Museo Medina Al Zahra. Córdoba, España

3,00 €
Impuestos incluidos
Cantidad

Nieto & Sobejano Arquitectos

Localización: Córdoba
Fecha: 2008
Fotografía: Roland Halbe, Fernando Alda



Formato    Archivo Pdf
Páginas 16 
Idioma Español

Acceso online (Suscriptores)

Hay arquitecturas que se deben a una metáfora: se avienen con un concepto que, si bien no las explica literalmente, facilita su comprensión. Así sucede con el Museo y Sede Institucional en Medina Azahara (1999-2008) de Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano. Ya en la memoria del concurso los arquitectos sugieren la metáfora de la excavación arqueológica: no aspiran a construir un edificio sino a hallarlo, con suerte, bajo tierra. Como la ruina próxima de la ciudad-palacio, su proyecto quiere ser un hallazgo: no pretenden erigirlo; van a su encuentro, interpretando las huellas del tiempo sobre el lugar.
Cuantas más metáforas, mayor es el drama.
Toda obra de arte aspira a entablar un diálogo con el mundo. Consciente o no de tal propósito, el artista toma las formas por signos de un lenguaje comunicativo mediante el cual revela, literal o metafóricamente, un significado. En su mano está inclinar la balanza en uno u otro sentido; afirmar que una cosa es lo que es, o suscitar asociaciones con otras cosas o ideas, cuya afinidad en principio carece de evidencia. En este último caso, la habilidad del artista bien podría definirse como “su capacidad de evocar nuestro gran almacén de imágenes visuales sin que nos demos cuenta de su intención”. Pero, ¿cómo opera la metáfora en la arquitectura?

¿Es mediante la alusión de unas formas, concretas y tangibles, a otras, sugeridas, vagas e imprecisas?

¿Cabría considerar, por el contrario, una metáfora donde el significante no fuera la propia forma del edificio sino el proceso de proyecto que la anuncia y prefigura?

La metáfora sería entonces el catalizador del proyecto, su desencadenante; oscurecida en una forma sensible que camina ya libremente hacia la abstracción, sería tan sólo esa línea oblicua capaz de conectar y activar los estratos paralelos, indiferentes entre sí, de un proyecto de arquitectura.
Así lo entienden los artífi ces del edifi cio para Museo y Sede Institucional en Medina Azahara  (Córdoba, 1999-2008). Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano confiesan que, para ellos, “todo edificio tiene la capacidad de representar algo distinto a lo que es. […] Todo proyecto —incluso los que surgen de los conceptos más abstractos— se origina voluntaria o involuntariamente en una metáfora”. Pero ésta es apenas reconocible en la forma final del edificio, que puede resultar de un mutismo desconcertante. Es, por el contrario, en el proceso mental que los arquitectos llevan a cabo donde obra, en este caso, la metáfora de la excavación arqueológica (FIG. 01):

“Establecemos una malla ortogonal bidimensional, un punto de origen, y un nivel de altura referenciado. Delimitamos las cajas rectangulares a partir de las que iniciar la excavación del terreno: eliminamos capas sucesivas en estratos de espesor regular. La paciente tarea termina produciendo resultados esperanzadores: nuestras fotos, dibujos y notas de campo desvelan la planta de tres edificios, cuyos muros acaban configurando los que serán los espacios principales de la nueva sede: el Museo, el Auditorio, el Taller- Almacén. Consolidamos los muros, establecemos una cota uniforme de remate, los cubrimos, a su alrededor adecuamos nuevos espacios que servirán a los anteriores. Descubrimos pavimentos de antiguos patios y corredores: los restauramos, los hacemos protagonistas del nuevo proyecto. Delimitamos, finalmente, el ámbito de nuestra intervención, construyendo un cerramiento perimetral: un recinto que protegerá los restos encontrados…”.

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