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Reflexiones sobre la Terminal de Campanhã de Nuno Brandão

Este artículo, publicado en el #162 de TC Cuadernos reflexiona sobre cómo las infraestructuras de transporte se han convertido en los nuevos monumentos de las ciudades contemporáneas.

Utilizando como caso de estudio la reciente Terminal Intermodal de Campanhã de Nuno Brandão en Oporto, Nuno Grande analiza cómo este proyecto logra crear un hito urbano y una experiencia memorable para los usuarios, convirtiéndose así en un nuevo monumento para la ciudad.

El texto discute la evolución del concepto de monumentalidad a lo largo del siglo XX, desde el «culto moderno a los monumentos» históricos hasta la búsqueda de funcionabilidad y la aparición de arquitecturas icónicas mediáticas. En contraste, en el siglo XXI priman aspectos como la integración en el contexto, la escala local y la rehabilitación de espacios existentes bajo criterios de sostenibilidad.

En este nuevo paradigma, las infraestructuras energéticas, logísticas y de transporte son las que tendrán mayor capacidad para constituirse en nuevos monumentos urbanos. La Terminal de Campanhã es analizada como un caso emblemático de esta tendencia: una intervención que logra coser el tejido fragmentado de un área periférica de Oporto y proveer una experiencia urbana memorable para todos sus usuarios.

Nuno Brandao Terminal Campanha vista general
Terminal de Campanhã de Nuno Brandão ©️ Francisco Ascensão

La infraestructura como monumento urbano, por Nuno Grande

En las clases del Taller de Proyectos, que coordino en la Universidad de Coimbra, comento a menudo, en conversación con mis alumnos de máster, que las infraestructuras se han convertido en los monumentos de la contemporaneidad. De hecho, a medida que las sociedades modernas dejaron de destinar abultados fondos públicos a la construcción de grandes obras conmemorativas (de personalidades o acontecimientos), las simbologías colectivas, antes atribuidas a los monumentos históricos, pasaron a formar parte en gran medida de los equipamientos e infraestructuras urbanas.

La aparición de arquitecturas icónicas mediáticas

A lo largo del siglo XX, fuimos alimentando “el culto moderno a los monumentos”, como predijo Alöis Riegl en 1903, y luego nos dimos cuenta de que, además de monumentales y modernos, los nuevos equipamientos debían ser sobre todo funcionales, como propugnaron en 1943 Siegfried Giedion, J. Luis Sert y Fernand Léger en “Nueve puntos sobre la monumentalidad”.

A finales de ese mismo siglo, distintos programas dieron lugar a diversas arquitecturas mediatizadas, también llamadas “icónicas” (y no necesariamente funcionales) -nuevos museos, óperas, salas de conciertos, palacios de congresos, estadios-, con la que las ciudades pretendían destacar en el mapa de una economía cada vez más globalizada y “turistificada”; pero sobre todo a arquitecturas muy consumidoras de recursos naturales y energéticos.

Nuno Brandao Terminal Campanha vegetacion
Terminal de Campanhã de Nuno Brandão ©️ Francisco Ascensão

Hacia infraestructuras integradas y sostenibles

En el siglo en que vivimos -pródigo en crisis financieras, migratorias, sanitarias, logísticas y, sobre todo, medioambientales-, los equipamientos urbanos ya no quieren ser majestuosos y costosos, sino integrarse en contextos de proximidad, de escala local y ubicarse preferentemente en espacios rehabilitados desde la perspectiva de una economía más “circular”.

En un futuro próximo, y dada su evolución tecnológica y su especificidad programática, sólo las infraestructuras energéticas, logísticas y de movilidad podrán tener un mayor impacto territorial.

En este sentido, podemos imaginar, como “monumentos” del futuro, plantas de producción de energías renovables, aeropuertos, terminales marítimas, plataformas logísticas e interfaces de transporte. Corresponderá a los arquitectos, en articulación con otros saberes disciplinares, pensarlas y diseñarlas críticamente, para convertirlas, siempre que sea posible, en patrimonio colectivo del paisaje y de la ciudad.

La Terminal de Campanhã como caso de estudio

Estas reflexiones fueron retomadas y profundizadas con los referidos estudiantes de máster de mi universidad, tras una reciente visita de estudio que realizamos a la nueva Terminal Intermodal de Campanhã, acompañados por su autor, Nuno Brandão Costa.

Ganador de un concurso público de arquitectura, organizado por el Ayuntamiento de Oporto en 2016, este proyecto complementó y recalificó una franja urbana fuertemente marcada por la presencia de otras infraestructuras viarias y ferroviarias, concretamente por la Estrada da Circunvalação, la Via de Cintura Interna y la Estação de Campanhã, principales puertas de entrada a la ciudad desde su zona oriental.

Desde finales del siglo XIX, Campanhã se convirtió en un territorio de implantación de numerosas unidades industriales, barrios de viviendas sociales, programas logísticos (centrales eléctricas, matadero, mercado de abastos) y extensas obras de ingeniería viaria (puentes, viaductos, nudos de acceso), que acabaron por borrar y densificar el delicado tejido agrícola preexistente. En consecuencia, durante más de un siglo, las granjas y prados de este territorio rural han sido “engullidos” por una zona urbana deformada y fragmentada, en la que escasean los elementos monumentales de referencia, si exceptuamos la cercana presencia del Estádio do Dragão, inaugurado para la Eurocopa de Fútbol de 2004. La propia Estación Ferroviaria de Campanhã, en sus diversas fases de expansión, nunca consiguió crear una urbanidad cohesionada, capaz de “zurcir” los fragmentos que quedaban entre lo urbano y lo rural, entre la macroescala de las infraestructuras y la microescala de los barrios periféricos y las granjas.

