Arquitectura y razón poética

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Una conversación con Elisa Valero

Por José Ramón López Yeste,

“Si el hombre no cerrara alguna vez soberamente los ojos acabaría por
no ver aquello que es importante que sea mirado”
René Char

La lectura de tu producción arquitectónica nos conduce a un universo en el que rigor y precisión explican la razón de ser de cada una de tus intervenciones, lo que se traduce en una suma de objetos precisos, gobernados por leyes concretas. Dado ese carácter individual que transmite cada una de tus obras, se puede llegar a pensar en un planteamiento casi artesanal de tu trabajo.

Cada una de mis obras adquiere ese carácter singular por la pertenencia a un lugar en el sentido amplio de la palabra, un lugar geográfico y cultural, por responder a un programa concreto y a un cliente muchas veces conocido. Cada obra se configura en un universo propio y por lo tanto no hay respuestas predeterminadas en mi trabajo. Ante cualquier proyecto actúo con la misma actitud de escucha, acercándome a los lugares atenta a descubrir en ellos las claves para la actuación y así encontrar la mejor respuesta posible, la respuesta precisa en cada propuesta. Confío en la capacidad del proyecto de desplegar su fuerza aprovechando las condiciones dadas, incluso las aparentemente desfavorables.

En palabras de Carlos Martí, “…cuando se opera en el terreno de la abstracción, lo más difícil es dar con lo esencial sin hacer simplificaciones: concediendo espacio a la vida en toda su riqueza y complejidad…”. Tu has escrito y hablas de la abstracción en la arquitectura como aportación de la contemporaneidad. ¿Cómo está presente en tu obra?

Me interesa la arquitectura abstracta porque entiendo que es aquella en la que la forma es la materialización de un orden interno, no solo una composición plásticamente resuelta. La elección de los materiales y los colores responden a la búsqueda de la adecuación funcional y técnica siguiendo criterios de racionalidad y economía de medios. Lo cual no quiere decir que no preste atención a ese algo más que hace que la arquitectura no sea solo construcción. En definitiva la abstracción en arquitectura no es un lenguaje sino una constante transición hacia la desnudez.

Esa cercanía al destinatario permite apreciar que, en tu caso, la arquitectura ha extendido sus dominios al mundo de lo cotidiano. Se constata, por ejemplo, en el cuidado cruce de perspectivas en torno al patio de la Casa San Isidro, y en la proximidad y disfrute del jardín de albero para los niños en la Guardería Municipal en Mondragones. ¿estás de acuerdo en que esa voluntad de servir no acota sino que amplia los límites de la arquitectura?

Guardería y Comedor Municipal en el Antiguo Cuartel Militar de los Mondragones. Granada

Guardería y Comedor Municipal en el Antiguo Cuartel Militar de los Mondragones. Granada

Aunque hablar de servicio está poco de moda, entiendo que el trabajo del arquitecto es por antonomasia un servicio para hacer más amable la vida de las personas. Noble oficio que procura hacer un mundo más bello, más humano, una sociedad más justa. La arquitectura no es tarea para nostálgicos sino para rebeldes.

En esa búsqueda de lo esencial, te has referido a la importancia que para el arquitecto tiene la capacidad de adquirir oficio ¿Crees que la experiencia se adquiere únicamente con la acumulación de obra construida?, o ¿se puede actuar, como parece que dejas ver en tu libro “Ocio peligroso” de un modo reflexivo y adecuar la práctica “a priori” a las posibilidades de todo tipo que acontecen en cada proyecto y circunstancia, con el fin de lograr una adecuada definición del proyecto?

Por supuesto, la memoria juega un papel importante en el proceso creativo. Dedico mucho tiempo a buscar la forma de hacer las cosas de la manera más sencilla posible, sin renunciar a la complejidad propia de la arquitectura. Procuro resolver los problemas minimizándolos. Y para ello, la experiencia, es importante cuando nos permite aprender de los errores y seguir avanzando hasta encontrar algún regalo inmerecido. A veces esta búsqueda que no se conforma con los caminos conocidos se convierte en una lucha cuerpo a cuerpo con la arquitectura.

