“Hacer arquitectura es duro, porque se trata de resolver problemas de una manera diferente”
L.C.
Hace ya varios años conocí a Joao Alvaro Rocha, el encuentro fue en la escuela de Arquitectura de Pamplona donde ambos hemos dado clase de proyectos en muchas ocasiones. Aquella vez asistí como invitado a un jury intermedio de quinto curso. Desde el primer momento me impresionó y me fascinó su aparente facilidad de dar con los puntos clave del proyecto, y transmitirlos con fluidez y claridad al alumno.

Rocha, habla plácidamente, despacio, sosegadamente,….. cada juicio que emite está lleno de sugerencias hacia nuevos caminos no ensayados por el alumno. Todo ello, hecho con un inmenso respeto por el trabajo realizado, que siempre intentará reconducir para conseguir una mayor coherencia entre las partes y la idea general. Joâo Álvaro Rocha es un arquitecto al que le interesan todos los procesos vinculados a la generación del proyecto. Desde la transmisión del conocimiento en el mundo abstracto de las ideas, a la verificación de la interpretación, siempre personal, que él hace de este conocimiento, y que impregna todo el discurso. La construcción del propio proyecto, no será más que la verificación de esta realidad. De la misma forma operará en la ejecución de la obra. Proyecto y obra, son desde esta posición, realidades superpuestas que dan coherencia a todo el proceso.
A lo largo del tiempo he tenido la suerte de estar al lado de Rocha en diversas correcciones de proyectos, alguna de ellas con mis alumnos barceloneses. Siempre me ha impresionado la atmósfera que es capaz de crear entre los asistentes. Penetra en sus proyectos hasta apropiárselos, y una vez reconocidos, entonces aparece el gran docente que es Rocha, y a medida que propone interrogantes, al proyecto, al alumno y a sí mismo, llegan las dudas, las incertidumbres, y entonces solo entonces, se vislumbran nuevos caminos y se desvelan sugerencias. Él sigue reflexionando, sin levantar la voz, buscando como encontrar la estructura interna del proyecto, pausadamente, con sabiduría. Habla de la estructura, y de su orden, de la disciplina del rigor, de la coherencia entre las partes y el todo………. y sigue hablando del valor del vacío y de la luz, de la dimensión y la escala de las cosas y sus relaciones, habla de la proporción y de la historia. Pone ejemplos que confirman lo que está diciendo y de vez en cuando dibuja, con trazo grueso y seguro. Da gusto contemplar a los alumnos, mientras Joâo habla. Todos atentos, sin pestañear, casi abducidos por sus reflexiones. Y sigue hablando y dibujando, explicando la importancia de la construcción, de los materiales y de sus encuentros, de las carpinterías, de la habilidad de los artesanos……. de las fachadas y las cubiertas.
Y todo ello, transmitido sin solemnidad y algún silencio.
Un viejo arquitecto, me dijo que la Arquitectura no se enseña, que la Arquitectura se aprende.
No creo que esta afirmación se pueda aplicar al sistema pedagógico que Joâo imparte en sus clases.
Joâo Álvaro Rocha, es un gran docente, un gran transmisor de conocimientos y experiencias que potencia a un gran arquitecto. No existe diferencia entre lo que dice y lo que hace. Proyectar y enseñar es lo mismo, una manera personal y muy particular de entender no solo la Arquitectura sino el mundo, todo lo que le rodea, su propia vida, sus amigos, su entorno,………… todo está lleno de esta coherencia que es capaz de impregnarlo todo y a todos.
Me gustaría decir, sin temor a equivocarme, que toda la magnífica trayectoria de Rocha como arquitecto y como docente lo convierten sin ninguna duda en un Maestro en el sentido más elevado del término.
