Conversación con Patxi Mangado
La siguiente conversación tuvo lugar en la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, el viernes 27 de octubre de 2017, en el marco de las jornadas sobre Arquitectura y Vejez organizadas por la Fundación Arquitectura y Sociedad. Sentados en la terraza, alrededor de una pequeña mesa redonda en la que Francisco Mangado ha estado atendiendo y conversando con varios de los asistentes a las jornadas, comenzamos a departir animosamente a pesar de ser la hora de la sobremesa y de que Patxi ha tenido unas jornadas particularmente duras después de una reciente rotura de ligamento del talón durante una visita de obra. Pero si algo caracteriza a Patxi es su incontenible energía en todo momento y circunstancia, de la que ha dado gala estos días a pesar de las muletas y del dolor que le acompaña, y emprende la conversación con la misma voluntad desbordante.

Ricardo Meri: ¿Por dónde empezamos? Te parece si vamos hacia atrás, a tu formación…
Francisco Mangado: Si, claro. Mi formación como sabes empezó en relación con la economía y empecé a estudiar en la Universidad Comercial de Deusto Ciencias Económicas y Derecho.
RM: ¿Y por qué decides cambiar a Arquitectura?
PM: Bueno, quería hacer Arquitectura. Verás, en realidad lo que siempre hubiera querido es ser Ingeniero Naval. Por la Arquitectura Naval. Me gustaba la forma de los barcos, me fascinaba. Entonces cuando estaba estudiando 6º de Bachillerato me enteré que no había nada más que una escuela de Ingeniería Naval, en Madrid, cosa que me defraudó muchísimo. Y que además sólo había una asignatura de Arquitectura Naval; que en realidad los Ingenieros Navales estudiaban máquinas y cosas similares. Lo que me acabo de defraudar. Y me dije que lo más parecido a la Arquitectura Naval era la Arquitectura, así que decidí estudiar Arquitectura. Fui a la Escuela de Arquitectura en Pamplona y no me admitieron porque consideraron que no servía para arquitecto. Entonces era muy joven, había acabado muy rápido el Bachillerato, y para mi padre, que había trabajado siempre en el mundo de la banca, la Universidad Comercial de Deusto había sido siempre un mito. Él había trabajado en el Banco de Bilbao, así que me mandó a estudiar allí muy contento.
Fui de los primeros en mi promoción en Deusto, pero me dije: voy a probar Arquitectura. Bastaba que me hubieran dicho que no para renunciar pero volví a la Escuela de Arquitectura de Pamplona y me admitieron. Y aquí estoy.
RM: ¿Y acabaste las dos carreras?
FM: No. Luego estudié Económicas por la UNED mientras hacía arquitectura, Derecho lo dejé. Y ya no fue Empresariales sino economía política, historia del pensamiento económico, que me gusta muchísimo. Me parece que la historia económica es interesantísima, explica tantísimas cosas…

RM: No sé si conoces la conferencia que ha dado en alguna ocasión Eduardo Souto de Moura poniendo en relación el poder económico y la arquitectura…
FM: En muchos casos la arquitectura es la expresión del poder económico. Hay que tenerlo en cuenta. Y sobre todo, la economía tiene cosas parecidas con la arquitectura. La economía no es una ciencia exacta, es una ciencia social. Es por lo tanto una ciencia que se basa en modelos, y los modelos nunca son perfectos. Los economistas tratan de que sean lo más exactos posibles incluyendo la mayor cantidad de variables posibles, pero al final las fórmulas se complican y se hace necesario sintetizar y simplificar. No deja de ser resolver sistemas de variables complejas y manejar simultáneamente mucha información. Cosa que pasa también en la arquitectura. Ordenamos una serie de información y de decisiones complejas. Y en ese sentido, es curioso, porque las dos especulan y proponen, de alguna manera las dos trabajan con la realidad, pero tienen a su vez esa gran dosis de imaginería.
RM: Y casi están más preocupadas por las hipótesis que por las tesis.
FM: Exactamente, las tesis sirven para alimentar y animar las hipótesis.
RM: ¿Y en la Escuela de Pamplona?
FM: En la Escuela de Pamplona, por la formación que traía, la manera de haberme enfrentado a la enseñanza en el Bachillerato y por esa formación económica previa, realmente me costó descubrir la arquitectura. Estaba más confiado en las ciencias básicas y las técnicas, hasta que de repente en tercero descubrí a Javier Carvajal. Y Javier Carvajal me abrió el mundo de la Arquitectura.

