Nueva extensión del museo de Bellas Artes de Asturias por Francisco Mangado

La extensión del Museo de Bellas Artes de Asturias es probablemente una obra singular dentro de la trayectoria de Patxi Mangado, trayectoria que a su vez está conformada por una serie de proyectos y obras en su mayoría de carácter singular.

No se trata de una diferencia en cuanto a los mecanismos de proyecto o los materiales, sino de cómo los mismos se aplican a una situación tan particular por el hecho de intervenir sobre una realidad construida especialmente compleja.

Desde el núcleo original del renacentista Palacio Velarde y la llamada Casa Oviedo-Portal, se fueron adquiriendo las edificaciones adyacentes, construidas en épocas diversas, todas ellas con plantas estrechas y de gran profundidad poco apropiadas para el ámbito museístico, pero que conformaban una parte de la memoria ambiental colectiva de la ciudad histórica de Oviedo.

La conservación de las fachadas, de un conjunto de edificaciones que conforman la mayor parte de una manzana del centro histórico, ha conllevado la necesidad de establecer otro tipo de conexiones entre los elementos y los espacios que constituyen el edificio; la compresión impuesta por la realidad existente ha propiciado relaciones más tensas, más verticales, en alguna medida más complejas pero al mismo tiempo más sutiles.

Decía recientemente Patxi en una conferencia que no era capaz de trabajar sin el espesor suficiente de fachada[1]. Esta situación viene dada como condición a priori en este proyecto, por la conservación de los elementos, por la superposición de lo nuevo y lo antiguo, pero además por la voluntad y la manera de hacer frente a esas necesidades desde las decisiones tomadas. Y una de las claves sin duda es la colocación de la escalera del edificio en paralelo a la calle otorgando aún más espesor a la secuencia entre interior y exterior: el telón urbano exterior recuperado, la fachada vítrea del nuevo volumen, el espacio de comunicación vertical y una fachada interior abierta a la escalera del museo. Esta secuencia, este espesor complejo, abre una multiplicidad de relaciones visuales, espaciales y temporales que están magníficamente resueltas desde los mecanismos geométrico- compositivos utilizados. De esa manera, intersticios, insinuaciones, visiones cruzadas y complementarias, o el juego de la siempre cambiante luz de Oviedo, aportan situaciones alternadamente potentes o sutiles tanto para el usuario como para el espectador ocasional.

La luz es la otra gran protagonista del espacio museístico, como no podía ser de otra manera. El vacío en torno al cual giran las salas de exposiciones toma la luz cenital y lateralmente para repartirla con matices diferentes a lo largo y alto de la sección del edificio. Se trata de un espacio estructurante que cumple la máxima de permitir la lectura del funcionamiento interno del espacio, tan importante en un edificio público. Y que, una vez más, abre un abanico de posibles conexiones visuales entre las distintas salas, entre los usuarios convertidos en espectadores de una secuencia anunciada, y las propias obras expuestas que ganan protagonismo en su multiplicidad de puntos de vista como referencias visuales y espaciales sobre los blancos lienzos en las que se exponen.

Por último, la luz da forma no sólo al espacio interior sino también al volumen exterior por medio de la configuración de las cubiertas de zinc plegadas a modo de secuencia de lucernarios que dialogan con el entorno circundante y, en especial, con la catedral. En este caso, la quinta fachada no lo es sólo para la contemplación cenital, sino que su perfil se asoma al espacio público como una referencia en la distancia que varía desde los diferentes puntos de vista y recorridos perimetrales.

“Damos forma a nuestros edificios y nuestros edificios nos dan forma luego”[2], y sin lugar a dudas así debe suceder con esta intervención de Patxi Mangado, que respetando la memoria colectiva de una ciudad va a ser una pieza fundamental para la construcción de la futura memoria colectiva de sus habitantes.

En breve podremos disfrutar, con el máximo desarrollo documental, de esta y otras obras recientes de Patxi Mangado en la que va a ser su segunda monografía en TC Cuadernos, y que sin duda tendrá la misma acogida entusiasta que en su momento tuvo la primera.

Fotografías: © Pedro Pegenaute
[1] Conferencia en el ámbito de la feria CEVISAMA. Valencia, 5 de febrero de 2018.
[2] “We shape our buildings and afterwards our buildings shape us”. Winston Churchill, “HOUSE OF COMMONS REBUILDING”, HC Deb 28 October 1943 vol 393 cc403-73.