Rocha trabajó con Jorge Guimarães Gigante que fue un arquitecto de referencia en Portugal de gran carácter pedagógico y muy conectado al mundo de la construcción. El mismo Joao explica, que su formación como arquitecto se hizo más desde su paso por el estudio de Gigante que propiamente en la escuela de Oporto, donde fue alumno, uno de los alumnos que tuvo a Siza como profesor de construcción en el quinto curso. De toda esta formación y de su personal manera de interpretar el conocimiento de la realidad, podríamos concluir que busca la Precisión en cada faceta que ejerce, ya sea la arquitectura, la docencia o el diseño de objetos. Intenta identificar cual es el problema y se enfrenta a él, tantas veces como sea preciso. Es una auténtica actitud intelectual que nada tiene que ver con apriorismos ligados a la génesis formal del proyecto. Esta actitud persistente es la que logrará la trabazón entre todas las partes, desde las más generales y conceptuales a los detalles más específicos a lo largo de todo el dilatado proceso proyectual.
He tenido la satisfacción de trabajar en dos ocasiones junto a él, en dos proyectos que se publican en TC Cuadernos nº 114/115. La sede del Centro de Museos Estatales en Madrid y el nuevo Hospital de la Pólice de Yaundé en Camerún.
La intensidad y la profundidad con la que se han ejecutado los dos proyectos, da a entender el enorme grado de compromiso para con esta Precisión que mencionaba. Esta actitud que siempre va acompañada de un alto grado de experimentación, y que se transmitirá en todas las fases del proyecto, desde las primeras y titubeantes decisiones del encaje en el lugar, hasta en los detalles de las carpinterías. Todo tendrá la misma importancia. Todo se hace coherente y nada puede disociarse.
En el caso de las Colecciones de los Museos Estatales la idea de ampliar hacia abajo para liberar el espacio central del edificio de Corrales y Molezún, fue el inicio de toda una serie de investigaciones que recorrerán la estructura, la construcción y los acondicionamientos. El enunciado: “Un archivo no es un almacén”. Será la idea básica en donde se apoyará el proyecto.
En el caso del Hospital de Camerún, se establecieron unos códigos de orden, estructurales, distributivos, funcionales y técnicos, para que fuesen posibles todas las más que seguras transformaciones, y además se consiguió un alto grado de atención a los usuarios, a las personas, investigando relaciones adecuadas entre el interior y el exterior en el trópico. El espacio intermedio será otro de los protagonistas del trabajo.
El primer paso, consiste en identificar los problemas, una vez conocidos o intuidos, se trata de operar con el máximo criterio de coherencia, orden, experimentación e investigación. Y todo ello dentro del propio proceso proyectual. Como un camino de superación, llegando incluso a la máxima visualización del detalle, para que nada quede fuera de control. Aquí no hay marcas, ni lenguajes, ni tendencias, aquí nada se plantea a priori, hay un trabajo enorme, revisado y vuelto a revisar las veces que hace falta para llegar a la mejor solución, a sabiendas que desde el proyecto no podemos obtener todas las respuestas, pero, desde la superación y el trabajo sin descanso afinaremos más y más.
El lugar, el programa, la investigación y la técnica para conseguir que todo esté al servicio de una idea, de una intención. En esto reside la Precisión que da tanta relevancia a los proyectos de Rocha.
Los proyectos que se presentan en este número de TC 114/115 son una muestra excelente del grado de compromiso que el autor tiene con la Arquitectura y con la sociedad. Un Oficio y un Servicio no tan lejano al que desarrollaban sus queridos artesanos portugueses.

Algunos trabajos como la actuación en el casco antiguo de Valls -España- se enmarcan entre los excepcionales trabajos urbanos que ha desarrollado el autor a lo largo de su carrera.
En el caso de Valls, plantea en una sola actuación -un solo trazo como le gusta decir- La creación de diversos espacios públicos que conectados a los ya existentes desarrollarán un nuevo ambiente, interpretando y a la vez modificando la configuración de la estructura urbana existente. La unión de los nuevos espacios a través de un delicado intersticio, será una cualificación urbana inédita, e incrementará el diálogo para con el resto de los espacios del casco antiguo.
El proyecto distribuye dos ámbitos urbanos diferenciados, uno como extensión del equipamiento cultural y el otro enlazado con el vecino vacío existente, más doméstico. En el tránsito entre uno y otro está la razón del proyecto. La serie de viviendas ordenadas pulcramente no hacen más que dar contenido al vacio propuesto y la especial composición de fachadas y cubiertas, muy atentas a la relación y el diálogo con la arquitectura existente, no abandona en ningún momento su propia autonomía compositiva. Valls es un proyecto urbano trabajado con bisturí y desde la memoria del lugar.

