Carlos Martí: Atando Cabos… (I)

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Presentación p.0

Maria Pia Fontana, Clara Mejía, Miguel Mayorga, Ricardo Daza, Ricardo Merí

Carlos Martí Arís nos dejó. Su gran humanidad, tono apacible y sentido del humor; su lucidez, rigor, precisión y sentido común; su capacidad de llegar a acuerdos sin renunciar a sus posiciones, son algunos de los rasgos que definían su forma de ser. Su legado ha sido amplio y fructífero y desde este espacio de divulgación del blog de TC Cuadernos, damos inicio a la publicación de una serie de textos que quieren contribuir a construir un retrato amplio de la figura de Carlos, visiones conjuntas desde la cercanía humana e intelectual, así como desde el aprendizaje.

«Cuando alguien afirma que no quiere dejar cabos sueltos expresa la voluntad de que sus palabras no dejen margen a la interpretación. Es decir, si hay cabos sueltos es porque las cosas no están bien atadas y, en consecuencia, las páginas no están cerradas definitivamente.»[0]

Con este espíritu que estuvo en la base del libro homónimo de Carlos Martí, publicado en 2012 y que recopila algunos de sus textos más representativos, apuntamos en múltiples direcciones y señalamos intereses de lo más diverso, intentando atar cabos dispares, a través de un  grupo de personas cercanas a Carlos que resultará “ciertamente heterogéneo” y que sin embargo, podría resultar “extrañamente unitario”.

Desde diferentes lugares y procedencias geográficas aspiramos a recopilar un conjunto de reflexiones desde las cuales tirar del hilo, para seguir divulgando su legado y, sobre todo, para seguir aprendiendo de sus innumerables “cabos sueltos”.  


Carlos Martí en ocasión del homenaje organizado en la ETSAB para la presentación del último número de la DPA dedicado a su trayectoria en la revista liderada por él.
Fotografía: Margarita Roa. 2017

Empezamos desde Colombia a través del testimonio de María Pía Fontana, Ricardo Daza, María Cecilia O’Byrne y Miguel Mayorga.

Desde Colombia p.1

Aprendiendo de las arquitecturas “periféricas”

Maria Pia Fontana, 7 de junio de 2020

Tuve la suerte de conocer a Carlos Martí siendo todavía estudiante en Nápoles. El profesor Salvatore Bisogni lo había invitado en un curso de composición para dar una conferencia sobre un proyecto de un parque en Barcelona. Era el 1995. Mi tercer año de la carrera. No recuerdo mucho de la conferencia, pero si me impactó su manera de explicar, la precisión con la cual buscaba cada palabra para transmitir los valores del proyecto y las razones de las decisiones tomadas. Esta vez no tuve ocasión de hablar con él, no me atreví. Daba cierto respeto su talante serio y su figura imponente. Una vez ya en Barcelona tuve ocasión de conocerle personalmente. Una vez más por un tema relacionado con Nápoles. Me contactó porque había visto mi trabajo de investigación doctoral sobre la figura y obra de Luigi Cosenza, ingeniero-arquitecto muy poco conocido fuera de Italia y le pareció oportuno dedicarle una publicación para que se divulgara su legado. En 2002 junto con Miguel Mayorga, empezó nuestra primera colaboración como editores invitados de la revista DPA. Una relación fructífera, larga y profunda con Carlos que se convirtió en una sincera amistad. En 2004 se publicó la revista, el número 20 dedicado a Cosenza.

