Fundación Gulbenkian en Lisboa

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Centenario del nacimiento de Ruy d’Athouguia

La reciente publicación por Graça Correia del nuevo libro dedicado a la obra arquitectónica de Ruy d’Athouguia (editado por Afrontamento, con o apoyo de la Fundación Marques da Silva), y de la presentación del nuevo documental ‘Ruy Jervis d’Athouguia – Um Moderno por descobrir‘, ambos con motivo del centenario de su nacimiento, hemos revisitado una de las obras mayores de este arquitecto en Lisboa: el museo y la sede de la fundación Calouste Gulbenkian.

Situado en el parque de Santa Gertrudes, el conjunto de edificaciones y el jardín que las acoge y que articula los espacios exteriores fue el resultado de un concurso de arquitectura organizado a finales de los años 50, y que contó con la participación de una serie de asesores del máximo nivel entre los que se encontraban Leslie Martin, Franco Albini, Francisco Keil de Amaral o Carlos Chambers Ramos entre otros.

Fueron invitados a participar en el concurso tres equipos de arquitectos portugueses, resultando ganadora de manera unánime la propuesta presentada por Alberto Pessoa, Pedro Cid y Ruy d’Athouguia, en colaboración con el arquitecto paisajista Antonio Viana Barreto.

El edificio

El edificio articula en tres volúmenes la sede de la fundación, el museo y el auditorio, conectados por la zona de exposiciones temporales. La potencia formal de los volúmenes y su contención, con una sobria elección de materiales, dan por resultado un conjunto moderno con un lenguaje claro de una gran elegancia. La base de trabajo visual la establece el hormigón visto de la estructura y los cerramientos, que en el museo se trasdosa en los paramentos verticales con un revestimiento de granito que lo diferencia del resto de los volúmenes. Los potentes voladizos con sus sombras arrojadas y las pautas y ritmos de los elementos estructurales van precisando la relación entre interior y exterior de la arquitectura. El resto de la imagen exterior queda definida por la elección de unas elegantes carpinterías de latón oxidados con vidrios ligeramente tintados.

En el interior del edificio las maderas  de diferentes tipos, los pavimentos de piedra, las alfombras y un cuidadísimo diseño de los elementos que deben recibir la exposición configuran un ambiente cálido de gran riqueza visual. Las vitrinas, los paneles, los expositores y la iluminación de cada elemento están cuidados en todos sus detalles, y pueden vincularse con soluciones museísticas y expositivas de la época, sobre todo las realizadas en Italia por Albini y por Scarpa.

El jardín

Mención aparte merece el diseño de los jardines realizado por los paisajistas Gonçalo Ribeiro Telles y Antonio Facco Viana Barreto, uno de los mejores ejemplos de jardín moderno de la península ibérica. En palabras de los propios autores, “la solución arquitectónica adoptada y la propia localización y funcionamiento de los edificios se encuentran de tal forma conectados a la mancha verde envolvente que es de la más perfecta continuidad entre espacios interiores y exteriores, de su equilibrio y armonía (…) No se trata pues de integrar sólo una edificación en un parque, ni de construir un jardín para dar servicio a un edificio. Hay que encontrar de hecho una relación total, de tal forma íntima, entre ambos elementos que componen el todo, (…) que la vida del edificio se prolongue naturalmente para las ‘salas al aire libre’ y desde estas a los interiores[1].

Los jardines, tal y como fueron ejecutados, alcanzaron completamente los objetivos recogidos en las intenciones del anteproyecto, dotando a los espacios exteriores de un delicado equilibrio entre el dinamismo visual de sus recorridos -y de las sombras que los acompañan- y los lugares de descanso y recogimiento que van aprovechando las particularidades de la vegetación con sus valores regionales y ecológicos.

Dibujo de Gonçalo Ribeiro Telles

Han pasado casi 70 años desde la creación de esta isla verde de cultura y descanso visual en el corazón de Lisboa, pero sigue manteniendo toda su vigencia arquitectónica y una vitalidad de uso que puede comprobarse en una visita un día cualquiera. Estamos ante otra prueba fehaciente de que la arquitectura de calidad es siempre intemporal, y que de los grandes maestros del pasado – algunos más conocidos, otros menos- siempre podemos obtener lecciones valiosas imperecederas, por la capacidad de traducción de sus soluciones a las necesidades de nuestro tiempo.

[1] Extracto de la memoria del anteproyecto presentado en diciembre de 1961. Recogido en: Gulbenkian, Arquitectura e Paisagem. Fundação Calouste Gulbenkian, Lisboa 2006.

Sobre el autor del artículo

Arquitecto. Director de la revista TC Cuadernos

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