Arquitectos Ayala: «La arquitectura se nutre de cosas ajenas …»

 

La entrevista que se transcribe a continuación  tuvo lugar durante una soleada tarde del invierno madrileño, en la sala de reuniones, que es la verdadera sala de trabajo del estudio de Arquitectos Ayala, en un ambiente distendido y divertido, cuajado de risas pero también de compromiso.
Compromiso por una manera de entender la profesión, la arquitectura y la vida. Las páginas que siguen radiografían la postura de Ayala Arquitectos en temas tales como el momento actual de la arquitectura, su relación con otras artes, la docencia, etcétera y trazan, en consecuencia un retrato, deslavazado por momentos, pero enormemente eficaz de su pensamiento.

 

¿Quiénes están incluidos en la denominación “Arquitectos Ayala”?

Marcos Ayala- Todos los que han trabajado en este estudio.

Mateo Ayala- Aquí se trabaja en equipo, un equipo formado por nosotros tres, por los que trabajan con nosotros actualmente y por gente que ha estado muchos años con nosotros.

Marcos Ayala- En nuestro estudio, el valor del equipo está, incluso, por encima del director.

Gerardo Ayala– También la participación de mi mujer, Conchita, ha sido fundamental. Ha colaborado en todos los proyectos, y no sólo en el estudio. Hemos tenido muchas ideas en casa, hablando, viajando…

Planteo la cuestión porque creo que la peculiaridad de vuestro estudio es que se trata de un colectivo, de la suma integrada de muchos esfuerzos y no de una sola persona con una serie de empleados.

G- Lo interesante de este estudio es que colabora con nosotros gente muy diversa y todos ellos aportan cosas. No es fácil decir lo que aporta cada uno. A veces, incluso, resulta accidental: un comentario, una observación puede ser una aportación importante.

Mc- Nos ha pasado muchas veces que después de una hora hablando no tenemos nada, pero ya te levantas diciendo, bueno mañana se encaja. Se encaja, ¿el qué? si no hay nada. Pues la estrategia. La forma de la solución ya sale sola.

Mt- Además, hacemos una arquitectura en la que es muy fácil colaborar. Hablamos de arquitectura, no hablamos de nuestros gustos. Discutimos más sobre el carácter que debe tener el edificio, si debe ser más abierto o ensimismado; más protagonista o mimético con el entorno…, que sobre su aspecto.

Mc- Nosotros, (Mateo y Marcos), toda la vida hemos tenido conciencia de estar colaborando en el estudio. Cuando éramos pequeños y mi padre estaba con un proyecto, nos decía: “Vosotros que vais a un colegio: ¿Qué os parece colocar aquí el gimnasio, o la cafetería? Siempre estaba invitándonos a participar en las decisiones

¿Sois capaces de distinguir qué aporta cada uno de vosotros o no está tan claro?

G– Esta pregunta remite a la anterior, ya que uno empieza los primeros croquis, los demás se suman y después de un cierto proceso pasa a ser de todo el estudio.

Mc– No hay especialistas en dibujar bocas, pies, y así sucesivamente. Es un dibujo en conjunto, como a mancha. Se empieza a encajar y todo está en el mismo grado de definición hasta que terminas. Siempre creciendo con todo a la vez.

Mt– Pero cada uno tiene sus intereses, sus obsesiones. Cada uno encuentra, en cada proyecto, aquello que le motiva, que le atrae; sus recuerdos, que cada uno tiene los suyos y que no  siendo iguales, se pueden compartir.

G– Podemos tener ideas o intereses diferentes, que cada uno expone con libertad y somete al juicio de todos. A mí me refresca mucho y a ellos les sirve también. El respeto es algo muy importante, que siempre he querido inculcar.

(…)

¿Qué pensáis sobre la dimensión óptima del estudio de arquitectura?, ¿Hasta dónde se puede crecer para que los proyectos sigan manteniendo la calidad y la tensión de la que estáis hablando? ¿tiene vuestro estudio la dimensión óptima en estos momentos?

Mt– Una vez le oí decir a Richard Rogers que cuando eran 30 le parecía que el tamaño ideal eran 30, cuando fueron 60 el tamaño perfecto eran 60 y ahora, que son muchísimos, dice que la buena es la medida actual (risas).

