Palabras a mano alzada… nulla dies sine linea

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Libro por el aniversario de TC Cuadernos

Con motivo del 25 aniversario de la revista TC Cuadernos comenzamos a preparar un libro que de alguna manera fuese un homenaje a los arquitectos que han participado durante estos años en la colección, o en otros libros y monografías de las distintas cabeceras de la editorial. El libro en cuestión acaba de ser publicado con el título Palabras a mano alzada. Recoge, por una parte, una recopilación de entrevistas publicadas en TC y otras que en su momento no fueron incluidas en las monografías o que han sido realizadas ex-profeso para la ocasión; por otra, dibujos y bocetos a mano alzada de los arquitectos que permiten tener una bonita panorámica de la relación entre pensamiento y proceso de creación.

Adelantamos a continuación uno de los textos que presentan el libro.

El dibujo y la arquitectura

Hace mucho tiempo Plinio el viejo exhortaba a no dejar pasar el día sin escribir una línea más. Fernando Távora aprovechaba ese nulla dies sine linea para alentar a los alumnos a dibujar, de manera constante, como el lugar en el que ocurren las cosas.

Existe una cierta similitud entre el diálogo que se da en una conversación y el que ocurre cuando dibujamos. En ambos sucede esa concatenación de la que surgen las cosas: unas palabras nos llevan a otras; una línea hace de puente a la siguiente. Pero para que eso ocurra hace falta saber escuchar en un caso, saber mirar en el otro.

En el diálogo de la conversación nos descubrimos a nosotros mismos por lo que nuestras palabras reflejan en nuestro interlocutor, de manera análoga a como el dibujo nos revela como es nuestra percepción de la realidad. Pero al mismo tiempo, ambos diálogos deben asumir la existencia de la contradicción que, como decía Heráclito, no paraliza sino que dinamiza el proceso de descubrimiento.

Como evitar asociarlo a las clases de proyectos donde la conversación entre estudiante y profesor es, precisamente, la que conduce los temas a tratar. La transferencia se da en forma de diálogo. Una conversación que coge forma de animal y se aovilla, se estira, salta o se para a contemplar, de manera general o detalladamente, algún aspecto del proyecto que tenemos frente a nosotros. El diálogo siempre es más vivo y puedes contemplar como tus ideas crecen en las manos de otro, o viceversa, al apropiártelas das nueva forma a los pensamientos de tu interlocutor. Crece al mismo tiempo que el dibujo a cuatro manos se va apropiando del papel que el alumno ha colocado entre nosotros dispuesto a verlo transmutar bajo el lápiz o la pluma.

James Elkins le escribía a John Berger en una carta del 29 de enero de 2004[1]: “El dibujo doblega mis pensamientos y los lleva hacia la casi indescriptible distancia que existe entre el modelo y los movimientos de mi mano”.

Y es que el dibujo transporta, traslada, pero sobre todo traduce, como decía Robin Evans[2]. Transporta realidades, traslada pensamientos y traduce ambos, entre ambos y sobre ellos mismos. El dibujo de arquitectura es vehículo, y por lo tanto tránsito, pero al mismo tiempo es fin y objeto último, tiene vida propia. Es como la sombra en la caverna de Platón, pero aún más, es también objeto ideal reflejado que proyecta su propia sombra en la realidad futura que anhelamos.

El dibujo transporta realidad a la nueva realidad, en un proceso objetivo cuya mayor virtud consiste precisamente en su capacidad para reflejar la información con la máxima fidelidad, la mínima pérdida de realidad, en el proceso. El dibujo traslada, la realidad al pensamiento para poder comprenderla y aprehenderla; el pensamiento al papel para poder fijarlo, conservarlo y medirlo en todas sus repercusiones. El dibujo de arquitectura traduce, la realidad en entidad comunicable; el pensamiento en potencia de futura realidad aprehensible.

El dibujo anticipa y representa la realidad. Es real antes de que lo real sea. El dibujo es un puzle cuyas piezas mutan en nuestra cabeza para construir una imagen de la realidad futura a la que aspiramos; precisamente por apresar el futuro no contribuye a fijarlo en la realidad física sino que lo traslada al pensamiento de los demás.

