Carrilho da Graça es reconocido esencialmente por la dimensión territorial, radical e incluso artística de sus proyectos. Es además habitual que su obra se presente desde cualquiera de estas tres perspectivas. Pero ciertamente no fue una casualidad que Carrilho da Graça, en una entrevista de 2004, entonces con casi treinta años de carrera, definiera la Arquitectura como «una posibilidad artística que siempre tiene como referencia la construcción».
Construcción en la obra de Carrilho da Graça
En este número monográfico pretendemos observar su producción precisamente desde este particular punto de vista, que hasta hoy ha sido un tanto ignorado: el de su construcción.
Carrilho da Graça describe en varias ocasiones las dificultades a las que se enfrentó de joven – entre su inexperiencia y la incapacidad de los constructores con los que se cruzó en aquella época – para construir con perfección. Con ese sofisticado sentido del humor que siempre le ha caracterizado, relata que, quizá como una vía de escape, le reconfortó en su momento pensar que lo importante, desde el punto de vista conceptual, sería poner sus obras en pie –como si fueran maquetas a escala real – para que más tarde, y una vez reconocido su valor, alguien pudiera hacerles justicia realizando una impecable reconstrucción. Además de las dificultades de la obra, algunas lecturas tuvieron un fuerte impacto en este período inicial de su carrera, como Le Corbusier: The City of Refuge Paris 1929/33, en la que Brian Brace Taylor analiza una obra de Le Corbusier – hasta entonces simplemente admirada por Carrilho da Graça – precisamente a partir de su fracaso constructivo.
Lo cierto es que estas y otras circunstancias han hecho que sus obras revelen, poco a poco y ciertamente por reacción, una eficacia constructiva y tecnológica cada vez mayor. El proyecto para el Centro Regional de Seguridad Social de Portalegre (1982-1989), diseñado con Gonçalo Byrne y João Paciência, fue ya un primer reflejo de ello, en el que Carrilho da Graça se enfrentó a diversas cuestiones tecnológicas e intentó, por ejemplo, en un contexto en el que tal reflexión no era habitual, minimizar el uso del aire acondicionado. Unos años más tarde, en la Escuela Superior de Comunicación Social de Lisboa (1987-1993), la hábil implantación del edificio en relación con la Segunda Circular permitió una notable protección acústica y ventilación. Aunque de forma intuitiva, estos dos proyectos denotan inmediatamente una fuerte sensibilidad respecto a la física de los edificios, que se revelaría con mayor fulgor y sofisticación a partir de los años 90, cuando Carrilho da Graça exploraría, como punto de partida, las posibilidades y expresiones tecnológicas de su tiempo.
En sus textos y entrevistas, Carrilho da Graça se refiere a menudo a las dificultades de la construcción en Portugal. Llama la atención sobre la necesidad de mejorar varios aspectos de la legislación, de encontrar alternativas a la escasa industrialización y a la falta de mano de obra cualificada. Sin embargo, no parece dudar cuando afirma que en el contexto portugués todavía es posible trabajar a pequeña escala y con gran proximidad, lo que es fundamental para la experimentación constructiva. Quizá por ello, los proyectos que se presentan en este número monográfico, algunos de los más representativos de su sensibilidad constructiva y tecnológica, se encuentran, a excepción del Teatro y Auditorio de Poitiers (2000-2008), en territorio portugués. En este contexto, los proyectos se presentan a través de planos, secciones, alzados, detalles constructivos y fotografías de la obra terminada, pero también a través de fotografías inéditas que ensalzan la increíble labor de su construcción. Como describe Carrilho da Graça a propósito de la visita a una obra de Álvaro Siza, en el célebre texto «Adolf Loos, parteiro da Modernidade…», estos proyectos se muestran también «en fase de acabados, en la fase que más nos gusta […] ver y mostrar: todo se adivina ya y aún se puede percibir el proceso de montaje y superposición».

Carrilho da Graça describe que el arquitecto del futuro deberá «no sólo estar atento a lo construido y adquirido por el arte, la poesía y la música […] sino también y sobre todo dominar perfectamente las ciencias de la construcción». Siempre ha hecho uso de una gran sensibilidad estructural, defendiendo propuestas arriesgadas, temerarias y difíciles. Es el caso del Pabellón del Conocimiento para la Expo 98 (1995-1998/ 2005-2011), la primera obra en Portugal de este tamaño que se construyó en hormigón blanco y sin juntas de dilatación verticales, disolviendo la expresión tectónica en favor de la sublimación de la forma. Pero también es el caso de proyectos cuya tipología es tradicionalmente una cuestión casi exclusiva de ingeniería, como el Puente Peatonal sobre el Esteiro de São Pedro (1997-2002) y el Puente Peatonal sobre la Ribeira da Carpinteira (2003-2009).

