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Kengo Kuma. De lo rural y lo neo rural

Javier Villar explora, en este artículo publicado en TC 158, la evolución del enfoque arquitectónico de Kengo Kuma & Associates profundizando en dos fases clave de su trabajo: sus primeros proyectos «rurales» y los más recientes esfuerzos «neo-rurales».

Villar explica cómo los primeros pasos de KKAA se enraizaron firmemente en entornos rurales, donde la firma abrazó los materiales, técnicas y la integración contextual locales, a menudo reviviendo la artesanía tradicional. Estos proyectos rurales no solo ayudaron a KKAA a establecer su distintivo lenguaje de diseño, sino que también sirvieron para revitalizar comunidades remotas que enfrentaban la despoblación.

El artículo luego examina el surgimiento de la arquitectura «neo-rural» de KKAA, que refleja un cambio social más amplio en la forma en que se percibe el mundo rural. Ya no visto de manera nostálgica, lo rural ahora se considera un fundamento crucial para futuros sostenibles, inspirando soluciones arquitectónicas innovadoras que aprovechan los recursos y tecnologías locales de maneras inesperadas.

De lo rural y lo neo rural

Ya en las primeras monografías y entrevistas publicadas sobre KKAA, se ha contado en diversas ocasiones como esta práctica arquitectónica fundada por Kengo Kuma, tomó su primera forma de pequeño atelier justo a puertas de la fuerte crisis económica que asoló a Japón en los 90. Con el omnipotente Tokyo en plena confusión, los primeros proyectos que acometió KKAA fueron de pequeña escala, generalmente ubicados en zonas rurales, incluso algunas en zonas realmente remotas dentro del territorio japonés.

Es en esos primeros proyectos, alejados de la ciudad y de sus procesos económicos ya intensamente ligados a la globalización, que empieza a crecer su interés por mirar hacia lo local y los contextos específicos donde se trabaja.

Por entrar en situación, hasta esos años 90, las arquitecturas de fuerza, abanderadas de esa economía pujante de las décadas anteriores y con ambición de posicionar a Japón como potencia mundial, habían solventado sus complejos adoptando, sin contemplaciones, la hegemonía material del hormigón, el acero y cristal de las arquitecturas occidentales de referencia.

Algunos grandes arquitectos japoneses consiguieron nacionalizar soluciones formales modernas que de forma evidente hacían referencia a la herencia estética de la arquitectura tradicional. Pero solo en contadas ocasiones, más osadas que geniales, esos esfuerzos trascendieron al campo constructivo o material.

Con la crisis económica, las prácticas arquitectónicas ya en activo se las apañaban para acaparar el trabajo, de repente escaso, con propuestas más comedidas, pero sin poner en cuestión el lenguaje arquitectónico de los años de bonanza. Por otro lado, cada vez más, los grandes proyectos se confiaban directamente a grandes constructoras con la intención de simplificar sus desarrollos y reducir riesgos, hecho que obviamente no fomentó la búsqueda de nuevas soluciones arquitectónicas sino todo lo contrario: normalizó y estandarizó lo más posible esas tendencias ya consolidadas. Por otro lado, son las nuevas prácticas que aparecen justo en ese periodo que subsisten precariamente y alguna buscan proyectos en otras realidades, lejos de la cultura urbana, como fue el caso de KKAA.

Kengo Kuma. Centro Comunitario de Towada. Aomori, Japón
Kengo Kuma. Centro Comunitario de Towada. Aomori, Japón
Fotografía:Kenta Hasegawa

Arquitecturas Rurales

Kengo Kuma & Associates da sus primeros pasos en semejante situación, aceptando encargos que, por su tamaño, localización remota o sus humildes ambiciones, hubiesen sido descartados en los frenéticos años anteriores. Muchos de esos pequeños proyectos han pasado al olvido, pero algunos son aún importantes para entender esos inicios que toman forma en un entorno rural y que van a marcar la actitud del estudio en sus décadas posteriores.

Lo crucial es entender que ese mundo rural donde se ubican estos primeros proyectos no es considerado por Kengo Kuma como una mera incomoda localización, hecho habitual en esos años donde el Japón rural era invadido por estructuras de naturaleza urbana, extrañamente ajenas a su realidad circundante. Opuestamente, el mundo rural pasa a ser el punto de partida con el que concebir y al qué dirigir todos los esfuerzos arquitectónicos de los proyectos en los que se trabaja. El mundo rural es el tema sobre el que trabajan todos esos proyectos.