Mc– Nuestro trabajo es colectivo pero con una notable implicación personal: siempre estás tú con el proyecto encima de la mesa, con el lápiz, dibujando, corrigiendo, hablando, discutiendo,… ¿Cuántos proyectos puedes tener en la cabeza a la vez? Creo que pocos. A partir de cierto número empiezas a no dar soluciones nuevas, aplicas lo que sabes hacer, ya sin investigar.

G– Yo no se cuál es la cifra exacta. Pero a partir de cierto número se pierde la parte humana. Es importante conocer bien a la gente con la que trabajas. Nosotros hemos llegado a ser quince personas, incluso 20, y está muy bien; a lo mejor 25 ó 30 también estaría bien… Pero creo que con 80 personas se perdería esa dimensión humana.

Y centrándonos en la propia arquitectura, ¿Seriáis capaces de enunciar que es lo que perseguís con vuestra arquitectura?

G, Mt, Mc- La emoción.

G– Entendemos esto como la capacidad de la arquitectura para proponer espacios llenos de
recuerdos, de evocaciones, de sorpresas…

ayala dibujo

¿Qué papel concedéis en vuestros proyectos al programa, a la construcción, a la emoción…?

Mt– Ninguna al programa; es decir, el programa sirve para colocar la emoción.

Mc– Claro, si un proyecto es emocionante, cumplirá el programa. Porque es más fácil cumplir el programa que emocionar.

G– Como sabes, en este momento estamos ejecutando el Palacio de la Justicia de Almería. Recientemente ha desaparecido del programa la cafetería, la sala de bodas y casi el salón de actos. Si en un edificio en obras desaparecen esas cosas, ¿qué le vamos a hacer? Pero si me lo plantean cuando lo tienes que proyectar, no soy capaz de hacerlo porque se está suprimiendo toda la parte humana del edificio.

Mt– Nuestra arquitectura apela a los recuerdos de las personas, a la emoción, y sus aciertos tienen más que ver con esta dimensión que con las plantas o alzados. Hay recursos, incluso gráficos, que sabemos que funcionan, pero si no consiguen al final un espacio emocionante, habremos fracasado.

(…)

¿Qué hay que transmitir a un estudiante para que sea un buen arquitecto?

Mt– La manera de aprender. Enseñarle a mirar.

Mc– Una actitud. La forma de enfrentarse a la arquitectura debería tener que ver con la manera de enfrentarse a la vida. Enseñar a alguien a aprender, a escoger su camino, no consiste en imponerle el tuyo, sino en ofrecer los instrumentos para que el alumno se abra su propio camino.

G– Lo que más me gustaría es poderles transmitir el entusiasmo. En principio me conformo con que se les forme un espíritu crítico, aunque lo hayan asimilado a base de actos de fe en su profesor. Una intuición que les permita separar el grano de la paja.

Mt– Y no enseñar arquitectura, sino enseñar qué es lo que tienes que resolver. Yo solía poner un ejemplo a los alumnos: vamos a hacer un proyecto para una toalla de playa. Todos los alumnos empiezan a pensar en su color, su forma, “yo la he puesto verde”…, y habrá uno que diga ¿dónde ponemos la toalla? Si entiende que la decisión sobre la distancia entre la toalla y el agua es más importante que el color de la toalla, ese alumno estará más cerca de la arquitectura que los demás. Una vez que ya tienes pensado dónde estará la toalla, dónde el agua, dónde la sombra, o el chiringuito, entonces ya te compras cualquier toalla… Ya te vale cualquier arquitectura porque ya has resuelto el problema.

Desde que empezamos la entrevista, Gerardo, has estado dibujando. De hecho, en los concursos a los que os dedicáis, seguís incluyendo dibujos a mano para explicar los proyectos ¿Qué importancia concedéis al manejo del dibujo a mano alzada en esta época dominada por el ordenador y los recursos infográficos? ¿Os parece que puede ser sustituido?

G– No. Dibujar a mano y tener la posibilidad de expresar con el lápiz, me parece importantísimo. No digo que haya que tener un dibujo preciosista pero sí una herramienta suficientemente expresiva.

Mc– Si alguien renuncia al dibujo y tiene otra forma de comunicar, de expresar, también es válido…, aunque pienso que esta renuncia debe venir después de haber dominado la mano alguna vez.

