Desert City de García-Germán Arquitectos

A las afueras de Madrid, en el kilómetro 25 de la A-1 poco antes de la Quinta del Jarama aparece un paisaje transformado en oasis por medio de un conjunto de elegantes estructuras metálicas, con ciertas reminiscencias miesianas, y un grado tal de ligereza visual que las hace flotar sobre la vegetación. Se trata de un complejo multifuncional dedicado a la celebración de las plantas xerófitas y a la producción de toda una cultura de intereses alrededor de estas especies, que ha sido llevado a cabo por García-Germán Arquitectos.

Desert City propone un programa paisajístico y cultural que defiende el paisajismo “seco” o “sin agua” como un paso necesario a dar en un clima semidesértico como el nuestro, en el sur de Europa. Se trata de un complejo sostenible y ecológico, en el que se solapan actividades que van desde la exhibición, reproducción y venta de cactus de todo el mundo, en un gran jardín e invernadero cubierto, hasta actividades tales como talleres educativos o exposiciones de plantas, pasando por una importante apuesta por I+D, desarrollado en colaboración con universidades internacionales.

Desert City está localizado en un territorio de transición entre la autovía A-1 y las  estribaciones del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. La parcela originalmente era un descampado con rellenos de escombros provenientes de las sucesivas ampliaciones de la A-1 que ha sido sometida a un proceso regenerativo, obteniéndose un paisaje paradójico al tiempo natural y artificial.   Como explican los autores del proyecto “situarse en este límite, aislándose y conectando al mismo tiempo ambas realidades, ha sugerido emplear la metáfora del oasis, elemento lógico de referencia cultural en un conjunto destinado al cultivo de cactus. Esta metáfora se vuelve operativa ya que es la que sugiere organizar la construcción de forma introvertida, volcada a los interiores abiertos del jardín, que se rodea por la construcción que lo protege, y del vivero, asimismo protegido”.

Estamos por lo tanto ante dos oasis que coexisten en la parcela, el gran jardín-vivero abierto al aire libre y el invernadero cubierto. El conjunto de programas se unifica en una única construcción ligera que responde, en términos de escala y materialidad, a la presencia de la autovía. Una gran pieza longitudinal, paralela a la carretera, organizada internamente por medio de la simetría entre jardín e invernadero, este último protegido por un techo ligero formado por una estructura de cables tensados a tracción tipo “tensegrity” forrado por un colchón de aire con doble capa de “Etfe” que amortigua las variaciones de temperatura.

La memoria del proyecto explica que “mientras que desde el punto de vista tipológico el proyecto recurre de forma velada a ciertos invariantes organizativos (patio, claustro, puente, espacio isótropo o bloque “flotante”), la gramática formal se plantea desde la modulación y sistematización de una estructura metálica vista y una construcción industrializada, envuelta por un vidrio coloreado, dentado y de protección solar, al que se confía la capacidad de interacción fenomenológica con el entorno. La entrada en carga de estos recursos tipológicos y constructivos se produce pasada por el filtro general de un criterio energético y medioambiental, de forma que todo el complejo funciona coordinando dispositivos activos y pasivos tales como dobles fachadas, patios, ventilaciones cruzadas, geotermia, protecciones solares, sombras, etc., que se hacen evidentes en el uso y no en la forma”.

Desde que Robert Venturi y Denise Scott Brown plantearan la dicotomía entre “el pato” y el “tinglado decorado[1], existe la percepción de que las intervenciones en estos considerados “no lugares” son el escenario perfecto de los excesos de justificación posmoderna vinculados a los símbolos de lo comercial y del anuncio. Parecería que este territorio del hinterland vinculado a las vías de comunicación y colonizado por los centros comerciales este vetado a cualquier atisbo de elegancia.  Sin embargo, con esta intervención, Jacobo García-German demuestra que existe un espacio para la depuración visual y, sobre todo, para la consecución de objetivos espaciales más allá del “parking lot” y la fachada decorada de las vías rápidas. El conjunto, canónicamente retirado de la autopista, aprovecha su escala para presentar una elongada fachada uniforme flotando a poca altura, con una dimensión que refuerza su presencia durante el tránsito.  Parte de ese alzado se corresponde con la pasarela-puente que además de conectar los dos volúmenes actúa como puerta tensa en horizontal a través de la cual el paisaje de los cactus penetra en el conjunto. Una puerta que una vez cruzada permite dejar atrás el espacio de tránsito rápido para ofrecer tanto el oasis  como la conexión visual con la naturaleza por detrás de un segundo filtro conformado por un ligero pórtico metálico.

Todo ello trae a la cabeza las palabras de Walt Whitman: “Collecting I traverse the garden, the world, but soon I pass the gates…”[2]

 

FICHA TÉCNICA

PROYECTO: Desert City. Vivero de especies xerófitas y usos asociados

PROGRAMA: Vivero-jardín de especies xerofitas +  invernadero de especies xerofitas + programa I+D + programa usos asociados

CLIENTE: Desert City S.L.

EMPLAZAMIENTO: San Sebastián de los Reyes, Madrid (Autovía A1-Km.25)

ARQUITECTO: GARCIAGERMAN ARQUITECTOS / Jacobo García-Germán

EQUIPO ARQUITECTURA: Jacobo García-Germán, Miguel López, Raquel Díaz de la Campa, Marta García Laura Carrero, Martha Sosa Dias, Lidia de Lucas, Marta Roldán, Andrea Gutierrez, Victoria Álvarez, Margot Roset, Paula Lizcano, Alba Gil, Celia Sánchez

EQUIPO TÉCNICO: Mario García (arquitecto técnico), Antonio Usero (gestión y estrategia), Tino de la Carrera/White Rock (imagen y diseño gráfico), Úrculo Ingenieros (ingeniería de instalaciones), Felipe Fernández-Consult-E (ingeniería de estructuras), Arenas Ingenieros (ingeniería estructural cubierta invernadero), Lastra & Zorrilla (desarrollo técnico & manufactura textil ETFE), Patricia Gammichia (Paisajismo), Ángel Sampedro (movilidad y estudio de tráfico), Alberto Charlez (jefe de obra)

FOTOGRAFÍA Y VIDEOS: Miguel de Guzmán / Imagen Subliminal

EMPRESA CONSTRUCTORA: Isolux Corsán

FABRICACIÓN DIGITAL MOBILIARIO: 109 FabLab

Nota: El proyecto Desert City es uno de los finalistas de los premios FAD de 2018. 

[1] Venturi, Robert, Denise Scott Brown, and Steven Izenour. Learning from Las Vegas: the forgotten symbolism of architectural form. MIT press, 1977.

[2] Walt Whitman, “These I singing in spring”. Leaves of Grass, 1860.

Autor

Imagen de Ricardo Merí de la Maza

Ricardo Merí de la Maza

Doctor Arquitecto. Editor en la revista TC Cuadernos

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