Los centros comunitarios Takayanagi y el de Towada, la casita en los campos de Memu, el museo de arte de Cómico, entre otros, mimetizan tipologías domesticas rurales. Es en esos proyectos y en sus formas algo ingenuas que podemos leer un deseo de continuismo con la identidad rural para desaparecer dentro de su contexto.En otras ocasiones, son los materiales o sistemas constructivos locales, que implican de forma intensa el proyecto en su entorno natural, económico y social. Este es el caso de proyectos como el museo de Hiroshige Ando, acabado en lamas de madera de un bosque adyacente; las fachadas de paja “kayabuki” del mercado comunitario de Yusuhara que proponen una nueva aplicación de este material de techados tradicionales de la zona; o el uso exagerado casi obsesivo del bambú local en forma de pieles contemporáneas en los diferentes proyectos realizados en Taketa.

 

Kengo Kuma. Interior Centro Comunitario de Towada. Aomori, Japón
Kengo Kuma. Centro Comunitario de Towada. Aomori, Japón
Fotografía:Kenta Hasegawa

 

Todos estos proyectos en los que el mundo rural es el punto de partida consiguen no sólo una integración de la arquitectura en estos contextos tan delicados, sino que también ayudan a mantener, incluso recuperar, prácticas artesanas y materiales locales hasta ahora considerados obsoletos para la arquitectura contemporánea. Ese proceso de observación de técnicas y materiales disponibles y búsqueda de sus posibles nuevas aplicaciones en clave moderna, en intensa colaboración con los artesanos, se convierte en un modus operandi que marcará la estrategia proyectual de KKAA tanto en proyectos de ámbito rural como urbano, dentro y fuera de Japón.

Es interesante observar que, a pesar de que este tipo de proyectos fueron los que ocuparon la práctica de KKAA en sus principios, han seguido siendo una parte esencial de su práctica arquitectónica, especialmente intensa en los últimos años. Estas obras sembradas, una a una, en las últimas décadas, han ido cobrando atención y convirtiéndose en focos de atracción hacia estas zonas rurales que estaban cayendo en el olvido, fuertemente afectadas por un vertiginoso proceso de despoblación. Poblaciones realmente remotas como Yusuhara, después del efecto que tuvieron los primeros proyectos de KKAA en su zona, han seguido confiando en la promoción de proyectos de calidad como estrategia de revitalización. No se trata sólo de crear un reclamo arquitectónico sino también, a través de las actividades públicas que ésta facilita, crear un sentido de comunidad, de apreciación por pertenecer a un lugar y reconocimiento de los elementos que marcan su identidad.

Este es un proceso que ha durado décadas, resultando en una serie orquestada de proyectos públicos fruto de los esfuerzos conjuntos entre las autoridades locales y KKAA; y que ha sido ejemplo para otras poblaciones en circunstancias parecidas, como Taketa, Minamisanriku etc. para desarrollar iniciativas de este tipo.

Kengo Kuma. Museo de Arte Comico en Yufuin
Kengo Kuma. Museo de Arte Comico en Yufuin. Oita, Japón
Fotografía:FUJITSUKAMitsumasa
Kengo Kuma. Museo de Historia y Cultura de Taketa
Kengo Kuma. Museo de Historia y Cultura de Taketa. Taketa, Oita, Japón
Kengo Kuma. Casa Experimental Memu
Kengo Kuma. Casa Experimental Memu. Hokkaido, Japón
Kengo Kuma. Mercado de Yusuhara
Kengo Kuma. Mercado de Yusuhara. Yusuhara-Cho, Takaoka-Gun, Kochi, Japón
Fotografía: Takumi Ota

 

Arquitecturas Neo Rurales

En los últimos años, el mundo rural ha pasado a ser tema fundamental de discusión.

Inicialmente por la condescendiente preocupación por esa despoblación que avanza a grandes creces, cebándose con las pequeñas poblaciones mientras mantiene la presión sobre las grandes ciudades. Pero actualmente, intensificada por esta omnipresente pandemia, esa reflexión sobre la realidad rural ha tomado también forma de espejo comparativo donde escrutar los principios y méritos del mundo urbano que tanto han entusiasmado a la humanidad en el último siglo y medio.

