12 established during the 20th century, with positions less dependent on the modern precepts and dogmas of the S.A.L.7 , opening a conflict in the national architecture that lasts until today. 3. FRAGILE SYSTEMS, WILLING AGENTS. The urban transformation of Bogota in the late 1990s8, and that of Medellin in the early 2000s9, led by a political class that, whom aware of the instrumentalization of architecture as a tool for social transformation, knew how to articulate projects with a pragmatic and coherent vision that energized cities, the practice of architecture and urban planning, becoming a relevant example of social intervention and public policies. However, if models are not updated they cease to operate, and today Medellín is slowly dying of success, absent of self-criticism and submerged in a morass of mediocrity; Bogotá is barely raising its head after several years of mediocre administrations, although some projects of the administrations of former Mayor Enrique Peñalosa10 , as well as some of the initiatives of former Mayor Claudia López are undoubtedly necessary to be remarked. In the two largest cities of the country, it is worth mentioning the effort and continuity that has been given to the projects carried out in the city of Barranquilla in the last 18 years in the Caribbean region. Little by little, they have given a face to its natural structures, such as the Magdalena River and the Caribbean coast, through the construction of public space projects such as the riverside promenade, or by the activation of beach areas, something unthinkable a few years ago. The model of public competitions has been a determining factor in the development of colombian architecture, allowing different groups of architects, regardless of age, access to the construction of important projects for the cities or the territory. Not only did this model provide opportunities for many, but it also allowed for an active and lively debate. Unfortunately, current politicians lack of ideas at the national, municipal and departmental levels, as well as the lack of management and leadership on the part of the guilds, have relegated the competitions to the background, resulting in a stagnation in the discussions and a lack of opportunities for architects to participate. The architectural cultural scene is reduced; neither galleries nor museums exhibit architecture on a regular basis, there are no specialized magazines, there is little exchange and mobility of architects between regions and with universities around the world; there are no specialized scholarships, public policies to support architecture as an intellectual discipline or ‘architecture as a cultural expression’ . 11 In Colombia today, there are no clear links between schools or intergenerational traditions, making the architecture history of Colombian an intermittent story, with relationships that are difficult to understand for any critic or historian who wants to take on the task of establishing clear and specific lines of thought in its origins and deviations. And on top of that, the majority of academia has little interest in generating academic exchanges with other ways of thinking and doing, each of which has constituted a monolithic bastion, self-referential and almost unchanging since the 70s and 80s. The forms of practice and disciplinary diversity resonate in a similar way in almost all of Latin America, where architecture is understood as a solution to material and social problems, and Colombia is no exception. In a few cases, architecture is understood as pelo de lo establecido durante el siglo XX, con posturas menos dependientes de los preceptos modernos y los dogmas de los S.A.L7, abriendo un conflicto en la arquitectura nacional aun latente. 3. SISTEMAS FRÁGILES, AGENTES DISPUESTOS. La transformación urbana de Bogotá de finales de los 90 del siglo XX8, y la de Medellín de los primeros años del 20009, lideradas por una clase política que, consciente de la instrumentalización de la arquitectura como herramienta de transformación social, supieron articular proyectos con una visión pragmática y coherente que dinamizó las ciudades, y también la práctica de la arquitectura y el urbanismo, convirtiéndose en un ejemplo relevante de intervención social y políticas públicas. Sin embargo, si los modelos no se actualizan dejan de operar, y hoy Medellín muere lentamente de éxito, ausente de autocrítica y sumida en una marisma de mediocridad; Bogotá apenas levanta cabeza después de varios años de administraciones mediocres, aunque sin duda, algunos proyectos de las administraciones del ex alcalde Enrique Peñalosa10, así como algunas de las iniciativas de la ex alcaldesa Claudia López son dignas de mencionar. Así las cosas en las dos ciudades más grandes del país, vale la pena mencionar los esfuerzos y la continuidad que se le ha dado a los proyectos realizados en la ciudad de Barranquilla en la región Caribe en los últimos 18 años. Poco a poco han ido dándole la cara a sus estructuras naturales como el rio Magdalena y la costa caribe a partir de la construcción de proyectos de espacio público como el malecón del rio, o incluso, el haber habilitado áreas de playa, algo impensable hace algunos años. El modelo de concursos públicos había sido determinante en el desarrollo de la arquitectura colombiana, permitiendo que diversos grupos de arquitectos indiferente de la edad, accediesen a la construcción de proyectos importantes para las ciudades o el territorio. Pues este modelo, no sólo abre oportunidades para muchos, sino que también permitía que la discusión estuviese activa, y fuese vivificante. Desafortunadamente, la falta de ideas de los políticos de turno en las administraciones nacionales, municipales y departamentales, y la ausencia de gestión y liderazgo desde los entes gremiales ha relegado los concursos a un segundo plano, arrastrando con si, un estancamiento en las discusiones y la ausencia de posibles espacios de participación para los arquitectos. La escena arquitectónica cultural es reducida; ni galerías, ni museos exhiben arquitectura habitualmente, no hay revistas especializadas, hay poco intercambio y movilidad de arquitectos entre las regiones y con universidades del mundo; No existen becas especializadas, políticas públicas de apoyo a la arquitectura como disciplina intelectual o de ´ésta como expresión cultural11. En Colombia hoy, no hay enlaces claros entre escuelas o tradiciones intergeneracionales, haciendo de la historia de la arquitectura colombiana un relato intermitente, con relaciones difíciles de entender para cualquier crítico o historiador que se quiera poner en la tarea de establecer líneas de pensamiento claras y específicas en sus orígenes y desviaciones. Para ajustar, el grueso de la academia tiene poco interés en generar intercambios académicos con otras maneras de pensar y de hacer, constituyéndose cada una como un bastión monolítico, auto referencial y casi inmutable desde los años 70 y 80. Las formas de práctica y diversidad disciplinar resuenan de manera similar en casi toda Latinoamérica, donde la arquitectura se entiende como la solución a problemas materiales y sociales y Colombia no es la excepción. En contados casos
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