Diálogo. Enric Massip: ” La audacia que vale la pena es aquella que cuesta asumir, porque es una toma de consciencia para dar un paso adelante.”

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Jaume Prat dialoga con Enric Massip- Bosch, arquitecto fundador del estudio EMBA. Juntos hacen un recorrido por la obra del estudio con motivo de la monografía que repasa la trayectoria de sus últimos diez años desde su fundación en 1990 pero también tratan temas de interés general vinculados a la arquitectura desde la óptica privilegiada del arquitecto barcelonés. Este artículo está publicado la monografía TC 121- EMBA- Enric Massip Arquitectura 2005- 2015.

JP: Cada vez que visito una obra tuya quedo descolocado: todas ellas parecen muy diferentes, pero en todas ellas te reconozco como si fuesen diferentes máscaras que cubren al arquitecto tras la obra.

EMB: Puede ser. Estoy preparando para TC un libro con escritos míos que saldrá un poco después de esta monografía. Uno de los títulos que había pensado es “Llegando desde atrás”, que es una jugada clásica del balonmano, un deporte que jugué varios años. Es la sensación que siempre he tenido con la arquitectura: llegar desde las posiciones de atrás, e intentar marcar. Pienso que la arquitectura empieza con cada arquitecto que le llega de nuevo. Pero no empieza en el vacío sino a partir de estratos anteriores, estratos históricos y estratos biográficos, y mejor ser consciente de  ellos. A partir de aquí tienes que inventarlo todo, y me gustaría hacerlo no sólo con mi trayectoria, sino con cada proyecto, sin aprioris. Quizás un resultado de esto sea la perplejidad que comentas.

Trabajo por intuición razonada. Quizás entre mis obras no hay una conexión evidente, ni un estilo en el sentido habitual de la palabra, pero hay una continuidad de preocupaciones concretas. He hecho muy pocos proyectos sin encargo, porque me interesa trabajar a partir de una necesidad y en unas condiciones determinadas. Creo que la condición de necesidad da todo el sentido a la arquitectura.

JP: He procurado, en la medida de lo que he podido, no hacer presupuestos formales respecto de tu obra. Como te digo, me llama mucho la atención su diversidad. Eres un arquitecto que no te has encasillado en un modo de hacer. Aun así, he llegado a detectar tres familias de aproximación al proyecto y un invariante formal. Una familia serían las obras que se extienden en el plano y se organizan por un elemento continuo que va vibrando. Entre ellas estaría la exposición “Fronteras” y la plaza de Leucate. Una segunda familia estaría compuesta por edificios muy horizontales que llenan el plano. El ejemplo extremo sería la cárcel de Tàrrega, pero estarían también las tres escuelas: Artés, Fontajau y Torelló, y el Parlamento de Andorra. La tercera familia serían los edificios que ocupan relativamente poca superficie en planta, más compactos. Entre ellos estarían Diagonal ZeroZero y el edificio JP, un proyecto que cada vez me interesa más.

Exposición. Exhibition "Barcelona Urban Design Experience-AMB", Shanghai 2015

Exposición. Exhibition “Barcelona Urban Design Experience-AMB”, Shanghai 2015

EMB: No lo había pensado nunca en estos términos, y lo encuentro muy sugerente. Esta clasificación que propones, en realidad, es en función de la ocupación del espacio. Una familia se relacionaría con la activación de un campo, los proyectos que decías de la exposición o de Leucate, que no los había relacionado jamás y que encuentro que es muy pertinente. También la exposición en Shanghai para el Área Metropolitana de Barcelona, que acabamos de inaugurar. Otra sería la construcción de un horizonte y la tercera sería la construcción de una presencia. Supongo que se podría pensar que algunos otros proyectos son combinaciones entre estas tres familias. El Intermarché en Riad, por ejemplo,y quizás también Andorra, donde quisimos visualizar a la vez la condición mineral del sitio y la condición inmaterial de la nueva institución democrática.

JP: Me vienen a la cabeza unos cuantos más… El invariante que he detectado en todos los proyectos es un juego, un trabajo sobre texturas y vibración que creo que tiene mucho que ver con una condición urbana o ciudadana de tus construcciones.