La relación de Carlos con Nápoles merecería otro espacio. Aquí vamos a hablar de él y de su relación con Colombia, o mejor dicho, de su papel en el apoyo que nos brindo para la divulgación de la arquitectura moderna colombiana. De hecho, durante los mismos años de las investigaciones sobre Luigi Cosenza, empezamos a desarrollar en paralelo algunas investigaciones que le llamaron de nuevo la atención: se trataba de todo un conjunto de arquitectos y de obras realizadas en Colombia, sobre todo en Bogotá, que le resultaron de gran interés. Una vez más consideró necesario que se divulgaran para que un público más amplio pudiera tener acceso al conocimiento de arquitecturas poco conocidas. Gracias a su apoyo y al de otros profesores de la ETSAB como Helio Piñón y Teresa Rovira, pudimos organizar en 2003 una exposición itinerante sobre Colombia Arquitectura Moderna y publicar un libro- catálogo donde propusimos una primera selección de algunas obras significativas y donde se destacaba la importancia de la relación de Le Corbusier con este país. Carlos siempre insistió, frente a nuestro temor de no tener una investigación finalizada sobre el tema, que era importante ir mostrando las cosas, que la divulgación era tan importante como la investigación y que se podían mostrar avances mientras se profundizaba en un tema. Esto era necesario, más todavía y sobre todo en el caso de arquitectos y arquitecturas poco o nada conocidas y con poca divulgación, donde la elección y la selección eran fundamentales. De hecho en 2008 participamos nuevamente como editores invitados del número DPA 24, dedicado esta vez a Bogotá Moderna, donde Carlos escribió en su editorial “nuestros lectores sabrán disculpar las omisiones que, por otra parte, constituyen el único modo de encuadrar el campo de visión que nuestro punto de vista establece”[1].


Cubiertas de las publicaciones Colombia Arquitectura Moderna 50-60 Revisión (2006) y del número 24 de la revista DPA dedicada a Bogotá Moderna (2008).
Carlos Martí fue de los profesores de la ETSAB que (junto con Helio Piñón) siempre nos apoyó y nos motivó con gran entusiasmo en la divulgación de la arquitectura colombiana.

En esta ocasión escribió un texto -tal y como lo había hecho en la introducción del catálogo de la exposición ya realizada sobre Colombia- sobre Le Corbusier y Bogotá poniendo énfasis en el legado de la modernidad sobre temas urbanos y de ciudad. Sobre la necesidad de romper tópicos y comprender que “a la pregunta de qué queda de la ciudad de la arquitectura moderna, cabría responder que, precisamente, lo que queda es su proyecto incumplido, es decir, una amplia constelación de ideas, propuestas e hipótesis que forman un arsenal de recursos que son aún completamente operativos»[2]. Carlos era un revolucionario y le encantaba romper tópicos. La elección de mi tema de tesis doctoral dedicada al Espacio Urbano Moderno y al Conjunto Tequendama Bavaria en Bogotá se la debo a él y a Helio Piñón, que fue mi director de tesis[3]. Difundir conocimiento sobre las arquitecturas  “periféricas”, como él mismo irónicamente las definía, y dar a conocer las obras de arquitectos “no famosos, si no buenos” se convirtió en uno de sus grandes lemas.

Obregón & Valenzuela. Patios, jardines y espacios de transición en las casas unifamiliares

Cuando le dimos a conocer la obra de los arquitectos colombianos Obregón y Valenzuela quedó impactado por la gran sabiduría en el uso del patio en las casas unifamiliares[4] y en como el uso de los espacios intermedios, los in-between spaces, eran fundamentales para comprender su aproximación proyectual en las distintas escalas. Nos invitó (a mí y a Miguel) a presentar nuestros avances de investigación en una clase inaugural de su curso de proyectos arquitectónicos en la ETSAB en 2003. Las casas, los patios y los jardines de aquellos arquitectos totalmente desconocidos le parecían suficientemente representativas para definir la referencia principal de los estudiantes de primer año que se enfrentarían al proyecto de una casa unifamiliar. Varios profesores y estudiantes después de la presentación nos pidieron muy entusiasmados más información sobre lo que habían acabado de conocer. Nos había propuesto dedicar un número de la DPA a la obra de Obregón y Valenzuela. Pero no tuvimos tiempo de hacerlo.

Realizaciones en el proyecto incumplido de la ciudad moderna. Conjunto Tequendama Bavaria en Bogotá. El espacio urbano moderno.

Aprender de lo “periférico”, de lo “bueno, más que de lo famoso” o de lo “anónimo” implicaba aprender de los proyectos no porque se parecen a otros, ni porque algún crítico haya hablado bien de ellos. Las buenas obras se defienden por sí mismas decía, solo que hay que tener suficiente cultura y buen ojo – como repetía también Helio Piñón, del cual Carlos siempre hablaba con gran admiración- para ser capaces de reconocerlas: aprender a ver y saber explicar con precisión.