Otro trabajo urbano que me gusta destacar especialmente es la Casa de Turismo de Puente de Lima. En este caso, el problema es claramente distinto y la solución también, pero el proceder intelectual es semejante. El reconocimiento y conocimiento histórico del lugar es definitivo para este proyecto. El basamento, establecerá un recorrido entre los diferentes espacios urbanos. Este basamento es esencial para preparar un nuevo lugar, pero lo hace identificándose claramente con sus vecinos, solucionando sutilmente la topografía para desarrollar una nueva plataforma con la aparición de un nuevo e impecable espacio público. Desde este ámbito y lateralmente, accederemos a la casa de Turismo que como un volumen abstracto depositado inteligentemente, abre una gran ventana hacia la lejanía. Aquí la arquitectura dialoga sin violencia con el lugar y es la poesía de Rocha la que logra que de este diálogo surja una lección nueva en la relación entre lo nuevo y lo existente.
Frampton dice que la buena arquitectura es aquella que es capaz con poco, hacer mucho. Sin lugar a duda, la casa de Turismo, sería un claro ejemplo de la definición de Frampton .
En el proyecto de Nortegolfe la relación con lo existente es muy diferente. La antigua casa es manipulada con diferentes mecanismos. Se reutilizan partes del propio edificio con usos distintos, o bien se construyen volúmenes de nueva factura, utilizando los antiguos muros como recintos o planteando una nueva volumetría exterior ligada formalmente al interior, siendo el muro existente el que actúa como frontera. El proyecto remite a la formalización mediante cajas que llenan vacios, y que manifiestan en los intersticios – una vez más- el valor del proyecto. Esta íntima relación entre la nueva arquitectura y la existente será en este trabajo un excelente ejercicio de pulcritud y audacia al mismo tiempo.
Es un edificio, que no sólo se construye a partir de la preexistencia sino que también la incorpora, haciéndola suya, apropiándosela, en una relación de doble dependencia. No es posible finalmente disociarlas. El trabajo constituye casi un manifiesto de diálogo e interacción entre dos mundos que acaban conviviendo estrechamente para perpetuar la memoria que el edificio tiene en el lugar.
En este proyecto aparece la idea de recinto un tema muy desarrollado en la arquitectura de Rocha, al igual que el basamento – el estar “entre” el cielo y la tierra, en palabras del autor-. El recinto no tiene que ser un elemento completamente cerrado, en muchas ocasiones se plantea como el estructurador de un espacio limitado, un espacio abierto, pero a la vez con cierto grado de privacidad.
He visitado algunas viviendas unifamiliares del autor, donde estos recintos están muy presentes. Son lugares extraordinarios, privados e íntimos, que no quieren ser patios cerrados, sino abiertos a otra realidad.

Esta idea se hace evidente en el complejo de educación ambiental en Maia. El proyecto se organizó mediante un eje longitudinal que nos va descubriendo en su transcurrir, diferentes estancias – en una clara referencia a las pinturas flamencas-. Cada estancia tiene un uso diferenciado y lleva asociada un recinto a veces interior a veces exterior. Esta idea primaria, tiene que ver con la intimidad, la protección y el control. Protegerse para después poder controlar el exterior.
Un percorso lineal a través de volumetrías que van deslizándose a cada lado del recorrido. En los espacios generados entre volúmenes, aparecen los recintos que a veces pertenecen al vacio y otros al lleno en forma de patios, pero siempre atentos al exterior, al parque del Castello.
Tuve la oportunidad de visitar este edificio una tarde de primavera, mientras el sol iba hacia el ocaso, y la luz rasante penetraba en los patios y teñía de dorado los muros de piedra de los recintos. La visión cruzada entre los dos exteriores, uno con luz y el otro en penumbra, las texturas de la piedra y el trazado de los pavimentos y sus distintos materiales me evocó casi violentamente, algunas tardes vividas en Lleida, mi ciudad natal, con el sol del oeste. Fueron momentos de sensibilidad y emoción. La arquitectura de Joao Alvaro Rocha no es algo evidente e inmediato, no se queda en la superficie, va más allá, además de Precisión, hay poesía y belleza.