La naturaleza de estos proyectos neo-rurales, de los que algunos se exponen en este volumen, no es necesariamente consecuencia de una actitud proyectual. Mas bien responde a un cambio de actitud fruto de estas discusiones que han puesto al mundo rural como piedra angular para buscar futuros más sostenibles, incluso para las realidades urbanas. El mundo rural ya no se nos presenta de forma nostálgica, como un momento proto-urbano perteneciente al pasado; sino como una evolución necesaria a la que tender para corregir los excesos y perversiones acumulados por la desenfrenada actividad humana en constante crecimiento.

Así como en las arquitecturas rurales, expuestas en el punto anterior donde los proyectos se comisionan con la esperanza de recordar al mundo urbano que también hay interés y atractivo lejos de las ciudades, las arquitecturas neo-rurales, desprovistas de complejos, tienen ambición propia. Los proyectos ya no nacen como solución al problema de lo rural; sino como oportunidades para buscar nuevas y mejores realidades propias.

Proyectos como el Mont-Blanc Base Camp, incubadora y centro de desarrollo de productos para deportes extremos alpinos, al pie de la montaña que le da el nombre; la escuela Morinos de estudios avanzados sobre forestación, rodeados de frondosos bosques; o el Museo de Arte para la China Academy of Arts, con sus casi 5000m2 de espacios dedicados a la exhibición, estudio y difusión de las artes aplicadas al diseño, tendidos sobre laderas de colinas dedicadas al cultivo del té, denotan un cambio de paradigma en el que ya no son las ciudades las que acaparan con ambición actividades ligadas a la cultura y la investigación.

En estos proyectos, son los materiales ligados a la identidad de la zona (las planchas y los troncos de madera de los dos primeros, y las tejas tradicionales en el museo) que quedan puestos en valor, utilizándolos de forma inesperada, exagerando su escala o su repetición.

En otros proyectos que acogen actividades de desarrollo tecnológico, como en el Sogokaku Design Lab, centrado en procesos de moldeado de uretanos, o el Komatsu Seiren Fabric Lab, puntero en la producción de cables de fibra de carbono ultra resistentes, son los propios materiales y las tecnologías que acogen que se convierten en solución y expresión del proyecto arquitectónico.

La casita en los campos de Memu toma los principios de aislamiento térmico de las construcciones tradicionales de esta zona septentrional de Japón, basados en la creación de cámaras de aire entre capas de follaje seco, y los repropone en combinación con elementos altamente tecnológicos consiguiendo así un confort basado en la ligereza (y no en el espesor) que se nos revela en forma de transparencia de sus luces al anochecer.

Como vemos en estos y otros proyectos que responden a una realidad neo-rural, desarrollan con inquietud y ambición soluciones propias, sean formales, tecnológicas o programáticas. No se conforman con ser un eco diferido de hazañas narradas desde la ciudad. Ya no se trata de hablar sobre el mundo rural sino de actuar en el mundo rural; sorprendiendo, innovando y dando importancia a sus prácticas cada vez más diversas, sea cultivado patentes o criando gallinas.

Es inevitable acabar diciendo que tanto los proyectos de carácter rural como neo-rural son a fin de cuentas parte de un mismo fenómeno, que es el no ser urbanos; y que la relación de estas tres realidades es íntimamente interdependiente. Los proyectos de ámbito rural que tratan de lidiar con los efectos colaterales de un mundo urbano que crece sin aparente control. Los proyectos de ámbito neo-rural que ya emancipados de esa quimera urbana demuestran su despecho buscando el futuro fuera de las ciudades. Y esa realidad urbana que ha mirado siempre a lo rural con nostalgia pero que ahora, en momentos de autocrítica, mira finalmente hacia fuera en busca de nevos horizontes. Pero de lo urbano ya tendremos tiempo de hablar en el volumen que seguirá a éste que ahora nos ocupa.

 

Kengo Kuma. Campamento Base del Mont-Blanc
Kengo Kuma. Campamento Base del Mont-Blanc. Les Houches, Francia
Kengo Kuma. Laboratorio de Diseño Sogokagu
Kengo Kuma. Laboratorio de Diseño Sogokagu
Kengo Kuma. Museo de Arte Popular
Kengo Kuma. Museo de Arte Popular. Academia de Arte de China Hangzhou, China

 

Javier Villar, TC Cuadernos 158

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