EMB: Me parece muy interesante que lo veas así, porque esta sí que es una opción consciente. De entrada nos planteamos todos los proyectos teniendo en cuenta

la ciudad en un sentido muy literal o en un sentido más abstracto, aunque nunca metafórico. Por tanto, nuestros proyectos quieren establecer una relación de tú a tú con la ciudad. Ni de sometimiento ni de imposición. Sí que hay una cierta tendencia, o una afinidad electiva que diría Goethe, por la que los edificios… tú dices que vibran.

A mí me gusta hablar de reverberación, sobre todo en Diagonal ZeroZero, donde es muy evidente, pero también en el complejo residencial que hemos diseñado en Taiwan. En otros proyectos es más una presencia no fija, cambiante y vibrátil. En Volpelleres, usamos la reverberación visual de las fachadas para generar una urbanidad que el lugar no tenía. Es un gesto extremo, pero a veces se deben hacer gestos exagerados para afirmar una posición. En este caso, monumentalizar la acción pública en un entorno pusilánime y generar centralidad.

Planeamiento. Planning Freiham Nord (Munich) 2011

Planeamiento. Planning Freiham Nord (Munich) 2011

Hemos trabajado siempre con proyectos muy limitados desde el punto de vista presupuestario, y casi todos para administraciones públicas. Como encargos, han sido habitualmente más finalistas que experimentales, con un programa y unas condiciones tipológicas muy determinadas, con unos modelos de referencia fijados. Esta realidad no es muy estimulante, y fosiliza en arquitectura modos sociales de operar obsoletos. Pero aun así, hemos encontrado márgenes de interpretación o manipulación. Es lo que llamo un trabajo sobre el tipo, intentando superar esta inmediatez mediocre a través de invariantes no inmediatos. Me interesa hablar de unos tipos ancestrales… básicos en el sentido literal del concepto  ‘tipo’. De conformación tectónica del espacio, sin otras consideraciones.

JP: Esto podría estar relacionado con trascender lo social. A la necesidad de ser más sencillo… no sé si hablar de simplicidad. Tengo una prevención con la palabra “simple”: a veces no se simplifica. Se descarta.

EMB: Cuanto más neutro, universal, profundo como estructura en el sentido lingüístico de la palabra, es decir, cuanto más simple sea en este sentido el tipo, más capaz será de ser apropiado, reutilizado y reincorporado en otros modos de interpretarlo y usarlo. Esto liga con la idea de una arquitectura sin atributos, sin adjetivos. Luego quizás podemos hablar sobre ella. Se puede adjetivar, pero sólo de modo temporal, no sustancial. En el caso del centro penitenciario de Tàrrega, por ejemplo, la idea básica es trascender el programa inmediato y generar un sistema de relaciones que permita, en el futuro, su reconversión y reúso. En este sentido, es un trabajo donde es son más importantes los vacíos que los llenos, invirtiendo el tipo habitual de estos edificios.

La función social de la arquitectura también tiene sus límites. La arquitectura, creo, va más allá de la sociedad que la hace. De hecho la arquitectura dura más que las personas y que las sociedades que la construyen, y muchos de nosotros habitamos espacios y construcciones hechos en otras épocas. Esto nos lleva a dos temas interesantes: el de la relación espacio-sociedad y el de la relación arquitecto-sociedad. Las mejores arquitecturas se han hecho siempre creando una cierta distancia entre los términos de estas dos relaciones. Parece evidente que Kahn o Mies no estaban muy preocupados por la sociedad de su tiempo. Estaban preocupados por una cierta idea de humanidad y de eternidad. Que, en el extremo, es un modo de preocuparse por la sociedad. Pero también otros arquitectos con un discurso menos solemne o institucional y más ligados a una sociedad concreta, como pueden ser Aldo van Eyck o Hertzberger por poner dos ejemplos holandeses de los 1960s, afrontaron la trascendencia en sus proyectos, aprendiendo de los usos sociales pero no limitándose a ellos. Me inquietan los discursos de la pequeña escala, de la pequeña intervención, de la inmediatez social, porque nos estamos creando unas condiciones de trabajo con muy poca ambición y, en realidad, a medio plazo muy poco transformadoras y muy poco sostenibles. Pero este es un discurso ahora dominante, sobre todo entre los más jóvenes.

Complejo residencial y comercial. Residential &amp (Taiwan), 2012

Complejo residencial y comercial. Residential & (Taiwan), 2012

JP: También eres profesor. ¿Cómo ves el papel de las nuevas generaciones?

