Cuando se quita lo superfluo
La lectura más interesante que a mi juicio puede hacer un arquitecto de la obra del pasado es descubrir lo que permanece en ella: una permanencia sedimentada a través de los siglos que se manifiesta en sus trazas materiales y en las ideas que subyacen tras ellas.
La obra que se pone de relieve en esta edición pertenece a las últimas cosechas del despacho de arquitectos Peñín, un despacho familiar que ha sabido guardar y transvasar la madre de su buen vino, que hunde sus raíces en el siglo XX, y que muestra en esta publicación principalmente la obra realizada en el siglo XXI.
Intentando hacer una lectura de las permanencias e invariantes que se ponen de manifiesto en esta obra reciente, y que son mayoritariamente proyectos docentes, asistenciales y residenciales, se descubre una de las características más relevantes de esta arquitectura: la precisión.
Una precisión que se manifiesta en los arquitectos Peñín de maneras muy diversas. La primera de ellas es la sobriedad o el uso en su arquitectura de lo estrictamente necesario. Una segunda vertiente de la exactitud es la eficacia y la sensibilidad con la que se mira al lugar en relación con la función que en él se va a implantar. La tercera mirada rigurosa del arquitecto se pone de relieve en la estricta geometría que traza sus edificios. Y la cuarta faceta de la precisión se establece a la hora de realizar el proceso constructivo de los edificios como piezas que se ensamblan, una ejecución que pertenece al pensamiento tectónico de estructura y plementería.
El resultado de la precisión del arquitecto son unos espacios en los que, al haber desaparecido lo que es vano, se desvela la verdadera belleza de la arquitectura, una belleza semejante a la de un mecanismo de relojería, donde nada sobra y nada falta. Una precisión que, por ejemplo en el proyecto de Boulogne, realizado junto a Carlos Ferrater, es el origen de la construcción, dotándola de abstracción y atemporalidad, al utilizar la medida, 45 x 90 x 3 cm, como la base de la ejecución del proyecto.
En otros proyectos la eficacia se muestra al situar un “core” espacial que, como el patio claustral en el caso de la residencia de Burjassot, es el origen de un proyecto centrífugo que acaba construyendo un microcosmos dentro del solar.
La geometría estricta con relación a la orientación es una constante en sus proyectos. En el Centro Nacional para personas con trastornos mentales se giran sus trazas 45º respecto a las del solar logrando con ello dos cosas: primero, independencia del resto de edificios que le rodean, independencia que acentúa la idea de mundo aparte que este edificio tiene y, segundo, orientar el edificio a norte, en busca de la frontalidad solar deseada. Esta nueva orientación de sus trazas condiciona y resuelve todo el proyecto: función, estructura, miradas horizontales lejanas y privadas y presencia vertical interior cercana de la luz cenital tamizada.
Sin embrago, no se debe pensar en la precisión o eficacia como algo que tiraniza a la arquitectura de los arquitectos Peñín. Sus edificios son siempre sensibles al lugar con su topografía, soleamiento, vegetación, etc. A veces, como sucede en el caso de la vivienda unifamiliar en Serra, todo el proceso de la arquitectura se supedita a mantener un pino que se entiende como un icono de alto valor natural.
Habitando esta arquitectura, se descubren sus espacios centrales que, con sus leyes geométricas, originan la nueva estructura del lugar. Entre éstos y el límite del solar se construyen unos límites espaciales de presencias y miradas longitudinales múltiples a través de una continuidad tamizada por filtros, pero permeable a la mirada, que se construye por medio del control de lo natural, ya sea la topografía, la orientación o la vegetación. Unos límites en los que, al recorrerse según un orden independiente al de los anteriores, se desvela esa nueva continuidad con la otra realidad que siempre construye quien es arquitecto.
En definitiva, la arquitectura de los Peñín es de una sabia precisión, que se manifiesta en la sobriedad, eficacia, sensibilidad y rigor constructivo, una arquitectura en la que aparece la belleza de aquellas que han sabido desprenderse de lo superfluo.

Jesús Mª Aparicio Guisado.