Maresme, 2025 · Autores: Jaime Prous Architects / Pineda – Monedero · Fotografía: Bani del Río
Construir en la ladera de un bosque plantea siempre la misma pregunta incómoda: ¿cómo implantarse sin alterar lo que hace valioso ese lugar? La respuesta habitual, en el entorno donde se levanta la Casa 144°, es la indiferencia: casas que ocupan la mayor superficie posible, que ocultan estructuras de hormigón bajo una estética continuista de muros blancos y que resuelven el confort a base de climatización forzada. Jaime Prous Architects, junto con Pineda – Monedero, proponen exactamente lo contrario.

El nombre de la casa no es un capricho: define su geometría con precisión matemática. En planta, el volumen traza una línea quebrada que forma un ángulo de 144°, exactamente el ángulo interior de un decágono regular. Esta inflexión tiene una consecuencia directa sobre el paisaje: orienta el extremo en voladizo hacia las vistas de la montaña, mientras el otro extremo se incrusta en el terreno, anclando la casa a la topografía con discreción.



La casa se desarrolla en una sola planta, colocada a media altura del terreno. Por un extremo se incrusta en la pendiente; por el otro, vuela libre apoyada en cuatro pilares esbeltos de acero galvanizado, rigidizados mediante cruces de San Andrés que reducen su sección al mínimo. La estructura toca el suelo lo menos posible, y el terreno natural continúa bajo el voladizo sin apenas interrupción.


La Casa 144° es una construcción en seco: sin hormigón en la estructura portante, sin grandes movimientos de tierra, sin sistemas de climatización que consuman lo que el edificio no sabe gestionar por sí mismo. La estructura principal se resuelve con muros de madera prefabricados en taller y ensamblados en obra junto con un forjado ligero de vigas de madera. El resultado es una casa de consumo casi nulo, construida con una lógica sincera y verificable.


La envolvente es de chapa de acero galvanizado, un material poco habitual en la vivienda residencial, que aquí cumple una doble función: proteger la madera estructural interior y generar una imagen exterior que se niega a camuflarse. Las ventanas recortan la fachada como grandes aperturas sin marco, sin carpintería vista desde fuera. El efecto es de desmaterialización: el volumen pierde peso, refleja el entorno y parece a punto de disolverse entre los pinos.


En contraste con el exterior metálico y frío, el interior es cálido y directo. La estructura de madera queda vista en techo y paredes, definiendo espacios sencillos sin recursos superfluos. La sala de estar se proyecta en voladizo hacia el paisaje: rodeada de vidrio en tres lados, con el bosque entrando por todas partes, es el lugar que justifica el gesto geométrico de toda la casa.


En el extremo opuesto al salón, la casa se ancla al terreno y descender al sótano significa entrar en otro mundo: el taller, excavado en la ladera, recibe luz exclusivamente por un lucernario cenital. Una escalera de caracol de acero —ligera, precisa, sin pretensiones— conecta los dos niveles y materializa en vertical la misma honestidad constructiva que define todo el proyecto.


Créditos
Autores: Jaime Prous Architects / Pineda – Monedero
Fotografía: Bani del Río
Lugar: Maresme, Barcelona
Año: 2025