Algunos de sus proyectos tienen un programa muy exigente desde el punto de vista térmico, como es el caso del Data Center Portugal Telecom (2011-2013), donde se buscaba disipar el calor producido por los ordenadores contenidos en él a través de la ventilación forzada con flujo de aire de alta velocidad, aprovechando la gran diferencia de temperaturas entre el interior y el exterior. Pero también es el caso del aparcamiento de unas 200 plazas construido bajo el Campo das Cebolas (2012-2018), donde, a diferencia de la mayoría de los aparcamientos subterráneos o semisubterráneos, la ventilación se realiza de forma natural, a través de ranuras a lo largo de un muro, al sur, y a través de un patio, al norte.
Algunos de sus proyectos tienen también un programa muy exigente desde el punto de vista acústico, como es el caso del Teatro y Auditorio de Poitiers (2000-2008), cuya sala aboga por un sistema de difusión cuadrática, que redistribuye el sonido de forma homogénea, para que todos los espectadores reciban la música simultáneamente y sin pérdida de energía. En otros casos, sin embargo, es la simple y concisa colocación de un elemento, como un nuevo edificio dedicado a la escolarización básica en el Colegio Alemán de Lisboa (2003-2010/ 2018-…) o un muro en el borde del Campo das Cebolas (2012-2018), lo que altera radicalmente la calidad acústica de un espacio, moderando el ruido.

Integración y Patrimonio en Carrilho da Graça
Carrilho da Graça siempre ha revelado una gran sensibilidad hacia el patrimonio, a veces sugiriendo la autonomía constructiva de cada época, en otras, extrayendo el reposicionamiento espacial de un tiempo histórico dominante. Es el caso de intervenciones como la Rehabilitación, Ampliación y Adecuación a una Pousada del Monasterio de Flor da Rosa (1990-1995/ 2007-2009) y la Recuperación, Ampliación e Instalación del Museo de la Ciudad en el Convento de Jesús (1998-2019) – dos de las intervenciones más paradigmáticas en el patrimonio nacional portugués de los últimos años – donde partió no sólo de las cualidades espaciales, sino también de las constructivas de lo existente.
Carrilho da Graça siempre ha sido muy abierto a la hora de integrar, en sus proyectos, lo que se encuentra en el mercado y los materiales que se descubren en la región – aunque no como norma, sino como punto de partida. Pero incluso ha inventado nuevos materiales, como ocurrió durante el proceso de construcción de la Terminal de Cruceros de Lisboa (2010-2018), donde surgió la necesidad y la posibilidad de crear un material resistente pero menos pesado que el hormigón: hormigón estructural blanco con gránulos de corcho. Tanto el uso de materiales menos universalmente reconocidos como la creación de nuevos materiales son, además, coherentes con la reivindicación de Carrilho da Graça de la autonomía de la arquitectura frente a las grandes empresas productoras de materiales que dominan el mercado – extremadamente desarrolladas, con distribución mundial y consolidadas –, para que los arquitectos no se conviertan en meros intermediarios entre fabricantes y usuarios, y acaben «prescribiendo productos de construcción como los médicos prescriben antibióticos, o como los diseñadores de moda eligen tejidos».

Formas recurrentes
A diferencia de muchos arquitectos, que invariablemente reutilizan sistemas con los que ya han tenido la oportunidad de experimentar, para Carrilho da Graça cada proyecto exige una problemática específica, lo que lleva a un nivel de detalle necesariamente diferente. El cuidado de la construcción no surge sólo al final del proceso del proyecto, cuando el trabajo de concepción formal ya está terminado, sino que, por el contrario, suele ser su principio fundador.
Pero, aunque los detalles difieran de un proyecto a otro, lo cierto es que, cuando observamos su arquitectura desde cierta distancia, podemos reconocer formas constantemente recurrentes. Del mismo modo, y aunque los dibujos de construcción de sus proyectos son a veces extremadamente complejos, cuando se mira la obra terminada todo parece, al final, «tranquilo, pacífico y sereno». Las obras de Carrilho da Graça no parecen querer presentarse ante el espectador como la suma de episodios singulares o emblemáticos de virtualidad constructiva o tecnológica. Por el contrario, son obras en las que la definición constructiva y tecnológica ha sido capaz de borrar sus propias huellas.
Esta posición da al detalle un papel relevante, aunque sea al servicio de la obra. Carrilho da Graça no parece estar interesado en el virtuosismo constructivo o técnico, sino en la construcción y la técnica como camino que conduce a la Arquitectura. Según él, «nos pasamos la vida haciendo detalles y asegurándonos de que las cosas están bien ejecutadas. Sin embargo, aunque este trabajo ocupa un porcentaje muy grande del tiempo de cualquier arquitecto […] la finalidad principal […] de los detalles es […] desaparecer, no tener una gran importancia visual, sino ser una respuesta eficaz a los problemas constructivos. En otras palabras, deben permitir que se revelen los aspectos más fuertes y esenciales de la arquitectura».
Tal vez esta sea la razón profunda por la que hasta hoy la obra de Carrilho da Graça no ha sido presentada desde el punto de vista de su desempeño constructivo y tecnológico. Lo cierto es que, aunque los detalles constructivos y los recursos tecnológicos son muy trabajados, la intención de Carrilho da Graça siempre fue que, al final, sus signos pudieran desaparecer discretamente para que la obra pudiera ser observada en todo su esplendor. Las obras de Carrilho da Graça parecen, al fin y al cabo, concebidas y construidas sin esfuerzo, con esa aparente sencillez que sólo se consigue tras una ardua maduración.
Artículo realizado por Marta Sequeira y publicado en el TC Cuadernos 154/155