En tus obras se aprecia un meticuloso cuidado de la luz y las condiciones ambientales del proyecto. ¿Supone este tratamiento una adopción consciente de las características propias de la arquitectura mediterránea?

No hay una adopción consciente, mis raíces son mediterráneas y es natural que lo sean también mis obras. Al fin y al cabo la arquitectura es una expresión más de la cultura que le es propia.

La luz tratada como uno más de los materiales puestos en obra, ¿es por sí sola capaz de cualificar una obra? No me refiero a espacios concretos de una intervención sino a la intervención en sí misma, es decir, pasar de ser una parte adjetiva a formalizar la parte sustantiva de una actuación.

La luz es protagonista de todas mis obras, condición sine qua non de mi trabajo es procurar una buena luz. A través de ella se cualifica el espacio y debe adecuarse a su uso sin olvidar que somos seres fototrópicos que nos orientamos por la luz. Implícitamente también el color está presente porque son inseparables, entre ambas realidades existe una clara relación física, perceptiva y psicológica.

La atención a las condiciones de confort, en coherencia con lo expuesto anteriormente, adquiere un papel significativo en tu obra, que se evidencia en las variadas estrategias bioclimáticas que proyectas para tus edificios. ¿opinas que necesariamente se trata de un nuevo aspecto a incorporar en el proyecto?

Vivienda Bioclimática en Casco Antiguo de Granada

Vivienda Bioclimática en Casco Antiguo de Granada

Entiendo lo bioclimático como la optimización de los recursos naturales, y eso no es nuevo, lo que pasa es que se ha invertido la relación del hombre con la naturaleza. Hasta hace muy poco el hombre trataba de defenderse de ella pero ahora por primera vez, después de un siglo XX que se caracterizó por una exaltación de la técnica y un optimismo ilimitado sobre el domino de la ciencia, nos damos cuenta de que somos capaces de destruir un planeta del que dependemos.

Con obra construida en las distintas geografías peninsulares, ¿cómo atiendes a los condicionantes de lugar, hábitos constructivos y economía de medios? ¿Se adapta fácilmente una arquitectura decididamente moderna como la tuya a los diferentes condicionantes vernáculos?

La arquitectura vernácula tiene la prodigiosa capacidad de sorprendernos y regalarnos lecciones magistrales de arquitectura. Mientras los arquitectos buscamos los sistemas más complejos de filtros, celosías y trasparencias, la sabiduría popular nos regala soluciones de una belleza y simplicidad exquisita. Quizás tuviera razón Saint-Exupery al decir que la perfección del invento radica en la ausencia de invención. Este cierre en un corral de Alameda, reiteradamente encalado hasta integrar malla y muro sin solución de continuidad nos hace sonreír al descubrir la poesía de lo cotidiano y la profunda carga de contemporaneidad de las construcciones populares, que por no pertenecer a un tiempo no pueden perder su vigencia.

Tu arquitectura presenta un fuerte contraste entre los exteriores austeros y un rico y complejo sistema de relaciones espaciales interior. ¿Puedes comentar el origen de este modo dual de resolver tus edificios?

Ese contraste está presente en toda la arquitectura tradicional mediterránea, véase el caso de los carmenes granadinos, o de la Alhambra, muros ciegos al exterior e interiores ricos. En un momento cultural en que la densidad del ruido es enorme apuesto por la arquitectura que actúa en silencio, serenamente, sin llamar la atención, que habitualmente es más grande por dentro que por fuera porque no pretende exponer nada ni aparentar nada sino ser lo que es. Arquitectura para ser vivida.

Quizás el entorno próximo condiciona en cierta medida la ideación del proyecto. Pero igualmente la obra ejecutada interviene en el carácter de la nueva realidad que define.
Podemos apreciarlo en el final de perspectiva que la Casa San Isidro aporta a un extremo de la C/ San Juan Baja. ¿Qué límites te planteas en tus intervenciones?

No me planteo límites. Acepto los condicionantes de la arquitectura como las reglas de un juego muy serio y divertido y procuro jugarlo con coherencia y rigor.

