La arquitectura es indisociable de una geometría y de su materialidad. Una geometría impone, orden, regla, coherencia. Volviendo comprensible una transformación de un lugar.
La materialidad de esta geometría es fundadora, no sólo por su implicación en la construcción, sino como concepción, como idea, como poética. La materialidad implica una presencia física, punto de partida para una condición de habitabilidad. Un proyecto busca como un todo una ambición de diseño, y un punto de vista constructivo. Precisión y una autenticidad resultante de diseño y técnica que confieran verdaderos valores de calidad al habitar.
Una geometría fuerte y clara, una decidida elección material, una conexión entre estos elementos que normalmente constituyen una raíz estructural y fundacional caracteriza la arquitectura de Graça Correia y Roberto Ragazzi, que partiendo de opciones claras buscan respuestas únicas a cada proyecto eligiendo interacciones sensible en territorios delicados, o marcando geometrías claras para dotar de reglas los lugares.
Una arquitectura que pone en valor cada problema o contexto con propuestas que clarifican la realidad de un proceso donde espacialidad, forma, estructura, conllevan una respuesta material que mira el lugar y el programa como una posibilidad de trabajo y transformación.
Una arquitectura que abarca todo el problema estudiando cada parte de la pregunta como materia de proyecto en la que la respuesta dibujada, constituida, no es imagen o composición sino esencia. Una arquitectura que resolviendo todas las cuestiones que cada proyecto presenta procura entender el todo.
Una arquitectura que traspasa las cuestiones funcionales para entender el total. Que no excluye un lado hedonista. Un gusto que se siente propuesto para su uso pero también un placer de la propuesta, un placer del rigor, del conocimiento disciplinar, de la cultura, buscando un carácter en cada proyecto en una investigación individualizada que los vuelve únicos, asertivos y coherentes.
Extractos del TC nº 133