EMB: Hace poco empezamos las clases. Cuando lo hacemos intento que nos conozcamos todos un poco mejor. Contamos de dónde venimos y cómo llegamos a la escuela. También les pregunto a los estudiantes cómo se imaginan a sí mismos dentro de unos años. Es un modo de iniciar un diálogo con unas personas con las que convivirás unos meses a un nivel de relación muy alto.

Ninguno de los veintidós alumnos que tengo se imaginaba trabajando en un estudio, y menos en el suyo propio. Algunos dijeron que lo habían probado y que les aburría. Muchos dijeron que se imaginaban trabajando en un país del  tercer mundo ligados a ONGs, otros dijeron que se imaginaban trabajando en un despacho extranjero. Ninguno de ellos dijo que quería ser arquitecto en el sentido clásico de la palabra. Uno incluso dijo que no quería serlo: la arquitectura le gustaba tanto como para terminar la carrera, pero no la quería ejercer. Cuando me tocó hablar a mí conté que quería ser arquitecto desde que tengo memoria. Y un arquitecto artista, dije para crear polémica. Es decir, un arquitecto responsable de sus actos de decisión creativa.

Me sorprendió mucho que ninguno tuviera esta inquietud hoy en día. Entiendo la dificultad de las nuevas generaciones no sólo para incorporarse al mercado de trabajo, sino para tener un perfil propio en este maremágnum en el que nos encontramos. Pero como mínimo deberían intentarlo, por difícil que sea. Quizás no es que no lo quieran, pero se sienten inseguros de querer ser una voz, especialmente ante la presión social de desprestigio del arquitecto. Seguramente no hemos explicado bien qué somos y para qué servimos. Pero creo que este es uno de los déficits de audacia que tenemos. Afecta a las generaciones que serán profesionales dentro de pocos años. Y no nos lo podemos permitir.

JP: Por otro lado, existe una banalización o recreación social de la audacia que la desvaloriza. Esta conversación nos lleva a pensar en el marco social en el que nos movemos.

EMB: La audacia se debe de conquistar. La audacia que vale la pena es aquella que cuesta asumir, porque es una toma de consciencia para dar un paso adelante.

Necesitamos gente que tenga el coraje de querer ser una voz. El tema es cómo es esta voz. ¿Es una voz que integra o es una voz que se produce de un modo caprichoso? ¿O, aun siendo individualista, una voz que intenta buscar un beneficio social? Creo que la relación arquitecto-sociedad es hoy en día crítica para nosotros, en diversos sentidos. Hace tiempo que me preocupa lo que podríamos llamar la legitimidad social de nuestro trabajo e intentar darle nuevas formas. En este sentido, hace un par de años que estoy codirigiendo en San Petersburgo un Master de Diseño Urbano, llamado Building The City Now y acreditado por la UPC, en el que estamos experimentando, creo que por vez primera, el diseño colaborativo e interdisciplinar aplicado al proyecto y la construcción de la ciudad. El lugar de encuentro es el taller de proyectos , y como estudiantes tenemos arquitectos, sociólogos o economistas. Todos colaboran desde su experiencia en el descubrimiento de cuáles son la preguntas importantes que el proyecto debe responder. Después, las repuestas las propone cada uno desde sus conocimientos y se ponen a prueba en una discusión cruzada con un objetivo común. Pero la idea no es diluir las propias capacidades en un cierto consenso, sino al contrario, llegar a una propuesta compartida a partir de la polarización de estas capacidades personales, que a veces van más allá de las estrictamente profesionales.

Aquí es donde el valor social de nuestro trabajo debe ser reevaluado, y para ello no hay protocolos. Es un prueba-error que se debe definir desde posiciones personales. En mi caso, después de tener una actitud antiformal durante muchos años al principio de mi carrera, más basada en el valor del contexto y de los procesos que en los resultados, ahora valoro más el hecho que los contextos cambian, los procesos desaparecen y la arquitectura, mayoritariamente, permanece. Tiene una condición persistente de la que es mejor ser consciente desde el principio. La forma, entendida como materialización, es la que queda, la que puede redimir la arquitectura, sean cuales sean sus ‘pecados’ originales.

Corporate Headquarters & Logistic Center TJ Collection, Moscow 2007-2008

Corporate Headquarters & Logistic Center TJ Collection, Moscow 2007-2008

JP: ¿Cuál es la relación de la forma con la técnica, dos conceptos que no tienen nada que ver a priori?