Palabras a Mano alzada

El dibujo de viaje ha sido la gran escuela de la arquitectura. Aquel que no viaja dibujando sólo tiene memorias inconexas de lo vivido, o colecciones de imágenes olvidadas o en el mejor, o el peor, de los casos subidas a algún lugar virtual. Aquello que al mismo tiempo puede ser eterno y efímero no es nada…sobre todo no es dibujo. Porque el dibujo precisamente transforma lo efímero en eterno, y traslada lo eterno al pensamiento (propio y de los otros).

Nadie dibuja sólo por dibujar. Dibujar no es un hobby, dibujar, en arquitectura, significa tener que resolver un problema. Los arquitectos dibujan por deber, no por placer (…) Dibujar, en arquitectura, es correr contra el tiempo (…)[3]. Porque, como escribía Siza, en portugués riscar es (ar)riscar, es estudiar corrientes, remolinos, buscar ensenadas antes de trazar en el papel[4]. En cada trazo se corre un riesgo; en cada boceto se busca un objetivo;  en cada dibujo queda algo de nosotros.

En el prólogo del fabuloso libro llamado Esquissos de Viagem, Fernando Távora parafraseando a Le Corbuiser  sobre la manera de dibujar de Álvaro Siza escribía: “Mon cher, vous dessinez comme un ange![5]. En este libro se recogen muchas maneras de dibujar diferentes: delicadas o expresivas, sintéticas o con profusión de detalles, coloridas o monocromas; algunas nos transmiten recuerdos de otras maneras de dibujar que ya hemos visto antes; otras son personales e intransferibles. Cada lector puede realizar sus propias asociaciones, casi como si de un juego se tratase.

Planta de la Alhambra

Porque, claro, el dibujo de arquitectura es al tiempo objetivo y subjetivo: comunica, representa, fija impresiones, almacena; es el guardián de la arquitectura, de lo vivido y de lo que se vivirá. Como los buenos libros, está compuesto de múltiples capas, cada una de ellas ofreciendo cosas diferentes a aquel que es capaz de leerlas, de descifrarlas. El código de traducción del dibujo es tan importante como el dibujo en sí mismo. Sin la llave que abre el dibujo solo nos quedamos con el exterior del cofre del tesoro, y como Shakespeare en el mercader de Venecia, tal vez esto pueda confundirnos.

Decía Xumeu Mestre que “el perro ladra, el cuervo grazna, el elefante barrita y el arquitecto dibuja[6]. Tal vez llegue el día que el arquitecto no necesite traductores (de su pensamiento a la realidad) y que la arquitectura surja de su mente como la naturaleza del deseo divino.

Pero mientras tanto, el arquitecto dibuja…

…y siempre es un placer releer entre sus palabras a mano alzada.

 

Ricardo Merí de la Maza y Carlos Merí Cucart *

Publicado en el libro: Palabras a mano alzada

* En recuerdo del curso compartido de proyecto final de máster 2017-18. 

[1] James Elkins. Correspondencia con John Berger recogida en: “Distancia y dibujos”. En: Berger, John. Sobre el dibujo. Barcelona: Gustavo Gili, 2011.

[2] Robin Evans. “Translations from drawing to building”, AA files 12, 1986, 3-18.

[3] Eduardo Souto de Moura. “Bic,Bic,Bic…Bic Cristal”. Oporto, 2002. Incluido en: Esposito, Antonio y  Giovanni Leoni. Eduardo Souto de Moura. Electa, Milano, 2003.

[4] Álvaro Siza. “Ocho puntos”. Oporto, 1983. Incluido en: Muro, Carles [ed.]. Álvaro Siza. Escrits. Barcelona, UPC, 1994.

[5] Álvaro Siza. Esquissos de Viagem / Travel Sketches, Documentos de Arquitectura, Porto, 1998. (Edición a cargo de Eduardo Souto de Moura, Antonio Portugal, Manuel Maria Reis y José Paulo dos Santos).

[6]El arquitecto dibuja”. Conferencia de Josep Quetglas y Josep Llinás dentro del ciclo de conferencias “Lecciones de Ruta”, moderada por Xumeu Mestre el 26 de noviembre de 2008 en la ETSAB.

Sobre el autor del artículo

Doctor Arquitecto. Director de la revista TC Cuadernos

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