La intervención en el Patrimonio la tienes presente desde el inicio de tu ejercicio profesional. ¿Cómo crees que debe abordarse? ¿Puede ser el origen de ese carácter individual que se aprecia en tus obras?

En las intervenciones en el patrimonio las reglas del juego muchas veces son más complejas que en la obra nueva. Poner en valor lo preexistente exige una mayor atención, un respeto hacia la memoria de la ciudad, hacia la propia historia que implica a la vez un compromiso con la sociedad y la contemporaneidad. Me interesa la arquitectura enraizada en la tierra y en su propio tiempo.

En relación con tu primera intervención en el casco histórico de Granada ¿piensas que se debe cambiar el enfoque en la mirada conforme a la escala de la intervención?

Imagino que al igual que la retina de forma instintiva se acomoda para enfocar, así nos adaptamos desde la arquitectura a resolver problemas de diversa escala. La actitud es la misma, se trata de la adecuación de las partes al todo buscando el orden adecuado. No creo que la dificultad de la arquitectura estribe en su tamaño ni en la falta de medios.

En alguna de tus obras me consta la colaboración con artistas plásticos como es el caso de Eduardo Barco en la Ciudad de la Justicia de Granada, ¿Estimas adecuada esta colaboración en el campo arquitectónico? ¿Qué objetivos persigues con ello?

Mi vinculación al mundo del arte comienza en mi infancia y es connatural en mi trabajo la interacción con otras artes. Mi madre era pintora. A través de su mirada intensa y su paleta descubrí el mundo. Como suele ocurrir con los verdaderos artistas ella era una caja de resonancia de la belleza, capaz de descubrirla y transformar la materia, de irradiarla en sus obras.
Las colaboraciones de la arquitectura con las artes plásticas suelen ser muy enriquecedoras porque implican no una mera superposición sino la creación de composiciones de una complejidad superior. Cuando la relación es acertada el resultado es siempre algo más, un tercium quid fruto de esa sinergia. La experiencia de trabajar con Eduardo Barco en los juzgados de la Caleta y con Joaquín Peña Toro en la guardería de los Mondragones ha sido magnífica.

Hablamos de aprender con la mirada, de poner nuestra atención en ella para permitirnos ver lo que no resulta evidente, de encontrar el orden de las cosas según su propia estructura visual. En tu labor docente ¿cómo implicas al alumno en esa búsqueda?

No sé como se enseña a hacer arquitectura, me parece más bien que el reto de una escuela de arquitectura es que los alumnos se formen como arquitectos y para ello sin duda la mirada juega un papel esencial. Aprender a mirar es una tarea que no acaba nunca, es no dejar de sorprendernos al descubrir la belleza que puede estar contenida en lo mínimo y las posibilidades libres que implica la creación. Quizás la pasión por la arquitectura se contagia cuando describimos lo que vemos al contemplar una buena obra, cuando se comparte la inquietud ante el proceso creativo.

En numerosas ocasiones gustas de definir tu estudio como un laboratorio, un lugar de ensayo. ¿Puedes acercar al lector a esa práctica que desarrolláis tú y tu equipo?

Me preguntas por la filosofía de mi estudio. Creo que la arquitectura no puede prescindir de ese algo sutil, intangible, que la convierte en arte y que surge de la paradójica e intensa conexión entre la libertad del creador y el compromiso de quien sirve. Es decir, debe asumir las ataduras del oficio sin renunciar a la belleza de la danza.
Me interesa la vivienda, el paisaje, la sostenibilidad, la precisión y la economía de recursos expresivos. No me interesan las modas. Me interesa más los libros que las revistas, la constancia que la genialidad, la coherencia que la composición artística, y entiendo la originalidad como el redescubrimiento del genuino sentido de las cosas.
Tengo la suerte de estar rodeada de amigos de los que aprendo mucho y no solo de arquitectura, también de música, cine, arte contemporáneo, literatura, disciplinas que forman un sistema de vasos comunicantes y de alguna manera revierten en la propia obra…
Trabajo apasionadamente.

 

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