EMB: La técnica es lo que posibilita esta redención. Para mí la cuestión de la técnica es intrínseca a la arquitectura. Esto, seguramente, es producto de una educación ibérica, politécnica, pero creo que en esta triple relación idea-técnica-forma está la esencia de ser arquitecto. La técnica es el instrumento que nos permite traducir una idea en forma. Pero no creo que tenga un valor absoluto en la arquitectura, es decir, definitorio. Me interesa más su papel de mediación entre el componente cultural de la arquitectura y su componente material.

JP: ¿Y el componente cultural de la técnica?

EMB: Significa que la técnica no es objetiva. Cualquier justificación que diga que una solución es mejor porque la técnica así lo requiere es falsa o perversa. Vivimos en una sociedad tecnificada, y la técnica tiene la triple condición de estar en todos lados, ser flexible y ser invisible. Por tanto, no tiene por sí misma capacidad cualificadora o definitoria de la arquitectura, sino que requiere una toma de posición cultural o subjetiva para que sea útil como elemento mediador para construir arquitectura. Otra cosa es que algunos cierren los ojos y no quieran tener esta responsabilidad respecto el uso de la técnica. En EMBA hemos tenido desde el inicio una vocación internacional que nos ha permitido tener una visión de esta transversalidad de la técnica y, a la vez, de la responsabilidad de dar una respuesta local. En nuestros proyectos en Moscú o    en Riad, por poner dos extremos climáticos, hemos buscado similares objetivos   de protección, usando similares sistemas técnicos, pero no son intercambiables, son  específicos.

JP: No has hecho casi nunca una cubierta inclinada. ¿Por qué?

EMB Siempre intentamos que las cubiertas sean utilizables, aunque sea complicado conseguirlo. Incluso la azotea de Diagonal ZeroZero está libre de maquinaria, dispuesta en una planta intermedia. Es una terraza fantástica, utilizable, abierta a toda la costa mediterránea y a la sierra de Collserola. Un caso extremo es el instituto en Girona, que es una cubierta plana, limpia, sin elementos, pero que por exigencias de la directiva de escuelas tuvimos que inclinar por estar en una determinada zona pluviométrica. Como en la escuela de Sant Joan, la única cubierta inclinada propiamente que hemos hecho hasta ahora. En el caso de JP la cubierta será un jardín, un huerto para los abuelos. La llegada a la cubierta es un espacio de relaciones, un porche. Aquí, el esfuerzo consistió en ordenar todas las chimeneas y los elementos de calefacción en un paisaje hipóstilo muy potente, capaz de filtrar la ciudad y crear un entorno con identidad propia.

Nuevo Parlamento de Andorra, 2002

Nuevo Parlamento de Andorra, 2002

JP: Hay un interés por cómo acaba el edificio.

EMB: Y por cómo arranca. El problema no es cubrir un edificio, sino cómo acabarlo. Son dos preguntas diferentes.

JP: Has realizado siempre una labor de escribir y mantener una cierta actividad editorial. Nuestra tarea tiene dos vertientes: para nosotros mismos y hacia afuera. Háblame un poco de qué parte de lo que hacemos los arquitectos se ha de explicar a la sociedad. Si es que lo hemos de explicar.

EMB: Creo que es una cuestión importante, pero no sé si hay una respuesta posible. Seguramente lo hemos de intentar. Pero me parece más urgente generar un debate entre los que ya estemos interesados en la arquitectura. El entorno de Barcelona es de una pobreza de debate extraordinaria desde hace décadas, y no es el único caso. Hay miedo o desinterés de hablar en voz alta de ideas, de ponerlas en crisis o de confrontarlas con otras. Se debe generar un ámbito de debate. Si es de viva voz o si es virtual tendrá consecuencias diferentes, pero en cualquier caso debemos de tener la posibilidad de hacerlo. Ahora no contamos ni con una revista donde poder publicar estas ideas. Esto se añade a una doble condición: una sociedad del espectáculo y consumista, y unos medios electrónicos de una velocidad y efimereidad brutales. Tú escribes en un blog, y lo sabes.

