Correia y Ragazzi arquitectos: Domesticar la estructura

Domesticar la forma, domar la estructura.

La arquitectura de Graça Correia y Roberto Ragazzi tiene muchas virtudes, en el sentido de su origen latino, virtutem como valor físico y vires como fuerzas. Es una arquitectura con fuerte presencia de lo material llevado a lo extremo de su depuración física y estética. De entre todas las virtudes de su arquitectura nos vamos a centrar precisamente en esa que pone elegantemente en relación fuerza y forma a través de la estructura.

Casa en Gerês. (Fot. Ferreira Alves)

En su origen latino, la estructura (structus-ura, struere) es el resultado de lo construido, vinculado con la idea de reunir ordenadamente las partes de un todo. Precisamente la noción de orden resulta clave para entender la concepción clásica de la estructura, porque todo es uno de manera indisoluble. La modernidad, en cambio, posibilitó la independencia de las partes y por lo tanto también el carácter singular de la estructura, su independencia de la forma, del espacio y del lenguaje. Desde entonces, la estructura es capaz de convertirse en tema principal de la arquitectura y mostrarse como un valor supremo tanto de lo físico como de lo estético. Pero esta independencia también ha llevado a la estructura a sufrir el destierro de lo oculto en dos versiones extremas: el destierro absoluto de lo aparentemente superfluo y el destierro de lo contingente, de lo mágico. La primera versión relega la estructura a un papel necesario pero invisible de gestión de la gravedad, y por lo tanto su mayor virtud aparente es no ser necesaria. La segunda posibilidad supone una tensión implícita, ya que la magia necesita obligatoriamente ocultar a los ojos del espectador aquello que la hace posible, o como lo describe Cecil Balmond:

Pedir a una masa que levite no es una cuestión nueva; siempre existe la demanda arquitectónica por la ligereza, visiones de tabula rasa con ningún interés en la gravedad. La estructura en estas situaciones simplemente se interpone en el camino, convirtiéndose en enemiga de la promesa[1]

En estos dos extremos, según sea el caso, la estructura independiente bien domina o bien está al servicio de la forma.

Quinta en Guimarães. Boceto del alzado.

Pero existen lugares intermedios, en los que la estructura sigue teniendo un papel fundamental en la definición del objeto construido. En la arquitectura de Correia+Ragazzi, la estructura ocupa precisamente esos lugares intermedios. En su trabajo resulta evidente el protagonismo que tiene la estructura desde la concepción misma, pero aunque no se trabaja de manera autónoma ni se impone al resultado formal, tampoco se esconde buscando obtener ese efecto mágico de sorpresa tan contemporáneo. Su manera de entender la función y la relación de la estructura con la arquitectura se encuentra muy alejada de la separación de ambos en dos sistemas autónomos, el puramente estructural y el puramente estético[2].

En realidad, podemos verlo desde los inicios, en sus bocetos, la estructura ni se oculta ni se impone a la forma, el mismo trazo las contiene a ambas. Recuerda en muchas ocasiones a una bailarín extendido en equilibrio con la sutil elegancia de hacer parecer fácil lo difícil, de minimizar un gran esfuerzo. No hay renuncia a la gravedad, al peso, pero sin imponerse a la forma. Predomina la noción de equilibrio, no de un equilibrio visualmente inestable sino, precisamente por la indivisibilidad entre forma y estructura, de un equilibrio en el que ambas pesan por igual.

Casa Wiesner

En la casa de Gerês, la estructura es la arquitectura, no la sustituye ni la representa, es el objeto formal que se implanta en el paisaje. La estructura es el motivo último y el sistema de relación con el territorio. Las decisiones de implantación se concretan en una formalización volumétrica y estructural del objeto unitaria e indisoluble. Esta relación nos recuerda a las palabras que A. G. Komendant pone en boca de L. I. Kahn con respecto a los laboratorios Richards: “Los elementos y sus formas, así como la estructura que componen, se derivan con tanta lógica de las necesidades arquitectónicas que estructura y edificación no se pueden separar, la una deriva de la otra[3].

Casa en Gerês. (Fot. Ferreira Alves)

En la casa de Lousado la estructura trabaja igualmente para la concreción de la imagen y del carácter representativo del objeto. En este caso, a diferencia del anterior, aunque indisoluble de la arquitectura, la estructura no se representa a si misma sino que se concreta en la representación de objetivos formales, espaciales y simbólicos externos a ella.

Casa en Lousado. Boceto sección-estructura.

En Guimaraes reaparece el equilibrio como uno de los hilos conductores de la obra. En este caso el volumen nuevo parece reproducir la tensión entre lo pesado y lo ligero que se establece entre el volumen conformado por muros de granito atados al suelo, y que surge de la tierra, y el pequeño volumen del hórreo, más ligero, levantado, y que parece flotar por encima de los graníticos muros de piedra. En este nuevo volumen la solución estructural para resolver el frágil equilibrio entre las piezas a su vez caracteriza el espacio interior. Por lo tanto no sólo se muestra como representación de la solución estructural a un problema determinado sino que resulta inseparable de la propia configuración espacial interior a la pieza.

Quinta en Guimarães. Estructura en construcción.

Esta relación entre la arquitectura y su estructura continúa fuertemente presente en su obra actualmente en elaboración o de futura ejecución. Podemos leerlo en la configuración estructural-espacial-formal del claustro de la iglesia de Meinedo, o en la potente estructura-volumen de madera del recientemente finalizado restaurante en Lapas. También está presente en las elegantes estructuras pautadas de hormigón de la casa en Valadares o de la casa Wiesner. Pero también en la propuesta para la casa Aufmont o en el conjunto de viviendas de Marechal, podemos encontrar esa relación unitaria e indisoluble entre estructura y solución formal-representativa.

Estructura de madera. Restaurante en Lapas.

Para todos estos proyectos, podemos buscar referencias, entre otras, en la arquitectura de Paulo Mendes da Rocha, en las propuestas domésticas de Marcel Breuer, o en las esbeltas y elegantes seriaciones de láminas de hormigón de Sverre Fehn.

Volviendo a la etimología de las palabras, domar y domesticar comparten la misma raíz latina de la casa, domus. Palabras sinónimas, los matices son importantes en este caso, puesto que lo doméstico ya forma parte de la casa mientras que lo domado, aunque sometido, sigue siendo conservando su esencia salvaje. Graça y Roberto consiguen domar la estructura para que sea parte indisoluble de la forma. O lo que es lo mismo, es a través de la estructura domada que la forma se domestica.

Clara Mejía Vallejo y Ricardo Merí de la Maza (Publicado en TC 133)

Casa en Valadares

[1] Balmond, Cecil, Jannuzzi. Smith, and Christian. Brensing. 2007. Informal. Prestel.

[2] Sandaker, Bjørn Normann. 2008. On Span and Space : Exploring Structures in Architecture. London: Routledge.

[3] Komendant, August E. 1975. 18 Years with Architect Louis I. Kahn. Aloray. Versión en castellano: Komendant, August E., Kenneth Frampton, Oscar Tenreiro, and Fernando Agrasar. 2000. 18 Años Con El Arquitecto Louis I. Kahn. Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia.

Todas sus obras y proyectos a el detalle en TC Cuadernos nº 133

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Ricardo Merí de la Maza

Doctor Arquitecto. Editor en la revista TC Cuadernos