G– Pero todos los maestros del siglo veinte que conocemos, todos dibujaban a mano…

Mt– Dominaban la herramienta perfectamente… Es posible que la herramienta que se utilice influya en el resultado de la arquitectura, sea el ordenador o el lápiz.

G– Para nosotros la mano es instrumento de pensamiento, a lo mejor para el que utiliza el ordenador ese sea su instrumento. No me parece que influya en tus intereses, y no debe de hacerlo en tus resultados, ni el ordenador ni la mano.

Mt– En los concursos pensamos que es un valor, que el dibujo a mano ofrece una versión del proyecto que no puedes conseguir con el ordenador.

Mc– Mucha veces la mano te da la escala, con la que encajas las cosas en metros, en dimensiones, en proporciones, …de cabeza. Hay que saber pasar a limpio un dibujo a mano, no es una labor automática en la que valga aplicar cualquier trama.

G– En ese proceso lo que menos me gusta es descubrir errores que no estaban en el dibujo original y lo más apasionante es conseguir expresar en los planos las partes más inexactas del croquis, esos pequeños trazos que no aclaran pero sugieren.

(…)

Hay un nombre que se repite con frecuencia en vuestro discurso, alguien con el que, además, tuvisteis una relación personal y profesional. Me refiero a Alejandro de la Sota ¿De dónde arranca esa relación y de qué manera os ha marcado o influido?

G– Bueno efectivamente, todos tenemos influencias de otros arquitectos. Sin duda, a mí Sota sea el que más me ha influido. Yo creo que he aprendido muchísimas cosas de él, su emoción, lo que he podido de su sensibilidad, pero sobre todo la actitud. Pero me interesa destacar algo que para mí es importante. Si me gusta una barandilla de Sota, la copio exacta sin preocuparme, como el propio Sota hacía con las de Mendelsohn. Otra cosa es que en un proceso de evolución de años, esa barandilla se convierta poco a poco en otro diseño y debido a causas, muchas veces, de facilidad de construcción. He estado veinte años en contacto directo con él, viéndonos de una forma permanente e incluso hemos hechos proyectos juntos.

El caso de Mateo y Marcos es distinto; ellos han trabajado con él en su estudio. Eso sabes que marca mucho, pero Sota tenía una cosa muy buena si sabías entenderlo; te mostraba un camino a seguir y te decía “esto no es mío, sino que los dos estamos siguiendo un surco que empezaron otros”. Y eso es totalmente verdad y lo importante de cualquier buen magisterio.

Mt– Hace poco me invitaron a dar una conferencia en Bilbao sobre Sota. Por no hablar sobre su obra tan conocida por todos, decidí intentar hablar de aquellas cosas que me influyeron el tiempo en que estuve en su estudio. Hablé allí de su capacidad para afrontar un proyecto desde la completa ignorancia. Era capaz de hacer un dibujo horroroso, sin ninguna concesión a lo que había aprendido, para desde este, volver a andar el camino. Volver a aprenderlo todo. Sota era capaz de generar pensamiento en ese terreno con toda naturalidad. Yo he intentado copiar ese desparpajo. A lo mejor no los dibujos, que sin querer hago lo mejor que puedo, sino la naturalidad. También conté que Sota decía, que las ocurrencias eran el motor de los proyectos. Estas ocurrencias son lo contrario de las formas. Sirven para pensar un discurso que arme todo un proyecto. Hay que saber que es lo que significa copiar a Sota. Copiar a Sota no es copiar esto o aquello, sino más bien estas “ocurrencias” que hay detrás.

Mc– Recuerdo que cuando llegué a su estudio, se estaban terminando las obras de rehabilitación del Gimnasio Maravillas y en varias visitas que hicimos a la obra, me explicaba el proyecto como si ese día se estuviera acabando el edificio original,…. ¡¡¡y el Gimnasio llevaba allí más de treinta y cinco años!!!. Me impresionó el entusiasmo con el que trabajaba.

Gerardo tú me has contado que te gusta considerarte pintor antes que arquitecto, ¿qué aporta la pintura a vuestro trabajo?