Creo en el debate abierto. Por otro lado, estamos asistiendo a otro fenómeno, que es que en la sociedad, a pesar de los intentos de infantilizarla y de una realidad universitaria cada vez más banalizada, hay más gente que accede a unos ciertos niveles de conocimiento y de capacidad discursiva y, esperemos, crítica, que aumente este debate abierto y, quizás, lleve a una mayor conocimiento social de la arquitectura.

JP: Participaste en uno de los libros más importantes jamás publicados en Cataluña: la biografía de Sixte Illescas. Es un libro central. Quería preguntarte qué significa participar en un libro así. Illescas no era un arquitecto cualquiera. Era el último miembro del GATCPAC que no se exilió. ¿Qué significa para ti este legado? ¿Te reconoces en él?

EMB: Es un libro que se debe a la inteligencia y la generosidad de Albert Illescas, su hijo, y tiene un contexto. Josep Lluís Sert, Germà Rodríguez Arias y Sixte Illescas fueron tres de los socios fundadores del GATCPAC, y fueron amigos toda la vida. Cada uno de ellos, después de perder la guerra civil, tomó un camino diferente. Sert se exilió a los Estados Unidos. Rodríguez Arias opta por el exilio interior yéndose a vivir a Ibiza, una isla remota entonces, e Illescas opta por quedarse en Barcelona e intentar su rehabilitación profesional. Le costó mucho: muchas críticas de sus compañeros, mucho dolor para cumplir los requisitos que las autoridades franquistas pedían… Creo, más allá de consideraciones arquitectónicas, que los tres amigos representan los tres caminos posibles de la dignidad catalana. Sixte Illescas sigue siendo un arquitecto espléndido haciendo arquitectura tolerada por el régimen. Jamás hizo neoclasicismo como Duran Reynals, una figura enigmática. Lo que me fascina de Duran Reynals es cómo se puede ser un arquitecto de la cabeza a los pies, pero sin atributos. O sin estilo.

JP: Es curioso: te he preguntado por Illescas, que es un arquitecto necesario, y me has contestado hablándome de Duran…

EMB: Illescas es imprescindible para entender la evolución de la arquitectura catalana y Duran no. Illescas, en la postguerra, hace unos edificios aceptables para las autoridades franquistas, pero que jamás serán seguidistas como las obras de Duran o Mitjans de esa época gris. Creo que deberíamos intentar una arquitectura sin atributos, o sin adjetivaciones. Una arquitectura que no se defina por añadidos, sino por sí misma. Creo en la autonomía de la arquitectura y en la necesidad que transcienda sus contingencias.

JP: Pero esta falta de adjetivación, ¿no nos acerca más a Duran que a Illescas? Es decir, ¿a una preponderancia del oficio por encima de otras consideraciones?

EMB: No, al contrario. Devuelve responsabilidad al arquitecto para definir su propuesta más allá de las circunstancias concretas del proyecto o del momento. Dependiendo de cómo la defina, será más o menos relevante culturalmente.

JP: ¿Con qué postura te identificarías más entonces, con la de un Sixte Illescas construyendo la casa Vilaró, primer edificio racionalista de la península, toda voluntad de representación, edificio-manifiesto que constructivamente y tipológicamente tiene unas carencias que no por ello le restan importancia, o con la de Duran Reynals resolviendo muy bien unos edificios sin historia?

EMB: ¿No hay más opciones?

JP: Las que quieras, por supuesto.

EMB: Puestos a pensar en términos locales, prefiero a Gaudí, como inteligencia arquitectónica. Más allá de su desbordante capacidad formalista, es de una inteligencia arquitectónica que siempre me maravilla. Su capacidad de ligar idea, forma y construcción, que son tres conceptos que no tienen nada que ver, tres cosas completamente diferentes, y ligarlas creando espacio y generando emociones, que es el trabajo de un arquitecto… su inteligencia arquitectónica va mucho másallá delmero oficio. Aunque escierto que Gaudíproduce su arquitectura almargen de su momento…

JP: La palabra oficio no entra en la ecuación gaudiniana. ¿Entraría la palabra disciplina?

EMB: Tampoco. Hacerlo equivale a hablar de un reglamento, de normas, de un código compartido. Más allá de las limitaciones técnicas o de otro tipo que fijan unos modos básicos de hacer de un momento o de una sociedad, no es el caso de Gaudí, y tampoco el mío. Si hay, no sé cuáles son las normas. Yes así como hago arquitectura.

Jaume Prat

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