RM: Carvajal fue fundamental para muchos arquitectos de tu generación, ¿no?
FM: Sobre todo me enseñó dos cosas. Primero, que las cosas no son como parecen, que siempre hay una doble, triple e incluso cuádruple lectura detrás. Segundo, me enseñó a no adocenarme, a buscar siempre algo más, esa sensación de que incluso cuando acabas todavía te faltaba camino por recorrer, y por lo tanto la próxima vez tienes que seguir buscando ese algo más. La ilusión, y el no conformarse. Al final eso tiene sus inconvenientes y tiene muchas ventajas, más inconvenientes que ventajas, supongo.
RM: No lo sé. No lo tengo claro.
FM: No decir no, está bien, porque te estimula, porque eres una persona que busca, ilusionada, optimista. Pero claro, también llega un momento que te cargas de cosas, de mochilas innecesarias, pero bueno. Estas actitudes me enseñó Carvajal. Me enseñó actitudes, que es lo que yo aspiro a enseñar en la universidad, en la Escuela de Arquitectura. Siempre he dicho que a mí no me interesa tanto los proyectos concretos, ni lo que hacen los alumnos en la escuela, cuanto lo que evolucionan en el sentido que te indico: la ilusión, dar más, reivindicar el derecho a equivocarse, que es algo fundamental. Uno se tiene que equivocar. El que se queda dónde está y no arriesga no tiene ningún interés. Creo que hay dos condiciones fundamentales para ser arquitecto: una es el interés, es decir, entender que la realidad por difícil y tediosa que parezca siempre es infinitamente más compleja. Es infinitamente más rica, no importa los condicionantes, hasta el punto de convertirse en el mejor crisol, la mejor fuente para la generación de la arquitectura. Y luego esta otra condición referida al entusiasmo, al trabajo, al esfuerzo. Estas son dos actitudes que creo básicas. Independientemente de cómo hayan cambiado los instrumentos para hacer arquitectura, la sociedad a la que te enfrentas, las circunstancias, los contextos, esas dos maneras de abordar nuestro trabajo son esenciales. Leer la realidad de una manera inteligente, generosa y positiva para que la arquitectura sea capaz, en la medida que le corresponda, de transformarla. Y luego, tener ilusión, que es tanto como disfrutar trabajando.
RM: El esfuerzo que va detrás. A mí me ocurrió algo parecido a lo que cuentas. Cuando llegué a trabajar al estudio de Eduardo Souto de Moura iba buscando certezas, y salí de allí con muchas más dudas pero con una actitud hacia ellas, consciente de que todo era cuestión de actitud.
FM: Estoy totalmente de acuerdo. Lo comentaba un día con Juhani Pallasmaa: “ es que yo no tengo más que dudas, tengo muchas más dudas que antes ”. Y él me respondió: “vas bien, vas bien”. Esto es como lo del creyente que dice que cada vez tiene más preguntas o dudas, y le responden que precisamente eso es la fe. Pues esto es un poco parecido. Creo que en este momento, estoy de acuerdo contigo, lo que hay que reivindicar son actitudes, porque entre otras cosas la sociedad no nos deja muchas oportunidades de hacer arquitectura. Por lo tanto, los arquitectos lo que si podemos es influir a través de esas actitudes, que se han reforzado a través de la formación pero sobre todo del día a día. Por lo tanto, la formación de la arquitectura tiene que ser consciente de estas cosas. No se trata tanto de los conocimientos que tengamos que ofrecer, como de las maneras para adquirir esos conocimientos.

