AMP Arquitectos. «Manufacturas»- (Parte I)

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por Gabriel Ruiz Cabrero, TC 81/82- Amp Arquitectos

En el centro de la fotografía aérea y en blanco y negro, aparece un gran cráter

No está en descampado sino rodeado por la ciudad.

Por un lado una rotonda para el tráfico de generosas dimensiones aunque muy pequeña en comparación con el cráter. En un punto excéntrico del interior desierto de la rotonda, la extraña escultura del Muñeco de nieve, que da nombre a la plaza, la cual se ubica sobre una autovía. Luego unos grandes solares de variadas formas y más abajo el arranque de una retícula urbana con casas de tres pisos.

En la pared más próxima y más alta del cráter aparecen unas hendiduras, como arañazos gigantes, que abren cuevas en el talud de tierras negras y rocas volcánicas que lo construyen. Esas hendiduras están labradas por el hombre, no por la naturaleza. Como las tierras que han sido traídas y dispuestas como si se tratara de una construcción funeraria de la prehistoria. O como una actuación de land-art. Es un cráter artificial destinado a albergar el Estadio Insular de Atletismo. 

En el momento en que esto se escribe, se está construyendo y es estupendo pasear bajo las inmensas vigas voladas al aire, aun sin forjados encima, saltando sobre las otras vigas también grandes de los graderíos. Bajo los graderíos y los corredores de acceso se disponen grandes salas de altos techos para entrenamientos de los atletas, almacenes y otros servicios. Los espacios son nobles y están muy abiertos por medio de fisuras que se abren entre la hormigonería. Crater estadio insular

El estadio por fuera es la idea feliz de un cráter que –entre esas tierras negras– parece tan obviamente canario que resulta indiscutible. Además la forma de la coronación del cráter, que va perdiendo altura en dirección a la ciudad más densa tras la cual está el mar, permite disfrutar una condición de paisaje extraordinario. Es así porque desde la parte alta donde se disponen los graderíos, el talud oculta la ciudad a la vista de los espectadores, para que el océano aparezca detrás como fondo de los espectáculos atléticos.

Si la idea feliz del cráter, como paisaje urbano y exterior resultaba tan local, la solución del interior, usar la naturaleza como telón del espectáculo comunitario, trae recuerdos clásicos. Esta obra del Estadio Insular, sirve bien para resumir el trabajo de sus autores.

En una entrevista reciente a una pregunta de Rubén Aguiano los arquitectos contestan:

–El carácter tectónico, en ocasiones brutalista, de algunas de nuestras obras a veces intenta ser un fiel reflejo de la morfología abrupta del paisaje volcánico de las islas, así como de la omnipresencia de la inmensidad del océano Atlántico. El campo de la energía, la luz, la temperatura, el color que transmite este paisaje es un factor interactivo que está presente en muchos factores de niveles expresivos, texturados y táctiles de los volúmenes propuestos.

El carácter tectónico, en ocasiones brutalista,…

paisaje volcánico…
océano atlántico…
la luz, la temperatura, el color…
factor interactivo…
niveles expresivos…
volúmenes propuestos.

Dan los arquitectos las voces claves con las que la crítica ha interpretado su trabajo. De entre todas estas voces, brutalista es tal vez la de más ambición crítica, pues pretende una definición estilística que resumiría la posición de AmP arquitectos de una manera concreta y definitiva. Trataremos de ver en qué modo les es adecuada. Brutalismo, es una voz destinada a describir una manera de hacer arquitectura. Fue recuperada de la tradición crítica renacentista, como es sabido, por el crítico inglés Raynar Banham en su análisis de la arquitectura de los años cincuenta. Un período que él interpretaba como una evolución notable de la arquitectura funcionalista anterior. Describía el giro dado por Le Corbusier en las casas Jaoul y lo que hacían contemporáneamente los miembros del Team X. Y es de esta interpretación de donde viene el uso que se hace para cualificar las obras que estudiamos. Una interpretación que los arquitectos aceptan, como hemos leído, y hacen derivar de la naturaleza; la lectura del paisaje volcánico como factor interactivo en la elaboración de los proyectos –en sus palabras–.