G– Que me considero más pintor que arquitecto, no es verdad. Lo digo para pintar más tiempo (risas) pero creo que no es verdad. Soy tan pintor como arquitecto. Pero tú me preguntas qué me aporta la pintura a la arquitectura. Me aporta muchísimo. Me da una libertad distinta. Me siento sin condicionantes. Bueno, casi sin condicionantes, porque hagas lo que hagas siempre tienes un espectador detrás de ti. Un espectador que tratas de eludir. Cuando lo consigues, esa mañana es mucho más productiva, más fresca.

¿Pero hay temas comunes?

G– Por supuesto que hay temas comunes, pero ocurre algo que yo nunca he entendido. Por un lado, la pintura ha tenido mucha influencia en la arquitectura y al revés, y por otro también lo es que hay muy buenos pintores que no saben apreciar una buena obra de arquitectura, y conozco buenos arquitectos que no entienden nada de pintura. Yo diría que les falta cultura arquitectónica o pictórica según el caso.

Mt– Pero sí que hay temas ligados entre pintura y arquitectura. Todos tus cuadros tienen una temática muy ligada a sentimientos de la infancia, que tienen que ver con recuerdos muy inocentes, con una cierta ingenuidad más cargada de emoción que de conocimiento. Temas como puestas de sol, una planta al lado de una mujer durmiendo, que están evocando recuerdos muy cercanos a la casa, a la pareja, a los hijos; temas muy familiares que tienen que ver con una noción de inocencia, de protección del entorno más cercano, y que tienen que ver con nuestra arquitectura. Fíjate que nuestra arquitectura es una arquitectura muy ligada al patio, al uso de los rincones más pequeños. En realidad esos rincones son el sitio donde producimos todos nuestros discursos: donde alguien se fuma un cigarrillo. Pienso que esa inocencia, esa naturalidad y desvergüenza, tiene un punto de conexión con nuestra arquitectura

¿Con qué proyecto vuestro os quedaríais cada uno, y por qué?

G– De la etapa con Mateo y Marcos el proyecto de los Recintos Feriales de Getafe me parece el más rotundo. Aunque el teatro de Rincón de la Victoria probablemente sea el que más concreta todo lo que nos interesa. A veces, cuando menos te lo esperas, resulta algún proyecto distinto. Tú casi no te das cuenta. Lo detecta la gente desde fuera y no sabes cómo ha sucedido.

Mc– Probablemente para quien no sea arquitecto el proyecto de Getafe resulte inabarcable. Se plantea como una suma de sensaciones, de experiencias… Aunque a mí tampoco me hace falta que le guste a todo el mundo. Sé que es bueno porque no tiene ningún artificio, porque funciona y emociona.

Mt– Hemos hecho algunos divertidos, pero quizá estos dos sean los que mejor nos resumen. Nosotros hacemos una arquitectura que, en términos clásicos, sería más la de Brunelleschi que la de Bramante. Nuestra arquitectura es más a línea, definida más por dibujos en el aire que por volúmenes. La luz en nuestros proyectos tiene la intención de bañarlo absolutamente todo, frente a otras que utilizan la luz para bañar paños. Igual pasa con tu pintura (volviéndose hacia Gerardo): es una pintura de línea, en la que la luz no es nada dramática. Este tipo de luz y de arquitectura a línea la asocio con una cierta inocencia.

Todos vuestros proyectos surgen a través de concurso. ¿Os parece que el concurso cambia en algo la forma de afrontar un proyecto?

Mc– El concurso te da mayor libertad. Es una libertad que no tienes si trabajas con clientes privados. En un concurso el proyecto se trata de una apuesta personal mucho más fuerte, un riesgo. Si tu trabajo resulta premiado, el proyecto está ahí antes que el cliente.

G– Para que salga un buen proyecto tienen que darse muchas circunstancias y el concurso es un contexto que normalmente favorece.

Mt– Todo esto es cierto, pero también hay que tener cuidado de que la competición no pervierta el resultado que buscas. Que no te corte de asumir riesgos,… o incluso que te los imponga.

Bueno, hasta aquí hemos hablado de los proyectos que habéis hecho o que tenéis en el tablero, pero ¿qué encargo os gustaría tener?

Mc– Mi casa de Galicia, una casa para vivirla…

G– Más que un encargo ideal tengo ilusión por construir en determinadas ciudades…

Mt– Seguramente el que más me guste sea el próximo proyecto que hagamos.

Eduardo Delgado Orusco TC Cuadernos nº 83/83- Ayala Arquitectos