RM: Ahora además el arquitecto hace muchas cosas diferentes. Tú, en realidad, siempre has hecho muchas cosas. De hecho, ese no decir no que te caracteriza te ha llevado a hacer todas esas cosas: mobiliario, con Diseño Ibérico, la Fundación Arquitectura y Sociedad, la docencia, las experiencias editoriales…
FM: Seguramente hago todo muy mal pero…pero disfruto. Creo que al final es todo lo mismo. El arquitecto es más una condición que un resultado. Soy por ejemplo de los que creen que los arquitectos serían unos fantásticos directores de empresas. Porque entre otras cosas somos capaces de modelizar el manejo de circunstancias muy difíciles, muy contradictorias, y sintetizarlas. Creo que la formación de arquitecto es una formación muy buena para hacer muchas cosas.
RM: Uno de mis socios siempre decía que el problema nuestro, de los arquitectos, para la parte empresarial, era que como nos gustaba tanto lo que hacíamos no nos importaba pagar por hacerlo. Lo cual económicamente, para la empresa, era un desastre. Y eso me lo recordaba a mí porque había aprendido y asumido que es necesario hacer y rehacer el proyecto veinte veces hasta que está en su sitio. Creo que eso es lo que nos penaliza…
FM: No hay nada menos rentable que un buen arquitecto (risas). Cuidado, no hay nada menos rentable para nosotros. Sin embargo un buen arquitecto es extremadamente rentable para la propiedad, para los que servimos, para la sociedad, eso es así. Cuando digo que el arquitecto es más una actitud que un resultado, estoy hablando de esto. La formación que recibimos, muchas veces una formación que despreciamos, que minusvaloramos, quizás porque no entramos en analizar los fundamentos y nos quedamos más en la manera en la que se presenta, principalmente solo desarrollando proyectos, es reciclable a muchísimas otras disciplinas. Te hablaba antes de la economía, lo veo clarísimo. Porque al final, ¿qué hace un director, un gerente sino manejar situaciones diversas e intentar sintetizarlas? Creo que es importante, tenemos una formación muy interesante.
RM: A lo largo de los años, ¿han variado mucho tus intereses y preocupaciones, o se mantienen más o menos estables?
FM: Bueno, se mantienen. Hay una línea básica y fundamental que al final te define. Igualmente esos intereses vienen un poco derivados de cómo tú eres. Y eso se mantiene más o menos a lo largo del tiempo. Pero qué duda cabe que también tiene que haber una adaptación. No soy el mismo de hace unos años, ni tengo las mismas experiencias, y he acumulado conocimientos diversos. El tiempo hace también que te atraigan más los fundamentos que las maneras exteriores, y esto te hace cambiar. Yo diría que en muchos casos me he hecho mucho más comprensivo, pero no tanto como una condición de generosidad para con los demás, sino más bien de generosidad conmigo mismo. Porque en la medida que te hace más comprensivo también asumes más información, adquieres más conocimiento, necesariamente tienes que abrirte. Sobre todo si lo que quieres es progresar.
RM: Te otorgas tiempos…
FM: Claro. Siempre digo que lo que quiero es hacer mejor las cosas. Y para eso tenemos que tener más conocimientos, más influencias, más inputs. Así el cambio es inevitable. Te haces más reflexivo, te interesas por muchas más cosas, tienes siempre una visión más amplia. Por otra parte, hay algo que creo que es muy bueno y es que con la edad cada vez piensas menos que eres el centro del mundo. Te das cuenta de que hay muchos otros y, por cierto, mucho más interesantes o, como mínimo, tan interesantes como tú mismo. En términos de arquitectura, hay una cuestión que es muy importante: siempre he dicho que no tengo preocupación por definir un estilo de hacer arquitectura, ni me interesa…

RM: ¿No hay una arquitectura Patxi Mangado?
FM: Bueno, hay una manera de hacer y unos resultados. Pero lo que me interesan son los principios. Me interesa la unidad de principios pues me parece de alguna manera sinónimo de una cierta atemporalidad. Los intereses respecto a la arquitectura son bastante similares: creo en una arquitectura contextual; en una arquitectura que nace de la realidad y que no la desprecia; no creo en una arquitectura sólo objetual; me interesa una arquitectura de servicio; naturalmente utilizo determinados instrumentos de una manera permanente, como son la preocupación espacial y la preocupación material; siempre busco una idea, un fundamento, que está detrás del proyecto, normalmente relacionado con la historia o con el contexto físico… Esas preocupaciones permanecen. Todo ello es lo que me permite dar respuestas distintas en tiempos y en lugares distintos manteniendo no obstante una unidad, una comunidad conceptual que más o menos se repite. Las identidades que acaban siendo fundamentalmente identidades de apariencia, identidades estilísticas, de imagen o de vocabulario, me interesan menos. Porque, entre otras cosas, son impositivas. Es decir, no están muy atentas a lo que pasa alrededor, responden más a la voluntad de imponer que a la de dar respuesta, es más un homenaje al que hace, que una respuesta a los que servimos. En ese sentido, no entiendo que la arquitectura, para ser brillante, atractiva, fantástica, propia de su tiempo y ajustada a unas necesidades tenga que estar al margen de la realidad. Es más, creo que es un discurso falso. Es un discurso fácil, que efectivamente está pregonado, organizado y soportado por el mercado, pero que, como el mismo mercado necesita cambiar continuamente. Todo ello expresa una profunda banalidad.
RM: …que devora a sus propios hijos.
FM: Exacto. Por eso hay tantas arquitecturas de “estilo” que se consumen tan rápido. Sin embargo, la arquitectura de unidad, o de fundamento, permanece más. Se trata de una arquitectura mucho más sólida y mucho más seria, porque, entre otras cosas, permite adaptarse a muchas circunstancias y ser ella misma sin ser necesariamente idéntica. Claro que exige un juicio crítico también más formado y sólido.
RM: Y de esa manera de hacer ¿hay alguna clave en el método de trabajo? ¿Cuándo proyectas, lo haces sólo, en compañía, hablando…?
FM: Proyecto casi siempre solo. Es verdad que el proyecto es una cosa muy compleja en la que, evidentemente, interviene mucha gente. Y cuando acabo un edificio no puedo decir que es un proyecto mío. Es un proyecto de mi gente, de los que trabajan conmigo, del constructor, del arquitecto municipal que lo apoya, etc. Pero el hecho de proyectar si lo hago sólo.
(…)
Esta entrevista continúa en el próximo número de TC Cuadernos dedicado a Patxi Mangado
Nota: Algunos monstruos de Patxi Mangado se pueden encontrar en los cuadernos de notas publicados en: Francisco Mangado Monsters Notebook, Oris House of Architecture, Zagreb.

