivo de hormigón visto, empleando, en gran medida, sistemas prefabricados para responder a la gran demanda en el ámbito de la arquitectura residencial. Los arquitectos, por su parte, intentaron explorar los aspectos más expresivos del hormigón visto, inspirados por las cualidades materiales de los trabajos recientes de personajes como Le Corbusier y Louis Kahn. Este es el momento en que el Brutalismo se hizo popular entre una generación de jóvenes arquitectos británicos que colaboraron con el sector público local. La arquitectura del «Nuevo Brutalismo», con su honestidad material y complejidad tectónica, fue celebrada por arquitectos como por Alison y Peter Smithson como una evolución ética del modernismo, y alabada por críticos como Reyner Banham por sus cualidades estéticas.

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Aquel fue un período de intensa experimentación arquitectónica que culminó con la construcción de ambiciosos edificios de hormigón visto como por ejemplo la torre Balfron de Ernö Goldfinger (finalizada en 1967), el edificio Robin Hood Gardens de Alison y Peter Smithson (finalizado en 1972); y el conjunto residencial de Alexandra Road realizado por Neave Brown (finalizado en 1978), por nombrar algunas de las intervenciones construidas en Londres.

Esta fase histórica entusiasta y productiva fue rápidamente llevada a su fin. El uso del hormigón visto empleado en la arquitectura residencial a gran escala pronto presento una serie de problemas que han tenido consecuencias a largo plazo. En un clima nórdico como es el del Reino Unido, condiciones como el aislamiento interno deficiente, debido a puentes térmicos, y el deterioro exterior, causado por la exposición a la intemperie, afectaron muchos edificios de hormigón visto, particularmente aquellos prefabricados.

En especial este fue el caso de la vivienda social, donde la falta de una inversión pública destinada al mantenimiento exacerbó aún más los problemas de rendimiento y durabilidad del material. Como consecuencia, el hormigón visto se convirtió en sinónimo de deficiencias técnicas y la opinión pública británica se volvió cada vez más hostil a su utilización. La asociación del hormigón visto con los proyectos de vivienda social y las políticas progresistas de la reconstrucción de la posguerra (por tanto, con el estado de bienestar y la política de izquierda) fue vilipendiada por las voces conservadoras y por los medios de comunicación hasta el punto de caer, finalmente, en desgracia. Durante la década de 1980, los recortes en el gasto público supusieron el final de los programas sociales y desde entonces una serie de importantes edificios cívicos y residenciales construidos con hormigón visto han sufrido una demolición a gran escala. Esta tendencia continúa a día de hoy, estando implicados importantes edificios brutalistas como por ejemplo la Biblioteca Central de Birmingham de John Madin y el edificio de Robin Hood Gardens de los Smithsons, ambos derribados recientemente a pesar de las campañas públicas, tanto locales como nacionales, que han reivindicado su permanencia.

Biblioteca central de Birmingham

Pasaron algunas décadas hasta que el sentimiento de rechazo, que prevalecía en el público británico, en relación al hormigón visto comenzara a desvanecerse. Mientras tanto, su demonización produjo una pérdida de competencia que, por un lado, provocó una merma en la capacidad de la industria de la construcción británica para ejecutar acabados de hormigón visto y, por otro lado, en una crisis de confianza entre los arquitectos británicos, que se abstenían de usar superficies de hormigón visto en sus proyectos.

Durante varios años, el hormigón no se expuso sino que se escondió detrás de las paredes de ladrillo, cartón yeso y de otro revestimiento.

Durante varios años, el hormigón no se expuso sino que se escondió detrás de las paredes de ladrillo, cartón yeso y de otro revestimiento. No fue hasta la década de 1990 cuando el hormigón comenzó de nuevo a ser expuesto de nuevo, en parte como reacción contra los excesos estilísticos del Post-Modernismo y su tendencia a desvincular la superficie de la estructura, dando prioridad al aspecto simbólico sobre la forma arquitectónica. El lento retorno del hormigón visto fue influenciado inicialmente por la crítica de historiadores y teóricos como Kenneth Frampton y Juhani Pallasmaa, cuyo llamado a la poética estructural y sensorial desplazó el enfoque de lo escenográfico y lo movió hacia aspectos tectónicos, hápticos y experienciales de la arquitectura. Un énfasis renovado en la materialidad, junto con una consideración revisada del valor y el legado de los edificios brutalistas, volvió a poner al hormigón visto en la agenda de la arquitectura. Por consiguiente, una nueva generación de arquitectos británicos se ha visto influenciada por estas teorías y debates, siendo tangible el impacto en la práctica de muchos de ellos hoy en día.

Sin embargo, el uso contemporáneo del hormigón visto en el Reino Unido sigue siendo diferente al de otros contextos. Las preocupaciones debidas al clima, así como el estigma público todavía vigente en torno a los edificios de hormigón visto, son algunos de los problemas con los que en los arquitectos todavía deben enfrentarse aquí. Por ello, son raros los ejemplos de ambiciosas estructuras de hormigón armado con extensas superficies vistas al exteriores. En cambio, es usual encontrar hormigón visto, sutilmente utilizado, en interiores donde aparece frecuentemente en combinación con otros materiales, a menudo desempeñando un papel dominante como parte de un conjunto más grande. Es dentro de este escenario donde quisiéramos enmarcar el trabajo del estudio de arquitectura Stanton Williams con sede en Londres. Para este número de En Blanco, nos hemos reunido con sus cuatro directores Alan Stanton, Paul Williams, Patrick Richard y Gavin Henderson, y hemos seleccionado seis de sus proyectos más recientes, proyectos que pensamos son representativos de sus valores compartidos y del uso particular que hacen del hormigón visto.