Decía Mies que la belleza reside en la verdad. En la arquitectura de Rocha todo es verdadero.
Hablando de recintos y preexistencias, se hace necesario comentar la nueva sede de Lucio’s en Maia. El lugar, se encuentra muy condicionado por la presencia de una carretera nacional con mucho tráfico y una más que difícil convivencia con varios edificios de vivienda desconexos y un centro comercial sin ningún atractivo y de considerables dimensiones.
El nuevo edificio deberá adoptar una actitud “defensiva” en palabras del propio arquitecto, una arquitectura de resistencia, y para ello, que mejor que la creación de un recinto propio. Las diferentes alineaciones exteriores, plantean un edificio con trazas curvas, opaco en el exterior y una vez más un recinto poligonal, semi-abierto y vidriado en el interior.
Según Alvaro Siza que las cosas no se hacen torcidas o curvas porque sí, si es necesario pues se hacen torcidas o curvas, pero sólo cuando es necesario.
En este trabajo Rocha, ha tenido que hacer cosas torcidas y curvas porque era necesario. La esencia de un proyecto es lo que no se puede ver ni en las plantas, ni en las secciones, es la atmósfera, el ambiente y la luz. Lo importante de este edificio de oficinas es el confort que transmite, a la gente que trabaja allí. Dar la espalda a la carretera y al centro comercial. En este caso, el contexto sirve para hacer un proyecto de resistencia, de oposición. Se prepara todo el exterior para crear un recinto, -una vez más- un espacio semi abierto donde la vida sea cómoda y adecuada. Una arquitectura pensada para la gente. Una arquitectura llena de Oficio y de Servicio.

Hablar de los recientes proyectos de Joao Alvaro Rocha, quiere decir hablar de infraestructuras. Habitualmente las infraestructuras las realizan los ingenieros, los arquitectos la mayor parte de veces intervenimos de forma puntual o esporádica. Este no es el caso de Rocha. Actuará con la misma actitud que frente a un edificio, o un objeto.
Eduardo Souto de Moura, recibe el encargo para realizar el Metro de Oporto. Se rodea de arquitectos próximos y les encarga diversos tramos y estaciones. Joao Álvaro Rocha, vive y trabaja en Maia. Recibe el encargo de proyectar el metro a su paso por Maia, así como el diseño de las diversas estaciones.
En Maia el Metro discurre superficialmente y planteará una fluida estructura de conexión entre la ciudad y el mundo rural, un mundo rural en proceso de cambio, con todas las incongruencias que ello supone. El aprovechamiento de la estructura metropolitana que abarca la construcción del Metro podrá dotar de “otra” infraestructura capaz de trabar el territorio en el límite entre lo urbano y lo rural. Éste será el verdadero desafío. Un territorio, por otro lado fragmentado y sin capacidad de generar por si mismo espacio público articulado y coherente, y todo ello dentro de un paisaje construido de forma inconexa y sin carácter específico, se tendrá que aprovechar la presencia de esta infraestructura para dar unidad y coser en la medida de lo posible, la dispersión existente.
Esta nueva infraestructura, sirve como argumento para pensar el territorio globalmente –este es el plus que le añade un arquitecto como Rocha – . Se aprovecha pues el metro para iniciar un cambio en el modelo, a la manera de un cordón umbilical, capaz de unir los fragmentos, para construir ciudad, que será en definitiva la idea base de todo el proceso. Un trabajo en el que es necesaria una mirada global, una mirada nueva y transformadora.

El viaducto de Maia, parece un puente, pero no lo es, en todo caso es un puente sobre un río sin orillas. No es otra cosa que una conexión que une dos ámbitos, y que a la vez señala el acceso a la ciudad.