Mensajes de Carlos Martí…

Ricardo Daza Caicedo, 1 de junio de 2020

La influencia que han tenido algunos profesores de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, entre arquitectos e investigadores de Colombia aún está por medirse. Se trata de grupo de educadores que dictaron clase en un momento alucinante de la UPC; un momento de eclosión y enorme intensidad intelectual que se dio al final del siglo pasado y al comienzo de este. Siendo primero de mayo del presente año, me pregunto, ¿dónde ha quedado esa vibrante Escuela de Arquitectura de Barcelona? ¿subsiste aún hoy? Pero ese particular grupo de profesores marco a toda una generación que viajó a estudiar a Cataluña con expectativas y luego regresó al país con un cambio crucial en su forma de mirar el mundo de la Arquitectura. Entre ese grupo de maestros –sin lugar a dudas–, se encuentra Carlos Martí Arís. A pesar de que Carlos fue invitado en varias ocasiones al continente americano, finalmente nunca realizó aquel viaje, y quizá fue mejor así, pues algo de su mitología está y seguirá estado en su ausencia y en sus silencios elocuentes.

Por fortuna, las ideas y los libros tienen aún esa secreta magia de abandonar a sus autores y transitar por el mundo a su aire, por sobre la modestia o la indiferencia de ellos mismos. Numerosas notas sobre Carlos Martí se han escrito en estos días de encierro obligado y de desapariciones inesperadas; todas las reseñas muy sentidas, refieren a su trayectoria e influencia en Italia y España, particularmente en Catalunya y Galicia; sin embargo, en la madre Patria no se ha dicho, –quizás porque se desconoce– que su proyección ha traspasado secretamente fronteras, y como con un mensaje en una botella tirada en una playa de Canarias, el oleaje la ha llevado a recalar en costa americana. Aunque por Europa no se sepa, por estos lares, Martí es leído y releído en escuelas, maestrías y doctorados de arquitectura, al punto que él mismo –a sabiendas de ello–, en una ocasión comentó con humor e ironía, que era bueno que le profesasen en un 99%, pero no en un 150%.

Aunque no solo es la admiración que han generado algunos de sus escritos; dentro de los escogidos temas y autores que trató en su obra incompleta, Martí dedicó algunas páginas elocuentes al Plan Piloto de Le Corbusier para Bogotá, proyecto que, como sabemos, no se realizó. Un plan tan mal tratado y comprendido por la mayoría de arquitectos, urbanistas y políticos locales, que parecería haber requerido del auxilio de Carlos Martí, para revelar sus puntos esenciales. ¿Quién, que se dedique al análisis, a la escritura o a la crítica de arquitectura, no quisiera tener –en lapsos de incertidumbre– la claridad meridiana de sus escritos? Hacia 1986, en un momento de retorno a formas estilísticas en la arquitectura, Sergius Ruegenberg colaborador de un celebre arquitecto alemán escribió: “(…) y cuando alguien no se encuentra a sí mismo, le recuerdo a Mies van der Rohe”; pues quien este confundido en sus reflexiones, o perdido al tratar de dilucidar el mundo de la estridente actualidad arquitectónica, conviene recordarle, que puede leer o releer a Carlos Martí Arís, y así podrá encontrar la salida del laberinto.


[0]. Carlos Martí Arís, Cabos Sueltos. Presentación. Editorial Lampreave, 2012

[1] Carlos Martí Arís, Editorial DPA 24 Bogotá Moderna. Ediciones Departament de Projectes Arquitectònics UPC, 2008

[2] Carlos Martí Arís. “La ciudad de la arquitectura moderna. El caso de Bogotá”. En Colombia Arquitectura Moderna 50I60 [Re] Visión. Ediciones ETSAB, 2006

[3] Maria Pia Fontana. El espacio urbano moderno. El Conjunto Tequendama Bavaria. Bogotá 1950-1982.  Tesis doctoral. Departamento de Proyectos Arquitectónicos. UPC. 2013.

[4] Maria Pia Fontana. Obregón Valenzuela: variaciones sobre el vacío. DPA 24 Bogotá Moderna. Ediciones Departament de Projectes Arquitectònics UPC, 2008


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