El trabajo de Stanton Williams se alinea con el pensamiento arquitectónico que prioriza el aspecto ontológico de la construcción en oposición a lo representacional o escenográfico.

El trabajo de Stanton Williams se alinea con el pensamiento arquitectónico que prioriza el aspecto ontológico de la construcción en oposición a lo representacional o escenográfico. El uso de hormigón visto en proyectos como Central Saint Martins, Sainsbury Laboratory y Hackney Marshes Centre, evidencia, un énfasis en la producción de lo que Kenneth Frampton definió como “forma tectónica”. Su enfoque va claramente por encima de las aspiraciones estilísticas y más allá de las preocupaciones basadas en la mera funcionalidad; en cambio, se centra, usando las palabras de Frampton, en la «manifestación poética de la estructura». Este hecho no implica que pretendan expresar acrobacias estructurales en sus edificios; al contrario, su interés radica en el acto más sutil de producir y revelar lo que es la esencia interna de la forma arquitectónica. Es en este sentido que, en la obra de Stanton Williams, el hormigón a menudo se expone y se utiliza para articular tanto las secuencias espaciales como la cohesión entre diferentes materiales. El hormigón visto se convierte en un elemento dominante de la «sintaxis tectónica» y, por lo tanto, desempeña un papel fundamental en la conformación de la experiencia general de sus edificios.

El enfoque de Stanton Williams hacia el uso del hormigón visto se basa en la tradición moderna de la honestidad material, así como en la fascinación de los arquitectos modernos por la maleabilidad escultórica del hormigón armado. Como razona Adrian Forty, la propiedad estructural más distintiva que identificó el hormigón armado como material moderno fue su monolitismo, es decir, su capacidad para producir edificios en los que no había partes. Es precisamente el monolitismo del hormigón armado y el hecho de que permita la formación de una estructura continua, lo que impulsa a Stanton Williams a usarlo y exponerlo. Durante el proceso de diseño, ellos se inspiran en la práctica del arte contemporáneo y, en particular, en el trabajo de artistas como Eduardo Chillida y Rachel Whiteread. Esto les permite conceptualizar el hormigón escultóricamente como materia sólida que, como bloque de piedra, puede ahuecarse para crear espacio; y como forma fluida que, como líquido maleable, se puede verter y colar para capturar el espacio. La dualidad conceptual entre el espacio que se crea y el espacio que es capturado establece una relación dialéctica entre una expresión de la sustancia material y un énfasis en el espacio en sí mismo, la cual es el principio conductor que se encuentra en el centro del enfoque proyectual de Stanton Williams. Estas formas diferentes pero complementarias de construir y definir el espacio se pueden ver consistentemente, a menudo combinadas, a través de su trabajo arquitectónico. Es un enfoque que configura la forma en que usan el hormigón para articular la sintaxis tectónica de sus edificios, y que ellos usualmente describen con tres acciones escultóricas: tallar, plegar y estratificar.

La idea de tallar una forma monolítica es la analogía favorita de Stanton Williams. De hecho, es una de sus ambiciones poder «crear vacío a partir de la masa» o «crear espacio a partir de la densidad». Para lograr esto, hacen énfasis en las cualidades telúricas del hormigón armado, mediante las cuales el espacio debe percibirse como si hubiera sido tallado a partir de un bloque sólido. Este enfoque se hace evidente en el Sainsbury Laboratory, donde una teselación de placas tectónicas se inserta como un relieve abstracto en el paisaje de los Jardines Botánicos de la Universidad de Cambridge. También se materializa en el Musée d’arts de Nantes, donde un grueso recipiente de hormigón armado visto articula los espacios, literalmente excavados bajo los cimientos masivos de la antigua estructura. Y se manifiesta en el Hackney Marshes Centre, donde un interior robusto de hormigón visto aparece como si fuera cincelado por el flujo de jugadores de fútbol que se mueven a través de él.
Plegar una superficie flexible es una idea que Stanton Williams usa estratégicamente para definir y articular jerarquías espaciales. Sus edificios a menudo presentan tramos continuos de hormigón vertido in situ que al doblarse, girar y expandirse se convierten en los elementos principales que ordenan la composición arquitectónica. En proyectos como Central Saint Martins, Sainsbury Laboratory, Cambridge Judge Business School y Britten-Pears Archive, el hormigón armado es extendido a lo largo de los edificios como una especie de materia flexible que se pliega, cuelga y proyecta, para generar secuencias espaciales complejas. En el caso de Central Saint Martins, la elasticidad del hormigón armado se empuja aún más para obtener efectos atrevidos, colgando grandes muros y voladizos que entrelazan las áreas internas y las externas.
El método de estratificar materiales es el más evidente en el trabajo de Stanton Williams. Para obtener un conjunto cohesivo, combinan el hormigón visto con un estrato cuidadosamente seleccionado de materiales «nobles», incluida la piedra, como en el Sainsbury Laboratory, o la madera, como en el Britten-Pears Archive. Esta considerada yuxtaposición les permite establecer un serio diálogo entre los materiales, el cual mejora sus cualidades inherentes, algo que el estudio indica como fundamental a la manera en la cual sus edificios son percibidos. Al tallar, plegar y estratificar, Stanton Williams tiene como objetivo intensificar la producción de una experiencia tectónica en múltiples escalas, que va desde una conciencia general de la totalidad hasta una apreciación más cercana de los detalles y los acabados. Y es precisamente este hecho lo que finalmente revela la relación fenomenológica entre cuerpo, espacio y construcción, donde la experiencia humana en arquitectura está mediada por la tectónica de la proximidad.