Cada parte de la infraestructura será capaz de responder a un episodio urbano diferente, y lo hará con un lenguaje personal, capaz de transmitir su presencia y su reconocimiento a lo largo de todo su trazado. Los pórticos metálicos no solamente cumplirán su función de soportes catenarios sino que dotarán al conjunto de una clara identidad técnica y formal. Así la Estación que se dispone sobre el viaducto, no es otra cosa que una parte del propio viaducto que la antecede y la precede, manteniendo todas sus referencias técnicas y funcionales para su impecable funcionamiento, pero todo ello lo consigue desde la globalidad del proyecto.
No cabe duda de la importancia de la visión del Arquitecto en todo este proceso tan excepcional. Su maestría a la hora de plantear las diversas pautas formales, técnicas, funcionales y estéticas, que lograrán en su conjunto y coherencia, transmitir una dimensión de eficacia, sencillez, sobriedad y rigor que caben dentro de la Precisión de la que ya hemos hablado.
Todo ello ocurre no solo en las estructuras de soporte general, sino también en las secundarias, así como en todos los pedazos de ciudad que con el bisturí en mano Rocha recompone los espacios que deja libre la infraestructura. Así, el tratamiento de los vacios y sus diferentes topografías, los elementos vegetales, las piezas de diseño urbano como bancos, báculos, papeleras y pavimentos son un enorme conjunto instrumental que se adapta a la coherencia del proyecto global. Hasta hacer de todo ello un todo armónico indisociable.
De igual modo actúa en el diseño de las estaciones más secundarias. La pauta de los soportes metálicos es la inductora de la nueva estación. Allí, todo vuelve a ser estudiado con los códigos establecidos. Todo está analizado y vuelto a considerar, como todos sus proyectos, las escaleras, sus despieces, las barandillas metálicas, las macizas, las luminarias, los rótulos…..todo, por pequeño que sea. No hay nada intrascendente, los dimensionados de los diferentes materiales, sus entregas, sus vacios –silencios- , la ubicación de los diferentes elementos técnicos propios de la infraestructura, como los controles, altavoces, luminarias de emergencia, dispositivos contraincendios….todo previsto y en su lugar, dibujado en planta y alzado o sección y posteriormente ejecutado en obra con idéntico rigor.
Para Rocha la transmisión de la idea, tendrá siempre la misma intensidad, da lo mismo que hablemos de un centro de investigación, una biblioteca, un auditorio, un aparcamiento o una estación de Metro. Ésta es sin duda, la gran lección que nos aporta. No hay rendición, va a por todas, y desde todas las escalas y programas. Aunque la estación sea la recuperación de un antiguo edificio, el lenguaje se mantiene. Sabremos, sin lugar a dudas, que nos hallamos en la misma obra, porque todas las partes encajan en la totalidad. Esto es lo que ocurre en la estación de Castelo de Maia.
Y así podríamos seguir aproximándonos a las diferentes estaciones y a su espacio público. Los materiales empleados, los encintados y los cambios de textura. Joao dice, que no hay tanta diferencia entre el remate de una acera exterior y un rodapié interior. Este puede ser el resumen de su coherencia.
Personalmente me siento muy próximo al proyecto del corredor ferroviario de la costa del sol en Málaga –España-, porque en el desarrollo del proyecto hay una voluntad manifiesta de introducir luz natural hasta la cota -20m. para dar luz a los andenes y a la vez las claraboyas exteriores, captadoras de luz, actuarán como linternas nocturnas. Me siento próximo porque realicé un proyecto –no construido- para la multimodal del aeropuerto de Barcelona, donde la idea principal también fue la penetración de luz hasta el subsuelo. Me atrevería a decir que este tipo de propuestas e intenciones dentro del mundo de las infraestructuras básicamente las realizan los arquitectos. De ahí que la Arquitectura debería participar activamente en el mundo de las infraestructuras. La aportación que ésta puede hacer, tanto en términos funcionales como de confort y de ambiente, los convertiría en lugares más atractivos y humanos. Solo hace falta comparar el metro de Oporto con cualquier otro Metro de otra ciudad para darse cuenta de la evidencia.