Es decir, que a diferencia de lo que ocurría con la época estudiada por Banham, en la que aparece este lenguaje brutalista como evolución o superación del anterior que llamamos racionalista o funcionalista, en nuestro caso el lenguaje brutalista parecería ser una elección estilística entre otras posibles que el panorama actual ofrece, sugerida por un análisis de la circunstancia local.

Lo escrito en el párrafo anterior podrá tomarse como cierto solo si somos capaces de comprender cuántas y cuán diferentes son las implicaciones de esta elección. Podríamos decir que la historia muestra variados antecedentes de esta elección estilística que se deriva de la geografía. La arquitectura renacentista canaria muestra a través de sus iglesias y sus palacios una emocionante fascinación por las piedras volcánicas. Lienzos de piedras oscuras, que van de los grises y rojos volcánicos al negro, son valoradas por medio del contraste con planos de luminosos encalados. No es solo el color, son también las diferentes texturas lo que entra en juego: a las piedras volcánicas con sus oquedades de sombras oscuras y sus superficies de rugosa y polvorienta opacidad se oponen los tersos paramentos de cal. Es una arquitectura de opuestos que hoy entendemos y disfrutamos con la misma sensibilidad de los que las construyeron.

Una sensibilidad, la del renacimiento, que heredamos de ellos y que siglos después aún está vigente.

(…)

Como es sabido a finales del siglo XIX Manuel de Oraá, primer arquitecto provincial de Tenerife, introdujo en la isla los conocimientos y maneras de la tradición académica centroeuropea. No dejó de valorarse la textura de la piedra, pero las nuevas herramientas permitieron tratamientos menos dramáticos, menos brutalistas.  No había de ser la arquitectura racionalista, que comenzó a imponerse en las Islas ya en los años treinta, la que recuperase la antigua pasión por la materia que la academia había disminuido; vino con el cemento, otra de las circunstancias principales en la obra de AmP.

Para la arquitectura racionalista el enemigo principal era la academia y, su estrategia, la ya conocida de luchar contra las molduras, las cubiertas inclinadas, la simetría,… e imponer los volúmenes elementales, las ventanas alargadas, en fin, una serie de cambios compositivos muy alejados de intereses expresivos que consideraban frívolos. No eran las texturas y los colores cuestiones de interés en los años treinta. Sin embargo sí trajo el racionalismo una preocupación que está viva en la arquitectura que estamos estudiando: la de los nuevos materiales, entre los que el cemento y el hierro eran protagonistas.

Y entre todos los materiales que la arquitectura moderna consideró nuevos, el hormigón armado, matrimonio entre los protagonistas, como materia maleable, resistente, estable, que podía quedar visto, capaz de grandes luces y voladizos, resultó el más beneficiado, estuvo presente en casi todas las historias. La utilización universal del hormigón armado, su elevación a la condición de material noble, fue una aportación definitiva para la arquitectura contemporánea. Y en particular para nuestros arquitectos, que saben beneficiarse del desarrollo de esta técnica en las Islas Canarias.

Llegados a esta altura de la narración nos encontramos con los antecedentes inmediatos de la aventura que aquí estudiamos. Recordémoslos. Tenerife vivió en los primeros años sesenta un proceso de refundación de su arquitectura que es el origen de lo que ahora se construye. Alrededor de Luis Cabrera, que había regresado de la Península a principios de los cincuenta, se aglutinó un grupo de jóvenes arquitectos que consiguieron actualizar el papel de la profesión elevándolo al nivel de responsabilidad social que ahora disfruta, superior al que se le reconoce en el resto de España y, también, en la mayoría de los países. Luis Cabrera, ya en 1955 con su casa Matutano había utilizado los hormigones en toda su capacidad expresiva, cosa que no habían conseguido los primeros arquitectos racionalistas anteriores –como Marrero Regalado– mucho más tímidos en la interpretación de las capacidades estructurales del nuevo material. Esta arquitectura de Cabrera podía ya considerarse como brutalista y también respondía a un entendimiento geográfico, tectónico, climático, derivado de la observación de la diferencia canaria.

