Emac Arquitectura: “La arquitectura se ha visto situada en el centro de la crisis al vernos confinados en viviendas que no están preparadas para ello.”

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Emac Arquitectura reflexiona acerca de cómo afectará la crisis sanitaria a la arquitectura residencial y a los espacios públicos.

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Parque de los Bajos. Roquetas de Mar. ©Joan Roig

Pau Batalla Soriano y Miguel Martínez Castillejo dirigen Emac (espacio mediterráneo de arquitectura contemporánea). Este estudio de arquitectura fue fundado en el año 2012 y acaba de ser galardonado por el CTAC en 4 de sus obras entre las 13 mejores de la categoría “Arquitectura fuera de la provincia en la última década”. Entre estas 4 menciones se encuentran la Casa Carla en Benimàmet, la Casa Tino en Sagunto, la Casa GYA en Torrent y el Parque de los Bajos en Roquetas de Mar.

A continuación mantenemos una conversación con ellos donde reflexionan acerca de cómo ha afectado la crisis sanitaria al diseño de la arquitectura residencial y si afectará a la planificación urbana futura de nuestras ciudades.

Esta crisis provocada por la pandemia del Covid19 ha trastocado lamentablemente muchas vidas, proyectos y negocios.
La necesidad de confinar a la población así como los posibles problemas de distanciamiento social derivados de las desescalada obligan a pensar tanto a corto como a medio plazo en un replanteamiento de los espacios públicos y de viviendas.

¿Cómo pensáis que todo esto afectará a la arquitectura? Y específicamente a las tipologías de arquitectura residencial?

En un reciente artículo, Emilio Tuñón citando a Antoine Gallimard decía “no creo que el mundo vaya a cambiar, sería demasiado bello”, nosotros somos igual de pesimistas.

La arquitectura se ha visto situada en el centro de la crisis, sobre todo de las crisis personales que hemos vivido cada individuo al vernos confinados en viviendas que no están preparadas para ello. En la cultura mediterránea, nunca habíamos experimentado un uso tan intenso de nuestros propios hogares. No obstante, creemos que las tipologías residenciales seguirán evolucionando a un ritmo lento, debido a multitud de factores culturales, económicos, normativos, etc. Difíciles de cambiar de un día para otro. Si revisamos la arquitectura del siglo XX, nos podemos dar cuenta de lo poco que han variado las tipologías en los últimos tiempos.

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Casa TINO. Playa de Almardà, Valencia. ©Milena Villalba

Todos hablamos, y creemos que de manera acertada, sobre la necesidad de aumentar el tamaño de las viviendas y sus espacios exteriores, potenciar la flexibilidad y desjerarquización de las células que conforman las tipologías residenciales; pero todas estas mejoras comportan un importante incremento presupuestario, inasumible por las clases trabajadoras, y a no ser que la administración asuma estos incrementos habilitando partidas presupuestarias para vivienda social, solo el estrato con mayores rentas podrá permitírselo. Como suele suceder en todas las crisis, la brecha social y económica entre las distintas clases se agiganta. La arquitectura puede establecer el marco adecuado para mitigar este distanciamiento, sobre todo a nivel de modelo de ciudad, pero necesita el apoyo de las instituciones. En cualquier caso, los arquitectos no debemos dejar nunca de buscar cómo mejorar todas estas cuestiones con los recursos disponibles.

¿Creéis que tanto los arquitectos como los clientes seremos más exigentes a la hora de diseñar una vivienda y se trabajará más en la calidad de los espacios abiertos dentro de las viviendas?

Ojalá así sea, aunque para mejorar la calidad de esos espacios, primero hay que quererlos. Particularmente, algunos conceptos atemporales de la arquitectura como la relación entre el exterior y el interior, la luz y la sombra, lo “áspero” y lo “blando”, así como el recorrido que hay que realizar por ese gradiente entre ambos extremos, son cuestiones que nos interesa y que venimos trabajando de manera habitual en nuestros proyectos, tanto de vivienda como de edificación pública. Se trata de percibir de manera sensible el espacio, devolviéndole la consistencia material al espacio diáfano moderno, densificando y texturizando sus límites, insinuando en vez de mostrando.

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Casa GYA, Valencia. ©Milena Villalba

Con respecto a la exigencia, un arquitecto debe serlo siempre. Entendemos que este concepto va ligado a la honestidad con la profesión y con la sociedad, porque nuestro trabajo siempre tiene una repercusión colectiva. El arquitecto también debe ser propositivo y riguroso entre otras muchas cualidades. Si a esto le sumas un cliente exigente, con inquietudes, por descontado que el resultado es mejor.

Durante las fases de desconfinamiento ha habido una gran carencia de espacios peatonales. ¿Cómo debería influir a la ciudad y a las nuevas propuestas de planificación urbana?

La ciudad sufre cambios constantes, pero de manera muy lenta. Rara vez una acción del presente influye a corto plazo en ella. Lo más seguro es que cuando esta crisis sanitaria pase la olvidemos pronto, u olvidemos lo que de ella debiéramos aprender, porque los hombres tenemos una asombrosa capacidad para olvidar la historia, incluso la reciente. Sólo hay que recordar como en muchas ciudades se está volviendo a utilizar el mismo modelo de crecimiento urbano y tipología edificatoria anterior a la crisis económica; o que el modelo económico-global, responsable en gran medida de la gran crisis climática en la que estamos inmersos, siga sin replantearse su validez de manera seria, lo que nos lleva a pensar que la verdadera crisis que atraviesa esta sociedad es de principios.

La ciudad, efectivamente necesita adecuarse a estas nuevas necesidades. No puede ser hostil como muestran los grabados de Piranesi del s.XVIII , donde lo construido se mostraba como un lugar seguro frente al espacio público, sinónimo éste de peligro; ni tampoco puede ser la ciudad fantasma de la segunda década de este siglo, con calles y farolas, pero sin edificación construida, igualmente insegura pero como negativo de la primera.

«Para establecer un marco amable en la ciudad, donde conviva espacio público y edificación, vacío y lleno, público y privado, la planificación es fundamental.»
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Parque de los Bajos. Roquetas de Mar. ©Joan Roig

En los modelos de ciudad europea-mediterránea, compacta, colmatada, densa, de trazados medievales en sus centros y manzanas cerradas en sus ensanches (la más ecológica y social, y en la que se cumple la teoría tan de moda de encontrar todo lo que se necesita a 15 minutos andando), se requiere más espacio, pero como éste es escaso, se necesita cambiar cómo se usa, y esto pasa por reducir el espacio ocupado por los vehículos; no tanto a nivel de circulación, porque una de las funciones de la calle es suministrar a comercios y vecinos, sino a nivel de estacionamiento en las calzadas.

Esta hipótesis conduce a una innegociable mejora del transporte público, con más frecuencias y más económico. Este cambio estructural debe ir acompañado de otros, como volver a dejar que los suelos transpiren , llenar de árboles las calles, potenciar los desplazamientos ciclo-peatonales y eliminar los vallados de los parques para lograr que la ciudad sea más abierta e integradora.

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Para profundizar en tus conocimientos sobre intervenciones urbanas te recomendamos consultar nuestro apartado “Territorio y ciudad”.

Sobre el autor del artículo

Arquitecta | Editora de contenidos

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