Carlos Martí: Atando Cabos… (VI)

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Desde Brasil p.2

Carles Martí Arís y yo

Edson Mahfuz, Noviembre de 2020

La primera vez que supe de Carles Martí Arís fue a través de una reseña de su libro Las variaciones de la identidad en la revista española El Croquis. Eso debe haber sido en 1993. Estaba tan interesado que le pregunté a mi amigo Josep Maria Montaner cómo podía obtener el libro (no debemos olvidar que comprar libros en Brasil en ese momento no era tan fácil como lo es ahora; Amazon todavía estaba en sus inicios y no había librerías vendiendo en línea).

En lugar de enviarme el nombre de una librería, Montaner le entregó mi carta a Carles, quien inmediatamente me envió una copia del libro. Fue el comienzo de una serie de actitudes generosas hacia mí.

Leí el libro y me encantó, porque me pareció excelente la manera de explicar el tema de la tipología en la arquitectura, que ya habían abordado personas como Argan, Colqhoun, Rossi y Moneo. Quizás lo que hizo que el libro fuera tan interesante fue tratar el tema desde el punto de vista del diseñador y llevar la discusión al campo de la arquitectura moderna. Hasta hoy, para mí, no se ha escrito nada mejor sobre el tema.

Le envié una carta a Carles (el correo electrónico acababa de estar disponible para todos y pocos lo usaban) comentando con entusiasmo mis opiniones sobre el libro, a lo que él me respondió de la misma manera. Así inició una larga amistad y una fructífera correspondencia que solamente se vio interrumpida por su enfermedad.

En 1996 logré traerlo a Porto Alegre como invitado en un seminario del Programa de Investigación y Posgrado en Arquitectura (PROPAR) de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, del cual yo era coordinador en este momento. Nos quedamos encantados con su erudición y, al mismo tiempo, con la simplicidad con la que explicaba cualquier tema. En esta visita, aprendí de él que usar un puntero láser en las correcciones del taller funcionaba muy bien (nadie lo usaba por aquí) y nunca dejé de tener uno y usarlo en mis clases.

Poco después fui invitado por Ignasi Solá-Morales (otro buen amigo catalán) para participar en un jurado de doctorado en la ETSAB, que tuvo lugar en febrero de 2000. ¡Mi primera visita a Barcelona! ¡Inolvidable! La invitación me permitió conocer la ciudad que había estado estudiando durante años y cuya arquitectura contemporánea admiraba. Estaba atento a las novedades de la arquitectura española a través de las revistas El Croquis, Quaderns y Arquitectura Madrid, de las cuales era un ávido lector y asiduo suscriptor.

Tan pronto Carles supo de mi llegada a Barcelona, me invitó a quedarme en un piso que tenía frente del edificio donde vivía, en la Gran Vía, donde también estaba la oficina que compartía con el arquitecto Antonio Armesto, que me presentó y que pronto se convirtió en otro gran amigo.

Durante esta visita, Carles fue generoso y mostró una gran amabilidad, comenzando por ir al aeropuerto a recibirme (y también a acompañarme cuando regresé a Brasil). Me presentó a su familia (las queridas Maribel, Clara y Helena) y a su perro. Me llevó a conocer edificios y rincones de Barcelona que le gustaban, como el Monasterio de Pedralbes, así como restaurantes de comida típica (me acuerdo de El Asador de Aranda, donde se comía una carne excepcional).

Carles intentaba hacer realidad cualquier cosa hacia la cual mostrara interés, como ir a un partido del Barça consiguiendo unas entradas, o presentarme al arquitecto Helio Piñón, de quien admiraba textos y proyectos. Inmediatamente organizó una comida con él y fue el comienzo de una larga y duradera amistad.

Después de esa primera visita, volví a Barcelona muchas veces, invitado en casa de Helio y de Teresa y siguiendo, como de costumbre, con reuniones y encuentros siempre interesantes con Carles. Recuerdo los paseos que hicimos juntos: el viaje a Girona, un almuerzo en Sitges o la oportunidad de ver las ruinas del Mercado del Born tan pronto como se descubrieron.

La generosidad de Carles hacía mí se manifestó no solo en su disposición a presentarme a personas cuya compañía pensó que disfrutaría, como Antonio o Helio, sino también en introducirme en el mundo académico de Barcelona, ​​proponiendo que fuera codirector de algunas tesis de estudiantes sudamericanos y miembro del consejo editorial de la revista DPA, de la cual fue el gran inspirador.

Intenté varias veces volver a invitar a Carles a Porto Alegre, pero él siempre se negó, hasta que decidió contarme de su problema de salud, que le hacía temer hacer viajes largos. Supongo que su salud también le impidió aceptar otras invitaciones que le llegaban de esta parte del mundo. Fue una gran pérdida para todos nosotros.

Carles estaba muy interesado en la arquitectura latinoamericana y su forma de difundirla fue entre otras, dirigir varias tesis doctorales, ayudar en su divulgación promoviendo publicaciones en varios medios, sobre todo en la revista DPA, como fue el caso del número monográfico sobre Affonso Reidy, o también escribir ocasionalmente él mismo sobre la arquitectura hecha en Sudamérica.

Es difícil decir qué aprendí exactamente de Carles. Podría mencionar tantas cosas, no solo lo que leí, sino también lo que hablamos en el metro o comiendo tapas. Desde que supo de mi afición a la literatura no dejó de recomendarme buenos libros de todo tipo. De quienes sí aprendí mucho fue de Carles Martí Arís así como de amigos que el me presentó como Antonio Armesto o Helio Piñón. Antes de 2000 mi comprensión y aproximación hacía la arquitectura era bastante diferente respecto a la que es hoy y puedo decir con convicción que mi aprendizaje se debe en parte al intercambio mantenido con ellos desde entonces.

Tal vez porque este intercambio de ideas se llevó a cabo y se hizo más profundo por la manera discreta y amable de parte de Carles de tratar a todas las personas por igual, por ser tan generoso con aquellos que lo merecen y por no actuar nunca de manera soberbia con aquellos que no tenían su mismo conocimiento o capacidad de articulación.

La muerte de mi amigo Carles ha sido una gran pérdida, y para todos aquellos que lo hemos apreciado como pensador y como persona no es un lugar común. Con su fallecimiento, se ha creado un vacío imposible de llenar que solo la relectura de sus textos y el recuerdo de su compañía ayudará a minimizar.

Edson Mahfuz

Profesor Titular. Universidade Federal do Rio Grande do Sul. Porto Alegre, Brasil

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