Más radical fue Rubens Henriquez, otro de los miembros del grupo mencionado, el más activo y responsable de la posición social de la arquitectura. Su afamado y desaparecido trampolín de la Piscina Municipal de Tenerife, fue un alarde de constructivismo brutal y de sus casas de Camino Largo en La Laguna puede decirse algo parecido, aunque dentro de las características de confort que se exige a los programas domésticos. El buque insignia de aquel período fue sin duda el edificio para el Colegio de Arquitectos, levantado según proyecto de Javier Díaz- Llanos y Vicente Saavedra, sobre una idea elaborada en común por todos los hasta ahora mencionados más Fernando Isidro. De este edificio sí se ha hablado muchas veces de su carácter brutalista y sin duda lo es desde todos los puntos de vista, pero sobre todo por la conciencia de los propios autores que se acercaron voluntariamente a la cultura inglesa contemporánea.

Gasolinera Texaco- Amp Arquitectos

Gasolinera Texaco- Amp Arquitectos

La arquitectura de AmP es muy deudora de esta época que acabamos de repasar sumariamente, pero hay que señalar también grandes diferencias. Los años setenta, cuando se daba por agotada la experimentación que en España se conoció como organicismo y dentro de la cual cabría lo anterior, vieron el regreso a una arquitectura más ortodoxa desde el punto de vista del funcionalismo que llegó hasta los primeros ochenta.

Así lo testifican las primeras obras de AMP, como la gasolinera de Texaco del año 1981 o el edificio Duque de Santa Elena. La primera, una pequeña obra de limpia y elemental estructura metálica y la segunda una reflexión sobre cuestiones de composición urbana, la esquina, el ático,… donde pueden escucharse ecos de Terragni.

Eran los años de la recuperación de la historia reciente fruto del esfuerzo disciplinar que caracterizó aquel período. En 1989 AMP realizó un

Centro Universitario para La Laguna

Centro Universitario para La Laguna

proyecto de Centro Universitario para La Laguna en el que por primera vez, destacándose sobre su entorno cultural inmediato, mostrando con su elección una gran independencia, aparecen los rasgos del camino arquitectónico que habrían de recorrer posteriormente. Y esto es, por encima de la emoción y de la originalidad de la elección primera, lo más interesante de esta aventura, el recorrido lento pero sostenido por la arquitectura, profundizando en una dirección cada vez más avezada y consciente, que está dando ahora sus mejores frutos. Es el caso del cráter admirado al principio.

En las líneas que siguen miraremos algunas de las obras que marcan este recorrido y en qué dirección lo hace. Una dirección que tampoco es obsesiva, como más adelante veremos. El edificio de viviendas San Clemente de 1992 es de transición; en él los arquitectos acometen una operación de tanteo prudente. Si bien en su exterior es tímido, en el vestíbulo y en las escaleras se permiten unas libertades con las rocas rugosas, los hormigones sin pulir y los planos inclinados, que anuncian todas sus intenciones posteriores.

Pabellon Ana Bautista, Santa Cruz

Pabellon Ana Bautista, Santa Cruz

De 1993 son dos obras que denotan la madurez y serán el arranque firme de lo por venir. En el Pabellón Ana Bautista de Santa Cruz, la forma en onda de la cubierta, que proviene de considerar la posición del edificio en el cauce de una torrentera, el alarde de los materiales vistos, o el modo en que se refuerzan formalmente los elementos de la estructura, las curvas costillas de madera y los pilares en V, indican que se está apostando fuertemente por una arquitectura expresiva, por un lenguaje de subrayados.

El otro edificio de este año noventa y tres es el colegio San Agustín de

Colegio San Agustín- La Laguna

Colegio San Agustín- La Laguna

La Laguna. Aquí todos los materiales, por dentro y por fuera, así como las formas de los distintos volúmenes en que muy intencionadamente se ha fragmentado el conjunto, son expresionistas en la dirección de lo brutal. (Algunas pilastras de hormigón y muros de mampostería son literalmente citas del manierismo post-renacentista).

Éste es tal vez el momento de señalar las diferencias que se encuentran entre estas obras y las que hicieron sus predecesores, ya que antes mencionamos una posible deuda estilística. Aquí juegan un papel importante los materiales y las herramientas.

 

(…)

Gabriel Ruiz Cabrero

Continua en : AMP Arquitectos. “Manufacturas”- (Parte II)

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