La estación de Lavradio-Barreiro. Nos remite al pasado industrial de Barreiro, a su industria pesada. Este hecho fundamental en la historia del lugar se incorporará al proyecto, preguntándose si la revolución industrial no definió una arquitectura propia, o si las estaciones del ferrocarril del XIX no fueron las grandes protagonistas de esta arquitectura.
El proyecto no quiere renunciar al patrimonio de esta memoria. Y ahí residirá la idea. Un simple envoltorio alrededor de un viaducto ferroviario. Pero una vez más aparece el Rocha arquitecto con más fuerza que nunca, y lo hará a través de una sección con una clara actitud estructural, que tendrá la capacidad de evocar la memoria del pasado, nos introduce en un espacio distinto y complejo, donde las diferentes alturas y las entradas estratégicas de luz nos conducirán a un mundo de nuevos contenidos. El envoltorio es capaz de plantear una sección que incorporará los diferentes andenes, los trenes y las marquesinas exteriores, dando cobijo al vestíbulo y las dependencias de la planta inferior. Una vez más, lo complejo de la situación se resuelve magistralmente con un trazo-sección que engloba toda la lógica estructural así como el programa funcional.
Un mundo nuevo a partir de una mirada al pasado.
El proyecto de la nueva estación intermodal de Ourense –España- , es más que una simple estación ferroviaria, donde se comparte el programa con la estación de autobuses, un hotel, un centro de convenciones…..etc. Rocha, aprovechará la ocasión para hacer ciudad. Los proyectos de Joao intentan siempre buscar una síntesis de los diferentes usos y programas, por más complicados que sean. Sólo así, logrará la coherencia que precisa su trabajo su manera de afrontar la Arquitectura. Para que esta dispersión de usos sea sintética, se hace necesario disponer de un hilo conductor en todo su discurso, una delgada línea de unión capaz de establecer una relación entre los diferentes elementos, muy difícil desde un punto de vista formal.
El resultado será un edificio sobrio, de buscada contención, tanto en el cuerpo bajo de la estación como en el alto del hotel. Este es un proyecto sin concesiones y con un control espacial muy medido.
Será en este particular mundo ascético, donde aparece flotando en una de las esquinas del vestíbulo, una figura en suspensión bajo la luz cenital. Se trata de una figura de Álvaro Siza, una enorme paloma que a través de sus alas desplegadas parece querer iniciar el vuelo. Que impresión me produjo imaginar el vestíbulo tan limpio, sobrio, y austero….y allí en una esquina bajo la luz, un lugar para el maestro y su poesía. ¡Magnifica lección!

Enlazando con la escultura de Siza y para finalizar quisiera referirme a una faceta poco conocida de Joao Álvaro Rocha, la de diseñador de muebles y objetos.
Todas estas reflexiones que llevamos hechas pueden hacerse extensivas al diseño de objetos. No existe pues diferencia en el proceso. El diseño de una infraestructura, de un edificio, de una silla, de un florero….. todo formará parte del mismo mundo, de la misma actitud. Plantear el problema, buscar la solución una y mil veces, experimentar, comprobar, volver a buscar, volver a intentar, hasta conseguirlo. Todo con Precisión y con ella volverán el rigor, la disciplina, y la búsqueda de la perfección.
Salvador Dalí decía que no debe temerse a la perfección porque jamás se consigue.
Esto ya lo sabe Rocha, pero no duda en ir aproximándose más y más para dar lo mejor de sí mismo en una entrega total.
Joao Alvaro Rocha forma ya parte de la tradición de los grandes arquitectos portugueses, Távora, Siza, Souto…una tradición que como aquellos artesanos antiguos que con su sabiduría sabían utilizar lo mejor de los materiales y la técnica para servir mejor a los fines para los que realizaban su trabajo. Oficio y Servicio, estos son los objetivos para retornar a una ética de la Arquitectura, una ética que Rocha nunca ha abandonado, y sus trabajos así nos lo demuestran.
Joao Alvaro Rocha, arquitecto, amigo. Muchas gracias por la enorme lección de seriedad, honradez y ética que contiene esta monografía.
Ramón Sanabria
por Ramón Sanabria,