Fue necesario esperar a la Terminal Intermodal de Campanhã (TIC) para que, a partir de 2022, esta cohesión urbana pudiera anunciarse, de forma asimilada, generando un lugar que, aunque reciente, ya forma parte de la memoria colectiva del este de Oporto. Y es precisamente esta característica la que lo convierte en un nuevo “monumento” de la ciudad, teniendo en cuenta las etimologías de esa palabra: del griego mnemosynon, y del latín monere, que significa “recordar” o “conmemorar”.

La TIC se ha convertido en un “monumento”, no sólo por sus diversas escalas arquitectónicas, a veces amplias, a veces compactas, sino sobre todo por la memorable experiencia colectiva que proporciona, tanto a los pasajeros como a los peatones. A los primeros, ofrece la posibilidad de alternar fácilmente entre modos de transporte -coche particular, taxi, autobús, metro urbano y trenes de larga y media distancia- en articulación con la vecina Estación de Campanhã; a los segundos, ofrece recorridos urbanos diversificados, entre las “puertas urbanas” que conecta y una sucesión de jardines que genera a su alrededor.

Nuno Brandao Terminal Campanha niveles
Terminal de Campanhã de Nuno Brandão ©️ Francisco Ascensão

Nuno Brandão Costa quiso convertir a los apresurados pasajeros de la Terminal Intermodal de Campanhã en paseantes satisfechos, estableciendo una especie de “columna vertebral” de cruce sur-norte, distribuida por tres niveles superpuestos: el inferior, como plataforma de acceso para peatones, coches y autobuses; el intermedio, como calle peatonal que integra tiendas, oficinas, salas de espera y aseos; y el superior, como paseo urbano al aire libre desde el que se puede observar el paisaje urbano circundante.

La inferior conecta los andenes de la carretera y del ferrocarril, la plaza “kiss-and-ride” y el aparcamiento cubierto. La calle intermedia comienza junto a la estación de Campanhã, al sur, y recorre todos los accesos verticales al andén inferior y al paseo superior; este último comienza en lo alto de una escalera pública, extendiéndose hacia el norte e inflexionando hasta llegar a la capilla de la Quinta de Vila Meã, uno de los palacios rurales de Campanhã, antaño en ruinas, pero ahora integrado en el programa de ocio del complejo.

Nuno Brandao Terminal Campanha aparcamiento
Terminal de Campanhã de Nuno Brandão ©️ Francisco Ascensão

Esta “columna vertebral” norte-sur, de cruce rápido y lineal, se complementa con una extensa “colina” ajardinada, al este, en la cubierta del aparcamiento, destinada a paseos más lentos y sinuosos, y que desciende, suavemente, hasta el nivel de las calles y barrios vecinos. Es precisamente en la transición entre estas dos velocidades cotidianas, entre estas dos texturas urbanas, entre lo “artificial” y lo “natural”, donde los pasajeros de las TIC se convierten en paseantes.

La horizontalidad del conjunto se ve puntualmente intercalada por los únicos elementos verticales que denuncian los sucesivos estratos de la terminal: escaleras y ascensores sobresalen de la larga fachada, en diversas dimensiones y posiciones, y un “cráter” se abre en la cima de la “colina” ajardinada, dejando al descubierto la plaza circular inferior donde se encuentra el “kiss-and-ride”. En estos momentos peculiares, el monumento revela sus entrañas.

Nuno Brandao Terminal Campanha (6)
Terminal de Campanhã de Nuno Brandão ©️ Francisco Ascensão

La estructura de la Terminal Intermodal de Campanhã está definida por un ritmo de pórticos, de hormigón armado visto, complementado por muros de ladrillo de cemento, sólo barnizados, y por otros acabados que se suponen sencillos. Esta frugalidad se extiende también a: los detalles de los marcos de aluminio de las ventanas y las barandillas de hierro galvanizado; la disposición de las infraestructuras de agua y saneamiento, siempre visibles en los techos; y las soluciones de ventilación pasiva aplicadas a las paradas de autobús y al aparcamiento. Se trata, en definitiva, de un cuerpo arquitectónico dejado prácticamente “en los huesos”, a la espera de ser recorrido por la brisa y la luz natural que lo rodea. Este equilibrio ecológico está garantizado además por la cubierta vegetal, en pradera espontánea, por los caminos de grava y por las estructuras de madera que rellenan la “colina” ajardinada, todo ello articulado mediante el diseño de la arquitecta paisajista Rita Guedes.

Nuno Brandao Terminal Campanha maqueta

En la parte superior sur del complejo, Nuno Brandão Costa invitó al escultor Francisco Tropa a marcar con sus obras el acceso a los jardines y a la terminal. En el exterior, el escultor creó dos fuentes, en piedra y bronce, que evocan el agua, elemento complementario de la tierra y el aire. En el interior, diferentes figuras humanas, también de bronce, se mezclan con los pasajeros, habitando este lugar de forma permanente. A partir de ahora, ellos serán los guardianes de este monumento; es decir, de la memoria colectiva que allí se está consolidando, y que seguramente vivirá allí durante mucho tiempo.

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